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La fe
en Jesucristo nos abre los ojos para comprender mejor que hemos nacido y venido
al mundo para llevar a cabo cada persona una misión intransferible:
vivir, en plenitud, en servicio permanente al bien de todos. Esta tarea, propia
de todos los seres humanos, se ilumina y fortalece a partir del encuentro
de fe con Jesucristo. Llega a su mayor hondura y a su máxima trascendencia. |
Sueñan
las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve
ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en llovizna cae del cielo la buena
suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque la mano izquierda, o se
levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son, aunque sean Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuesta menos que la bala que los mata. EDUARDO GALEANO |
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