La Conferencia Episcopal Italiana acaba de reconocer oficialmente los
estatutos de la Renovación en el Espíritu, que en ese
país cuenta con más de 200 mil miembros, distribuidos
en 1.800 comunidades o grupos de oración.
Según
el obispo Giuseppe Betóri, secretario del episcopado italiano,
con este paso la renovación carismática pasa a ser en
su país de "corriente de gracia" a "Movimiento
eclesial", algo que ya ha sucedido en otros países.
Los carismáticos,
según datos de Radio Vaticano, reagrupan en el mundo al menos
a 80 millones de católicos.
El coordinador
en Italia de la Renovación en el Espíritu, Salvatore Martínez,
reflexiona en esta entrevista concedida a la emisora pontificia sobre
las implicaciones de este paso.
¿Frenará
este reconocimiento institucional la "corriente de gracia"
que ha traído la Renovación carismática hasta ahora?
Salvatore
Martínez:
De ningún modo. La renovación nunca ha tenido miedo de
las estructuras. Estas estructuras son reconocidas hoy, pero esto no
significa que la Renovación se convierta hoy en una institución.
En un reconocimiento, en una aprobación, se da de manera implícita
una misión. Esta misión nos dice que este movimiento eclesial,
que lleva consigo una gracia específica, se asume la responsabilidad
de vivirla en comunión con los obispos a nivel local y en nombre
de la Iglesia en el mundo. Es precisamente lo que dice el Papa. Es un
don que todavía está por descubrir: la gracia de los movimientos
en las Iglesias particulares. Creo que ha comenzado este camino y cada
vez más veremos a los movimientos involucrados concretamente
en el gran desafío de la evangelización, así como
en la renovación de nuestras Iglesias.
La
Renovación en el Espíritu italiana acaba de celebrar su
XXV encuentro anual en Rímini con la participación de
decenas de miles de personas. ¿Cuáles han sido los frutos
de esta cita?
Salvatore
Martínez:
El encuentro anual de Rimini sigue siendo un gran momento de evangelización,
de conversión, un lugar para experimentar el amor de Dios, la
presencia de Jesús que salva, que se hace amigo en nuestra historia,
en nuestra vida de fe, compañero que manifiesta su potencia,
todavía hoy, con los signos que acompañan la predicación
de la Palabra. Es un lugar en el que se experimenta la presencia insustituible
del Espíritu, que es capaz de nuevas inspiraciones, de nuevas
decisiones, de un nuevo empuje.
¿Ha
podido ver todo esto en la vida de los participantes?
Salvatore
Martínez:Sí.
Basta pensar en la jornada penitencial del 26 de abril, once horas sin
parar de ayuno, de confesiones sacramentales, con más de 350
sacerdotes dispensando el ministerio de la Reconciliación. Mientras
tanto, desde el palco, se pudieron escuchar testimonios de curación,
de conversión...
¿Qué
proyectos surgen del encuentro de Rímini?
Salvatore
Martínez: Quisiera
recordar de manera particular, entre otros muchos, el proyecto "Zarza
ardiente". Juan Pablo II lo menciona de manera particular en el
mensaje que nos entregó (Cf. Zenit, 14 de marzo de 2002). Es
una oportunidad para hacer que se conozca y se ame la Persona del Espíritu
Santo, según las palabras del mismo Papa. Nosotros nos preparamos
para Pentecostés relanzando la Novena de preparación,
así como vigilias e iniciativas de oración, intercesión,
súplica, alabanza, adoración incesante, de noche y de
día, para que la fe, la fe carismática, se despierte,
pero sobre todo para que el Señor actúe para reunificar
a la cristiandad, para la conversión de los pecadores, y sobre
todo, en estos momentos, para desarmar las manos de los hombres allí
donde se combate.
Se
dice que la Renovación carismática no está presente
en la vida social, ¿es verdad?
Salvatore
Martínez:
Nuestra presencia en la sociedad, en ocasiones, parecería ser
invisible, pero es como la sal y la levadura, que da sabor y fermenta
la pasta. La Renovación ha asumido este compromiso desde hace
tiempo, apoyando causas de voluntariado social, preparando animadores
al compromiso social, a través de una presencia en el mundo mediante
cursos, iniciativas, escuelas que tenemos, por ejemplo, en toda Italia.