* Considerado como su testamento teológico y político,
este texto nos da lo esencial de su lectura del Evangelio y de su
vida de fe.
Debemos
estar claros desde el principio de que la fe cristiana y la actuación
de la Iglesia siempre han tenido repercusiones socio-políticas.
Por acción o por omisión, por la connivencia con uno u otro
grupo social los cristianos siempre han influido en la configuración
socio-política del mundo en que viven. El problema es cómo
debe ser el influjo en el mundo socio-político para que ese influjo
sea verdaderamente según la fe.
Como
primera idea, aunque todavía muy general, quiero avanzar la intuición
del Concilio Vaticano II que está a la base de todo el movimiento
eclesial en la actualidad. La esencia de la Iglesia está en su
misión de servicio al mundo, en su misión de salvarlo en
totalidad, y de salvarlo en la historia, aquí y ahora. La Iglesia
está para solidarizarse con las esperanzas y gozos, con las angustias
y tristezas de los hombres. La Iglesia es, como Jesús. para "evangelizar
a los pobres y levantar a los oprimidos, para buscar y salvar lo que estaba
perdido" (LG 8).
El
mundo de los pobres
Todos
Vds. conocen estas palabras del Concilio. Varios de sus obispos y teólogos
ayudaron mucho en los años sesenta para presentar de esta forma
la esencia y misión de la Iglesia. Mi aporte consistirá
en poner carne concreta a esas hermosas declaraciones desde la propia
situación de un pequeño país latinoamericano, típico
de lo que hoy se llama el Tercer Mundo. Y para decirlo de una vez y en
una palabra que resume y concretiza todo, el mundo al que debe servir
la Iglesia es para nosotros el mundo de los pobres.
Nuestro
mundo salvadoreño no es una abstracción, no es un caso
más de lo que se entiende por "mundo" en países
desarrollados como el de Vds. Es un mundo que en su inmensa mayoría
esta formado por hombres y mujeres pobres y oprimidos. Y de ese mundo
de los pobres decimos que es la clave para comprender la fe cristiana,
la actuación de la Iglesia y la dimensión política
de esa fe y de esa actuación eclesial. Los pobres son los que
nos dicen qué es el mundo y cuál es el servicio eclesial
al mundo. Los pobres son los que nos dicen qué es la "polis",
la ciudad y qué significa para la Iglesia vivir realmente en
el mundo.