La fe en Jesucristo nos abre los ojos para comprender mejor que hemos nacido y venido al mundo para llevar a cabo cada persona una misión intransferible: vivir, en plenitud, en servicio permanente al bien de todos. Esta tarea, propia de todos los seres humanos, se ilumina y fortalece a partir del encuentro de fe con Jesucristo. Llega a su mayor hondura y a su máxima trascendencia.
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en llovizna cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuesta menos que la bala que los mata.

EDUARDO GALEANO
Nuestra Iglesia prosigue la tarea,
de anunciar a este mundo el cristianismo,
proponiendo, por lógica, el bautismo,
como puerta de entrada a su asamblea.

La misión de Jesús de Galilea
nos propone abolir todo egoísmo,
y llegar, si hace falta, al heroísmo,
pues es vida entregada, no es idea.

Quien seguir a Jesús quiera y se atreva,
con Él ha de vivir en comunión,

las bases de este mundo las conmueva,
las abra a otra nueva dimensión,

el Reino, Mundo Nuevo, Buena Nueva,
que a eso se nos llama en la misión.