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James Francis Stafford


 

El Concilio Vaticano II se ha preocupado en primer lugar por la conversión y renovación de la persona humana y creo que la encarnación de la santidad entre los miembros de los diversos movimientos les ofrece un vínculo especial con otras personas laicas que son llamadas a una renovación personal en Cristo y por tanto a una renovación general de la sociedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Cardenal James Francis Stafford,
Pte. del Consejo Pontificio para los Laicos

( Hasta octubre de 2004)
Roma, 31 mayo 2004 (ZENIT.org)


Los nuevos movimientos, renovación en la Iglesia

En una entrevista concedida a la edición diaria de «L'Osservatore Romano», el cardenal James Francis Stafford, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, ilustró el sentido y los alcances del gran encuentro que se celebró en la vigilia de Pentecostés en la Plaza San Pedro.

ZENIT: Eminencia, ¿cuál es el significado de este encuentro del Papa con los Movimientos Eclesiales?

Cardenal Stafford: En 1996, el Santo Padre re reunió con muchos miembros de los diversos movimientos laicales. En aquella ocasión se preguntó si podría desarrollar un encuentro especial con todos los miembros de estos movimientos en el año precedente al Jubileo, en el año dedicado al Espíritu Santo. Este encuentro demuestra la confianza que suscitan las actividades de estos movimientos comprometidos con el Espíritu Santo justamente durante el año dedicado al Espíritu Santo.

ZENIT: ¿Cuáles han sido los criterios para la elección de los participantes?

Cardenal Stafford: Todos los movimientos que han sido aprobados por la Santa Sede han sido invitados a participar. También han sido invitados los movimientos en espera de aprobación que ya presentan características que casi no dejan dudas sobre su posibilidad de ser reconocidos y aprobados.

ZENIT: ¿Cuáles son los objetivos del encuentro?

Cardenal Stafford: Existen dos o tres objetivos: uno es el de demostrar el fuerte apoyo que el Santo Padre ha dado en el pasado y continua ofreciendo a estos movimientos. El segundo consiste en poner en evidencia los fuertes vínculos eclesiales que unen a los movimientos al Magisterio, al Santo Padre y a los Obispos. Es importante que el Santo Padre muestre su constante aprobación a los movimientos, pero también que los movimientos con su presencia continúen demostrando su obediencia y su disponibilidad a acoger las orientaciones del Santo Padre y de los Obispos. El tercer objetivo es el de expresar de manera concreta el gran impulso que los laicos en los movimientos pueden dar a la evangelización de las diversas culturas en el nuevo milenio.

ZENIT: ¿Cuál es la contribución que los movimientos pueden hoy ofrecer a la Iglesia?

Cardenal Stafford: En el pasado la renovación de la iglesia se desarrolló gracias a las iniciativas de las congregaciones y de las ordenes religiosas que efectivamente contribuyen aún hoy a la renovación de la Iglesia en el umbral del nuevo milenio. Los laicos están ahora respondiendo a la llamada universal a la santidad emanada del Concilio Vaticano II. Ellos se dirigen en particular a la renovación, a la conversión de la persona individual en el puesto de trabajo, en la vida familiar, etc. El Concilio Vaticano II se ha preocupado en primer lugar por la conversión y renovación de la persona humana y creo que la encarnación de la santidad entre los miembros de los diversos movimientos les ofrece un vínculo especial con otras personas laicas que son llamadas a una renovación personal en Cristo y por tanto a una renovación general de la sociedad. La renovación general de la sociedad se fundamenta primero en la renovación del ser humano individual. Creo que los laicos, con su compromiso, están en grado de ofrecer esto a otros laicos de modo muy razonable.

ZENIT: Este encuentro se realiza a mitad de camino entre la Jornada Mundial de la Juventud de París, en agosto de 1997 y la que se realizará en Roma en el 2000. ¿Cuál es el papel de los jóvenes en la misión de la nueva evangelización solicitada por Juan Pablo II?

Cardenal Stafford: La Jornada Mundial de la Juventud ha demostrado ser uno de los instrumentos más eficaces para atraer a los jóvenes hacia el sentido de su vocación y de su misión: vocación que deben percibir individualmente y misión que deben cumplir en su ambiente particular, en su compromiso particular en el mundo, en la universidad, en el campo económico o político, para hacer presente el amor redentor de Jesucristo.
Los laicos, en síntesis, deben ser conscientes de la apertura de la creación al misterio de Dios. Por tanto, los laicos, en particular los jóvenes del año 2000, deben hacerse aún más conscientes de la forma única de Jesucristo, o sea del hecho que Jesucristo es la única manifestación, Epifanía, del amor absoluto que Dios nutre por la humanidad. Las jornadas de la Juventud que se han realizado en París y Manila, en Denver y en otros lugares de Europa y América, han sido muy eficaces a la hora hacer presente el amor redentor de Dios en Jesucristo.