Los nuevos movimientos, renovación en la Iglesia
En una entrevista concedida a la edición diaria de «L'Osservatore
Romano», el cardenal James Francis Stafford, presidente del
Consejo Pontificio para los Laicos, ilustró el sentido y los
alcances del gran encuentro que se celebró en la vigilia de
Pentecostés en la Plaza San Pedro.
ZENIT:
Eminencia,
¿cuál es el significado de este encuentro del Papa con
los Movimientos Eclesiales?
Cardenal Stafford: En 1996, el Santo
Padre re reunió con muchos miembros de los diversos movimientos
laicales. En aquella ocasión se preguntó si podría
desarrollar un encuentro especial con todos los miembros de estos
movimientos en el año precedente al Jubileo, en el año
dedicado al Espíritu Santo. Este encuentro demuestra la confianza
que suscitan las actividades de estos movimientos comprometidos con
el Espíritu Santo justamente durante el año dedicado
al Espíritu Santo.
ZENIT:
¿Cuáles
han sido los criterios para la elección de los participantes?
Cardenal Stafford: Todos los movimientos
que han sido aprobados por la Santa Sede han sido invitados a participar.
También han sido invitados los movimientos en espera de aprobación
que ya presentan características que casi no dejan dudas sobre
su posibilidad de ser reconocidos y aprobados.
ZENIT:
¿Cuáles
son los objetivos del encuentro?
Cardenal Stafford: Existen dos o tres
objetivos: uno es el de demostrar el fuerte apoyo que el Santo Padre
ha dado en el pasado y continua ofreciendo a estos movimientos. El
segundo consiste en poner en evidencia los fuertes vínculos
eclesiales que unen a los movimientos al Magisterio, al Santo Padre
y a los Obispos. Es importante que el Santo Padre muestre su constante
aprobación a los movimientos, pero también que los movimientos
con su presencia continúen demostrando su obediencia y su disponibilidad
a acoger las orientaciones del Santo Padre y de los Obispos. El tercer
objetivo es el de expresar de manera concreta el gran impulso que
los laicos en los movimientos pueden dar a la evangelización
de las diversas culturas en el nuevo milenio.
ZENIT:
¿Cuál
es la contribución que los movimientos pueden hoy ofrecer a
la Iglesia?
Cardenal Stafford: En el pasado la renovación
de la iglesia se desarrolló gracias a las iniciativas de las
congregaciones y de las ordenes religiosas que efectivamente contribuyen
aún hoy a la renovación de la Iglesia en el umbral del
nuevo milenio. Los laicos están ahora respondiendo a la llamada
universal a la santidad emanada del Concilio Vaticano II. Ellos se
dirigen en particular a la renovación, a la conversión
de la persona individual en el puesto de trabajo, en la vida familiar,
etc. El Concilio Vaticano II se ha preocupado en primer lugar por
la conversión y renovación de la persona humana y creo
que la encarnación de la santidad entre los miembros de los
diversos movimientos les ofrece un vínculo especial con otras
personas laicas que son llamadas a una renovación personal
en Cristo y por tanto a una renovación general de la sociedad.
La renovación general de la sociedad se fundamenta primero
en la renovación del ser humano individual. Creo que los laicos,
con su compromiso, están en grado de ofrecer esto a otros laicos
de modo muy razonable.
ZENIT:
Este encuentro se realiza a
mitad de camino entre la Jornada Mundial de la Juventud de París,
en agosto de 1997 y la que se realizará en Roma en el 2000.
¿Cuál es el papel de los jóvenes en la misión
de la nueva evangelización solicitada por Juan Pablo II?
Cardenal Stafford: La Jornada Mundial
de la Juventud ha demostrado ser uno de los instrumentos más
eficaces para atraer a los jóvenes hacia el sentido de su vocación
y de su misión: vocación que deben percibir individualmente
y misión que deben cumplir en su ambiente particular, en su
compromiso particular en el mundo, en la universidad, en el campo
económico o político, para hacer presente el amor redentor
de Jesucristo.
Los laicos, en síntesis, deben ser conscientes de la apertura
de la creación al misterio de Dios. Por tanto, los laicos,
en particular los jóvenes del año 2000, deben hacerse
aún más conscientes de la forma única de Jesucristo,
o sea del hecho que Jesucristo es la única manifestación,
Epifanía, del amor absoluto que Dios nutre por la humanidad.
Las jornadas de la Juventud que se han realizado en París y
Manila, en Denver y en otros lugares de Europa y América, han
sido muy eficaces a la hora hacer presente el amor redentor de Dios
en Jesucristo.