fundamentos
el laico misionero, el voluntario
y el cooperante

Juan José Estévez
Proclade-Euskadi (Vitoria-Gasteiz)
cmfvi@planalfa.es
Para la Semana de Misionología de Burgos.
 


Semana de Misionología y Congreso Nacional de Misiones son dos referentes fundamentales de la reflexión actual y los planteamientos de futuro que sobre la Misión se están haciendo en la Iglesia española. Sería pretencioso creer que mi reflexión personal pudiese aportar algo novedoso o significativo a este proceso. Es por ello que prácticamente todo lo que expongo aquí, aunque personalmente lo asumo, he intentado que no sea "idea mía", sino que básicamente he recogido reflexiones, textos y expresiones (muchas veces de forma literal) de otros, que a veces han sido especialistas, otras veces documentos oficiales de la Iglesia y otras veces han sido reflexiones de comunidades y grupos cristianos. Sólo en el caso de documentos oficiales incluyo las referencias de los mismos. En el caso de reflexiones de personas y comunidades no cito el origen, porque sé que algunos prefieren la humildad y el anonimato, pero no quiero dejar de reconocer lo valiosos y "de Dios" que son su reflexión y su testimonio de vida y de fe. En lo referido a la reflexión de algunas congregaciones religiosas sobre estos temas tampoco cito los documentos ni autores, pero creo que queda suficientemente claro que esa elaboración (también muy iluminadora) tampoco es mía sino de dichas congregaciones.

Índice

1 ¿Por qué hablar de voluntarios y de cooperantes cuando hablamos de la Misión? Porque se trata de un SIGNO DE LOS TIEMPOS en el contexto social y eclesial actual.

2 ¿Qué pasa con esa "oferta misionera clara" que no tenemos para los laicos?

3 Pero ¿debe haber en nuestra Iglesia una clara y definida "oferta misionera" para los laicos? Es decir, ¿hace falta que haya misioneros laicos, además de voluntarios laicos o cooperantes laicos?:

4 Un primer paso conceptual: de los "laicos en la Misión" al "laicado misionero". ¿Qué sentido tienen las ofertas de presencia misionera al alcance de laicos no asociados?

5 Un segundo paso conceptual, en el que algunas congregaciones religiosas llevan años trabajando: Del laicado misionero a la Misión Compartida.

6 En este contexto de Misión Compartida es donde tiene sentido hablar de laicos misioneros, de voluntarios cristianos y de cooperantes cristianos, pero como complementariedad y siempre en clave de Misión.

7 Anexo 1: La "misión compartida" y la "refundación" en las congregaciones religiosas; un proceso a tener en cuenta.

8 Anexo 2: ¿Qué implica la palabra "nuevo" para la Misión? ¿Nos creemos, asumimos de verdad, lo que esta "novedad" implica en nuestra vida de fe y eclesial?


1 ¿Por qué hablar de voluntarios y de cooperantes cuando hablamos de la Misión? Porque se trata de un SIGNO DE LOS TIEMPOS en el contexto social y eclesial actual.

Antes de entrar de lleno en el tema, creo que debemos plantear unas ideas-marco, extraídas de la realidad actual de la misión, el voluntariado y la cooperación, que debemos tener presentes como referencia a lo largo de toda la charla:

1. La praxis misionera hace mucho que incluye la ayuda al desarrollo, la solidaridad, la cooperación internacional, la promoción de la justicia y de la liberación...., que han pasado a formar parte de una concepción integral de la misión de la Iglesia. De hecho Juan Pablo II sintetiza la tarea del misionero hoy diciendo que "ser misionero es ayudar al hombre a ser artífice libre de su propia promoción y salvación". Los fundamentos de la acción a favor del desarrollo son evangélicos y bíblicos .

2. Simultáneamente la sociedad civil ha dado origen a nuevas realizaciones de la solidaridad humana, y han proliferado los cooperantes, los voluntariados, las organizaciones no gubernamentales... Son ámbitos en que los misioneros cristianos se encuentran (y colaboran) con las iniciativas sociales, y de hecho en numerosas ocasiones se funden o se confunden. Por ello es necesario aprender a relacionarnos y colaborar desde ambos "idiomas" y desde ambas "éticas" (la de la misión y la de los movimientos sociales). Este "diálogo" puede servir también para evangelizar y enriquecer desde "lo cristiano" los planteamientos y la ética de "los movimientos sociales" y, a la inversa, para interpelar, cuestionar, renovar, convertir y enriquecer desde los movimientos sociales y los "signos de los tiempos" los planteamientos de la Misión y de nuestra Iglesia. ¿Qué es evangelizar sino introducir en la sociedad los valores evangélicos? (Evangelii nuntiandi, nº 18)

3. El hecho presente y futuro es que en la Misión vamos a vivir y a colaborar muy estrechamente misioneros (laicos y no laicos), voluntariado internacional y cooperantes. Desde este punto de vista, al hablar desde la Iglesia del voluntariado internacional (cristiano o no cristiano) no debiéramos poner el acento en "desvalorizar" el voluntariado que actúa a través de cauces no eclesiales (que no es lo mismo que actuar al margen de la fe) frente al que realiza similares actividades desde una plataforma eclesial. No debemos excluir por "impuros" los ámbitos no eclesiales de compromiso, especialmente para los laicos.

4. Cuando uno se mueve en estos ámbitos (ONGDs, deuda externa, globalización, derechos humanos, conflictos armados, refugiados,...) se sorprende de encontrar tan gran número de cristianos -muchos comprometidos simultáneamente en ámbitos eclesiales- que participan de estos movimientos no eclesiales por muy diversas motivaciones (en su día no encontraron en los cauces eclesiales una vía adecuada para vivir y expresar su compromiso de fe desde una perspectiva laical, o son conscientes de que el diálogo fe-cultura debe darse saliendo de la institución eclesial, o hay compromisos que ellos entienden derivados de su fe que la Iglesia rechaza asumir...). Algunos han visto enfriarse su fe tras topar con el inmovilismo de la institución, pero otros muchos siguen siendo creyentes convencidos y activos que combinan compromiso eclesial y no eclesial, construyendo espacios de compromiso laical desde la fe, en diálogo con personas de otras motivaciones y creencias y sin renunciar en ningún momento a que algún día se asuman en los espacios eclesiales valores, criterios y pautas de comportamiento que consideran profundamente evangélicas (comunitariedad, participación, diálogo, no discriminación por género, servicio, universalidad, función social de los bienes,....).

5. Esto debe hacernos reflexionar profundamente: tenemos dificultades para encontrar en nuestros ámbitos eclesiales "vocaciones laicales" suficientes para las demandas que nos llegan de la Misión y fuera de ellos hay cientos y miles de creyentes laicos comprometidos desde su fe en asociaciones no eclesiales de voluntariado y cooperación internacional. ¿Qué pasa? ¿Qué falla? Es normal y deseable que muchos laicos desarrollen su compromiso de cristianos en ámbitos sociales no confesionales, pero ello no debiera implicar que "falten" laicos para ámbitos de compromiso confesionales (Misión). ¿Por qué optan por rechazar lo que se les ofrece desde diócesis, congregaciones, ámbitos eclesiales, y acogen lo que se les ofrece desde ONGDs no confesionales, organizaciones de derechos humanos, trabajo por la paz, etc.? No vale la respuesta fácil y descalificante de que ese voluntariado internacional no confesional es menos exigente y pide opciones menos serias que el confesional. Todos conocemos "misioneros laicos de verano" o "turismo misionero" promovido por distintas instituciones religiosas, que tiene muy poco de "opción seria y compromiso radical" y, a la inversa, conocemos voluntarios, cooperantes, brigadistas, etc. que hacen opciones muy serias y se juegan la vida, la salud, la seguridad económica,...

6. Estos creyentes se encuentran en estos espacios no eclesiales con hombres y mujeres de buena voluntad a los que el mensaje de Jesús puede interpelar y que pueden recibir también ese anuncio. Buscamos seguidores de Jesús en ambientes "cerrados" (colegios, parroquias, ámbitos eclesiales) pero nos olvidamos de los ámbitos marginales, de no-creyentes, de gente no integrada en lo eclesial,... de los espacios marginales, "de frontera", que es donde Jesús se situó, buscó a sus seguidores y donde la primitiva Iglesia se extendió más. Tenemos descuidados, pues, en estos ámbitos del voluntariado internacional, los ámbitos que tienen un pie dentro y otro fuera de la Iglesia (o los dos fuera) que es el espacio que debiera ser más propio de lo misionero. Para su Misión Jesús no buscó a los "puros" sino entre los "impuros". No debemos pensar que sólo es cauce "correcto" de compromiso misionero y de fe lo específicamente misional o eclesial; más bien, desde las motivaciones de fe, misionales y eclesiales, debemos estar presentes y trabajar con no creyentes, como acción misionera (e incluso buscar ahí "vocaciones misioneras laicales").

7. Hay una clara tendencia en la gente de Iglesia hacia "desvalorizar" el voluntariado y la cooperación frente al laicado misionero, pero por otro lado luego buscamos laicos misioneros para funciones de voluntariado y cooperación. De hecho, los misioneros laicos muchas veces somos denominados "voluntarios cristianos". ¿Qué distingue al laico misionero del voluntario, del cooperante? ¿Se percibe con garra una oferta misionera clara? La verdad es que les distingue muy poco, porque el laico misionero desempeña funciones parciales y auxiliares.

El concepto de desarrollo desde el que, por ejemplo en Ocasha-Cristianos con el Sur, nos sentimos "cómodos" para hablar en un mismo lenguaje y desde una misma ética con el mundo del voluntariado y la cooperación (también en los ámbitos no-confesionales) puede expresarse así:
"Desarrollo no necesariamente significa tener más, ni siquiera vivir mejor, tal y como las sociedades del Norte lo entienden al identificarlo con riqueza y consumo.
La cooperación para el desarrollo la entendemos como el conjunto de iniciativas y procesos que tienen como objeto la mejora de las condiciones de vida de los pueblos, siempre que recuperen la capacidad para resolver los problemas por sí mismos.

Creemos que el desarrollo integral requiere equilibrar todos los factores que contribuyen al bienestar de la persona y la sociedad, como la economía, la cultura, la justicia, la política y la dimensión trascendente y espiritual del ser humano.

Y ha de ser un desarrollo sostenible, que permita a todos los hombres y mujeres, de hoy y de las futuras generaciones, una vida digna, sin derroches, sin destruir los recursos del planeta para obtener beneficios inmediatos."

2 ¿Qué pasa con esa "oferta misionera clara" que no tenemos para los laicos?

Aceptar que no tenemos una oferta misionera clara para los creyentes laicos es como decir que no tenemos Misión, porque si la Misión es de todo el Pueblo de Dios, y la inmensa mayoría del mismo queda excluida de ella (o relegada a rezar y poner dinero) pues mal andamos.
A la hora de establecer un perfil de lo que es o debiera ser un laico misionero, un voluntario y un cooperante cristianos me encuentro con la dificultad de no poderdefinir el proyecto en el que ellas cobran sentido... y el proyecto es la Misión,... y si entramos en definir un modelo de Misión tenemos que definir un modelo de Iglesia.
La oferta misionera clara tiene que ser una oferta eclesiológica en la que el laico tenga un hueco coherente con lo que se dice y escribe, no más de lo de siempre pero con otros nombres.

En el documento de la Conferencia Episcopal Española "Laicos Misioneros" (1997) encontramos alguna iluminación:
6.2. Si los laicos forman parte esencial del misterio de la Iglesia y si la obligación misionera brota de lo más íntimo de la Iglesia, es evidente que también corresponde a los laicos asumir su RESPONSABILIDAD en la misión de la Iglesia y, más concretamente, en la misión ad gentes. Todos los documentos del Magisterio sobre el tema misionero vienen resaltando este hecho. Reconociendo que toda la historia de la Iglesia muestra que muchos fieles laicos se han consagrado a la tarea de la evangelización, recuerda que en la actualidad esta participación debe ser fomentada y urgida (Redemptoris Missio 71). (...)

La aportación de los laicos es absolutamente necesaria en la actividad misinera, porque sin ellos el evangelio "no puede penetrar profundamente en las conciencias, en la vida y en el trabajo del pueblo (AG 21,23). Dadas las múltiples dimensiones de la misión, y dada la peculiaridad secular de los laicos, su presencia es imprescindible para conseguir esa globalidad de que hablábamos antes.
O sea, que en todo equipo misionero debiera haber laicos (de aquí y/o del país) pero si no vivimos con seriedad esa corresponsabilidad aquí en nuestros equipos pastorales, colegiales, etc. ¿qué vamos a hacer fuera de casa? Nadie puede dar lo que no tiene, y tal vez en nuestra Iglesia española (al menos en este tema del laicado y del laicado misionero) tengamos una fuerte "inflacción" documental y de doctrina que no encuentra respaldo en nuestra "riqueza real" de práctica y testimonio.

3 Pero ¿debe haber en nuestra Iglesia una clara y definida "oferta misionera" para los laicos? Es decir, ¿hace falta que haya misioneros laicos, además de voluntarios laicos o cooperantes laicos?

La actividad misionera hace ver el grado de vitalidad y eclesialidad de las comunidades cristianas. El impulso misionero es signo de una fe vital, mientras la debilidad de este impulso "es signo de una crisis de fe". Y creo que es evidente que en la Iglesia española estamos viviendo una fuerte crisis tanto a nivel de misión como eclesiológico.
Cito a una autoridad en la materia, Eloy Bueno: Existe una exacta adecuación entre la figura de la Iglesia y el modo de ejercer la misión, y por ello un cambio en el ejercicio de la misión debe repercutir en la figura de la Iglesia: una Iglesia clerical plantea clericalmente el estilo de la acción misionera, y por tanto la asunción por parte de los laicos de la responsabilidad misionera debe llevar consigo una desclericalización de la Iglesia.

En la cuestión de los laicos misioneros está en juego una apuesta de mayor alcance: que la Iglesia se sitúe en estado de misión en el momento histórico en que está llevando adelante su misión.

Sin el compromiso misionero de los laicos la misión universal y sin fronteras de la Iglesia quedará bloqueada porque no se desplegará en las encrucijadas y autopistas de la civilización del futuro. Por ello debe resonar en toda su fuerza profética la afirmación contundente de Juan Pablo II: la misión de la Iglesia está todavía en sus comienzos. ... Y en la misma línea la de Óscar Arnulfo Romero : "El cristianismo está aún por estrenar".

Cito de nuevo a Eloy Bueno (Doctor en Misionología y Decano de la Facultad de Teología del Norte de España, Sede de Burgos) Misiones Extranjeras 187 (2002) 5-19:
"En pocos años sin embargo se ha operado un cambio radical en la valoración del fenómeno, resulta evidente que la misión universal en el nuevo milenio sólo será posible si realmente los laicos asumen su compromiso y su responsabilidad misionera y si, en consecuencia, el conjunto de la Iglesia hace gravitar su tarea evangelizadora sobre los laicos"

Y también cito a Mons. Carlos Amigo Vallejo (presidente de la Comisión Episcopal de Misiones) que en otro artículo de la revista Misiones Extranjeras 187 (2002) 20-28 hace esta reflexión:

En el Sínodo de los obispos hay dos ideas que merecen atención:
· El puesto de los laicos en la Iglesia
· Y su participación en la misión redentora (nm. 91-94)
Se pide una mayor confianza de parte de los obispos y de los presbíteros en los laicos, que frecuentemente no se sienten apreciados como adultos en la fe y quisieran sentirse más partícipes en la vida y en los proyectos diocesanos, especialmente en el campo de la evangelización (ib.94).

Todo esto está muy bien... escrito, pero en general muy mal... llevado a la realidad en nuestra Iglesia. En la práctica hay una evidente invisibilización de la realidad del laicado misionero (tanto del laicado asociado, como por ejemplo el que desde hace más de 40 años existe en Ocasha-CCS, como el de otras organizaciones de laicos misioneros, como el de muchos seglares que "desde el inicio" participaron en no pocas misiones diocesanas, en las congregaciones, los propios laicos de las Iglesias jóvenes,...).

No ha sido hasta 1997 que la Comisión Episcopal de Misiones ha publicado un documento específico sobre la misión y los laicos, "Laicos Misioneros", como ayuda al discernimiento y como medio de animación y de reconocimiento del espacio al que los laicos estamos llamados en la misión.

Como en tantas otras ocasiones, la vida va por delante de la reflexión y la organización.
En el documento "La Misión ad gentes y la iglesia en España" se ha insistido en que la misión ad gentes no podrá ser delegada en unos pocos "especialistas" sino que acabará por implicar la responsabilidad de todos los miembros del Pueblo de Dios. En el fondo se trata de una disyuntiva con implicaciones eclesiológicas y teológicas que ya se planteó claramente en el Concilio Vaticano II. y es que el sacramento del bautismo (entendido como iniciación cristiana, junto a la confirmación y la eucaristía) debe crecer en importancia a costa del sacramento del orden, que es el central en la iglesia clerical.

Y en este ámbito, aterrizando ya a lo concreto, nos encontramos con casos y cosas en ocasiones anecdóticos pero también con cosas tan graves, a mi juicio, como que, dentro del Plan de Acción 2002-2005 de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias se plantee la creación del Consejo Nacional de Misiones en que se dice específicamente que participarán el SCAM, el IEME y del Departamento de Misiones de la CONFER, pero no así OCASHA (Ocasha, "informará de sus actividades a los obispos de la Comisión Episcopal"), siendo OCASHA la única asociación de laicos misioneros que aparece específicamente citada en ese Plan de Acción de la Comisión Episcopal de Misiones. Queremos promocionar el laicado misionero pero en el Consejo Nacional de Misiones no va a estar OCASHA (tal vez la asociación de misioneros laicos con más años y misioneros del país y desde luego con más clara vocación de servicio a las diócesis y más clara vinculación con la Conferencia Episcopal). En este Consejo Nacional de Misiones sí va a estar la Coordinadora de Laicos Misioneros (hoy en día una instancia "en estado de coma", por cuya revitalización casi nadie hace esfuerzos claros) y parece que también van a estar representadas organizaciones laicales eclesiales de cooperación y voluntariado internacional (como Caritas y Manos Unidas). Estas últimas deben estar, pero lo grave es que no esté OCASHA, que, al menos sobre el papel, es la organización laical vinculada a la Conferencia Episcopal que se ocupa específicamente del laicado misionero. Esto da idea de que una cosa es lo que se escribe y otra lo que se hace, y parece que sigue primando la mentalidad de laicos como cooperantes y como voluntarios, pero no como misioneros eclesialmente corresponsables.

4 Un primer paso conceptual: de los "laicos en la Misión" al "laicado misionero". ¿Qué sentido tienen las ofertas de presencia misionera al alcance de laicos no asociados?

Pienso que nos olvidamos de DOS de las CUATRO LÍNEAS DE ACCIÓN que establece el casi único documento de referencia específico que la Comisión Episcopal de Misiones ha publicado sobre "Laicos Misoneros" (1997):

7.3 Dada la madurez del laicado y las circunstancias sociológicas actuales, es conveniente que el envío se haga a través de asociaciones públicas de laicos misioneros en las que laicos maduros y experimentados, conocedores de su problemática específica y de la vida de la misión, se encarguen de la selección, formación y seguimiento de las nuevas vocaciones que surjan. Estas asociaciones públicas, en virtud de necesidades o carismas específicos, pueden estar asociadas a diócesis, a misiones diocesanas, a congregaciones religiosas, o bien ser autónomas.
En cualquier caso, la relación de unas y otras debiera ser de coordinación, apoyo y colaboración.

7.2 El Espíritu sigue suscitando nuevos carismas para responder a nuevos retos que van apareciendo, y esto hace que se puedan seguir formando nuevas asociaciones o instituciones para realizarlos, sin embargo, hacemos una invitación a todos para que eviten en lo posible la dispersión de fuerzas, utilizando, en la medida de lo posible, los cauces ya establecidos y experimentados, superando personalismos y evitando crear múltiples pequeñas instituciones o grupos con carismas y objetivos similares. Con ello conseguiremos una potenciación de las instituciones o asociaciones existentes que, además de enriquecerse, serán capaces de prestar más, mejores y más eficaces servicios a la causa misionera.

Pienso que hay que evitar "motivar y canalizar eclesialmente ofertas de presencia misionera al alcance de laicos no asociados". Como dice el documento, deben ser "laicos asociados, maduros y experimentados, conocedores de su problemática específica y de la vida de la misión, quienes se encarguen de la selección, formación y seguimiento de las nuevas vocaciones que surjan". Esta labor puede hacerse en asociación con diócesis, congregaciones o autónomamente, pero debe hacerse a través de cauces organizados y asociados, no de invitaciones individuales, sin proceso previo y posterior, sin contraste, sin plan claro de formación, sin tocar aspectos y necesidades específicamente laicales, etc., etc. como muchas veces se está haciendo y como en algunos ámbitos eclesiales se propone que se potencie.

Este es un tema crucial en la situación eclesial en que nos movemos en la Iglesia española, en la que ni siquiera, a pesar del documento Laicos Misioneros de 1997, tenemos todavía un modelo claro de misionero laico, ni unos cauces específicamente laicales de compromiso, formación, reflexión,... en la Misión, y en la que se mira con clara desconfianza (o con una perspectiva meramente instrumental) a las asociaciones cristianas de voluntariado internacional no dependientes orgánicamente de la jerarquía eclesial, e incluso a las que, siéndolo, mantienen algún tipo de planteamiento novedoso o de frontera (aún siendo la frontera el espacio propio de la Misión).
Faltan cauces eclesiales claros, fluidos Y ESPECÍFICOS para esta colaboración. En los últimos años han surgido múltiples asociaciones e iniciativas de inspiración cristiana, casi siempre al abrigo de algún movimiento, orden o congregación religiosa, sin que se pueda hablar de unas líneas orientadoras mínimamente comunes y sin una mínima coordinación que relacionen entre sí las diferentes alternativas. El enfoque sigue siendo, en general (y salvo excepciones muy notables) el de "solucionar mi problema de personal" y "no perder a los míos", y no el enfoque del papel del laicado en una eclesiología de comunión y en una misión compartida. Falta información de unas iniciativas sobre otras. Faltan interés y/o recursos para mantener una coordinación más eficaz (véase el estado de letargo de la Coordinadora de Laicos Misioneros). Se puede ver de todo, desde una colaboración estrecha hasta una cierta "competencia" por los recursos (humanos y económicos) entre las propias organizaciones eclesiales, que está llevando a una desvalorización e "igualación a la baja" de las ofertas misioneras.

5 Un segundo paso conceptual, en el que algunas congregaciones religiosas llevan años trabajando: Del laicado misionero a la Misión Compartida.

No podemos dar lo que no tenemos. El tema de fondo es la Misión Compartida, la presencia de los laicos en la Misión (forzada por dos circunstancias: falta de vocaciones religiosas y sacerdotales y presencia de la solidaridad desde los agentes sociales). La cuestión es cómo integramos esto desde una perspectiva eclesial y cómo sabemos descubrir en esta situación la novedad y las posibilidades que nos brinda el Espíritu a través de los signos de los tiempos.

Muchas veces la vida no cabe en los conceptos y los términos que elaboramos. Hay muchos casos (cada vez más) como, por ejemplo, el mío, que no "caben" en la terminología y conceptos que venimos usando. Me considero, en la terminología que manejamos, misionero laico. He estado es destino seis años en Bolivia como misionero con Ocasha-CCS; de ellos dos figuré como "cooperante profesional" porque conté con una subvención económica del Gobierno Vasco. Ahora soy asalariado de una ONGD cristiana (¿cooperante también?), además voluntario en un grupo de esa ONGD cristiana (¿voluntario cristiano?) y colaboro con otras instancias eclesiales y no eclesiales de solidaridad (¿voluntario no cristiano?). ¿Cómo me catalogo, cuando en realidad me siento igual de laico e igual de misionero en todos esos ámbitos y todos esos compromisos y mi vida entera los oriento desde mi ser de creyente?

¿Y un equipo de misioneros laicos que colabora en una parroquia de República Dominicana en el que uno hace funciones más pastorales, otro más médicas y otro más agropecuarias, pero todos en un proyecto integral de misión que atiende todas las áreas? ¿El equipo entero es misionero? ¿Es "más misionero" el miembro del equipo misionero que hace trabajo pastoral y "menos misioneros" los que hacen trabajo médico o agropecuario? ¿Es "más misionero" el sacerdote o religioso que coordina esa parroquia o proyecto en que se inserta el equipo? ¿Son más misioneros esos laicos extranjeros que el laico nativo que colabora junto a ellos? Pienso que en este ejemplo queda claro que, si existe un proyecto integral de misión, el equipo en sí y todos sus miembros son igual de misioneros, porque enfocarán, programarán, realizarán, evaluarán su trabajo desde una misma perspectiva de Reino de Dios y vivirán su vida, sus alegrías, sus tristezas, sus problemas, su compromiso, desde una perspectiva de fe y comunitaria.

Por aquí (por la realidad del vino nuevo que no puede meterse en odres viejos) es por donde podemos comprender mejor la necesidad ineludible de ir pasando al concepto de "Misión Compartida" en el que, a distintos niveles, hay varias congregaciones que llevan años trabajando en una perspectiva de "refundación" de la congregación, recuperando el carisma original pero en esta nueva perspectiva de "Misión Compartida". Es algo muy interesante e iluminador (en lo que la reflexión teórica va también más avanzada que la práctica diaria) y que daría para muchas charlas pero que sería mejor que diesen los que se hallan más de lleno implicados en estos procesos.
Dentro de este concepto de "Misión Compartida" las "nuevas funciones ante nuevas situaciones": de los laicos irían entre otros, por un planteamiento de corresponsabilidad para poder articular el diálogo con otros signos de los tiempos (cooperación, solidaridad,...) que sólo podrá hacerse en lenguaje laical, sobre todo en algunos de los retos y movimientos como el ecologismo, la antiglobalización, el feminismo, pacifismo,...

6 En este contexto de Misión Compartida es donde tiene sentido hablar de laicos misioneros, de voluntarios cristianos y de cooperantes cristianos, pero como complementariedad y siempre en clave de Misión.

En este contexto misionológico y eclesiológico es donde yo me sitúo y donde tiene sentido hablar a futuro de misioneros laicos, voluntarios y cooperantes, porque lo otro (el planteamiento actual de "laicos en la Misión" nos lleva irremediablemente a un "vaciamiento" de laicos en la misión similar al que estamos sufriendo en las parroquias, movimientos, eucaristías, etc. Nos negamos a escuchar soplar al Espíritu (Vaticano II, reflexión teológica, eclesiológica y misionológica) y a leer los signos de los tiempos, pero parece que el Espíritu es terco, más que nosotros, y a mí me parece que sigue soplando en el sentido que se manifestó en el Vaticano II.

Sólo la Misión Compartida nos va a dar la suficiente flexibilidad y capacidad de adaptación como para dar respuesta adecuada y en el tiempo adecuado a los diferentes retos y situaciones que desde la Misión se planteen. Cualquier definición o catalogación que hagamos hoy de misionero, voluntario y cooperante puede que dentro de 5 años sea irrelevante porque la realidad haya cambiado mucho. No es tiempo de hablar de estados de vida diferenciados (en sentido casi "medieval"), sino de vocación cristiana única, de eclesiología de comunión y de misión compartida, y desde esa única vocación situar y resituar sin problemas nuevos y viejos servicios y ministerios.

Sólo dentro de estos planteamientos pienso que tiene sentido hablar de un modelo de misionero, de voluntario y de cooperante cristianos y apuntar algunos temas cruciales a tener en cuenta, como los siguientes:

1. Misión es opción de fe y vida, no es "sólo" voluntariado. Es llamada "vocación", respuesta. no búsqueda (la búsqueda debe ser anterior al compromiso misionero). Dentro del voluntariado cabe casi todo (así que hablar de voluntariado sin especificar es como no hablar de nada). Se puede hablar de voluntariado desde la dedicación de un rato libre a la semana (o unas vacaciones "misioneras") hasta la dedicación de por vida a una causa; desde la simple buena voluntad hasta una seria formación y preparación técnica.

Por eso es muy cuestionable el voluntariado cristiano "de misiones" e incluso el "voluntariado internacional no confesional" si antes no ha habido una capacidad manifiesta de compromiso solidario estable en la sociedad de origen. Nadie debiera ir a Misión como voluntario si no ha participado antes aquí en compromisos estables en ámbitos de marginación (no sólo campos de trabajo ni veranos). En esto debiéramos ser más exigentes desde la Iglesia y buscar no sólo "experiencias juveniles" sino "procesos de madurez y adultez" y hacernos presentes también en ámbitos no eclesiales donde hay muchos cristianos comprometidos (inmigración, SIDA,...). La madurez cristiana es previa a la Misión.

Sobre el tema del "voluntarido misionero", el documento "Laicos Misioneros" da una perspectiva iluminadora:
1.3 Existen por otra parte múltiples actividades orientadas a que jóvenes y mayores tengan experiencia de estancia en alguna misión durante sus vacaciones o por periodo de algunos meses. Esta actividad es un generoso servicio que hacen las jóvenes iglesias al primer mundo y a las comunidades más antiguas. Puede ser enriquecedora para los que participen en ella y también prestar algún servicio a la misión en algunos problemas concretos, pero exige una seria preparación previa.

Hay que plantearse el envío para experiencias breves no solo desde el punto de vista del que es enviado o de quienes envían, sino fundamentalmente desde la misión y especialmente de las comunidades y gentes a quienes se les envía.

Esto cambia el planteamiento habitual ("ayudarles" nosotros a ellos) y manifiesta el peligro del utilización de la misión y sus gentes para nuestras necesidades pastorales o de animación aquí. Manifiesta además claramente la exigencia de una seria preparación previa.

Debe profundizarse en la reflexión sobre las experiencias misioneras de verano o de pocos meses. Son muy cuestionables, tanto por el coste que suponen como por el impacto que ocasionan en las comunidades en que se desarrollan, como por la generalmente escasa preparación con que se afrontan. Sin un antes y un después de la "experiencia" que sean serios y exigentes puede que en lugar de colaborar con quienes visitamos desde sus necesidades, los estemos utilizando para satisfacer las nuestras (personales, de asociaciones o eclesiales).

Yo añadiría el peligro que tienen estas experiencias de vincularse afectiva y solidariamente con algo/alguien que me cae lejos, que nunca va a llamar a mi puerta ni con el que me voy a cruzar por la calle. Estas experiencias sólo debieran realizarlas quienes previamente están comprometidos aquí en temas de marginación y/o inmigración y por tanto han sido capaces "incomodar" su vida diaria con "pobres" de los que pueden llamar a tu puerta y a tu teléfono.

2. Nuestro trabajo en misión sería inconcebible sin muchísima gente que gratuitamente y con entusiasmo ha colaborado en la tarea misionera: catequistas, consejos parroquiales, animadores de las comunidades en la liturgia, Caritas, construcciones, trabajo comunitario... A veces les otorgamos un status "menor", de colaboradores o auxiliares, y son tan laicos misioneros como nosotros, porque comparten la misión única que nos convoca, y muchas veces desde situaciones personales y sociales mucho más difíciles que las nuestras.

3. El objetivo de la Misión es extender el Reinado de Dios. La Iglesia, como sacramento de Cristo, guiada y fortalecida por el Espíritu, continúa en el mundo su Misión de anunciar el Reino de Dios y de instaurarlo en todos los pueblos, constituyendo en la tierra el germen y principio de ese Reino (L.G. 5.9) hasta que toda la creación sea reconciliada en Cristo y Dios Reine y los hombres vivan como Hijos y como Hermanos.
El Reinado de Dios se extiende, desde la fe, en ámbitos eclesiales y no eclesiales, e incluso desde el concepto amplio de "Misión de Dios", desde otras religiones, confesiones e incluso desde los hombres y mujeres de buena voluntad (voluntariado y cooperación incluidos).

4. La Misión es Don pero es también tarea humana que exige apertura al Don, aceptación del Regalo, limpieza de senderos para que discurra la Gracia. Es tarea de preparar los caminos del Señor. La Misión se realiza en el mundo y en un mundo concreto donde también actúan las fuerzas del antirreino. Y por eso la tarea de la Misión tiene que tener muy en cuenta la situación concreta del antirreino, para no ser ingenua. A veces pensamos que la Misión es sólo construir y aportar, que se puede eliminar el profetismo y la denuncia sin perder una parte esencial de la Misión, y aquí también debemos unirnos a tantos creyentes y no creyentes que desde los ámbitos de los derechos humanos, la justicia, la deuda externa, la globalización, la situación de la mujer, el ecologismo, el antimilitarismo, etc. trabajan en esta línea.

5. Contextualizar la Misión. Los principios y el espíritu de la Misión los da la Palabra de Dios (EL TEXTO), pero las prioridades, las acciones concretas las da la realidad (EL CONTEXTO). Por eso la Misión, según los diversos contextos, prioriza unas cosas u otras. Y así se expresa como liberación, desarrollo, inculturación, ecumenismo, luchas por la justicia, paz, silencio, testimonio, proclamación diálogo, teología, celebración sacramental. La Misión no coincide con ninguna de estas cosas, pero está implicada en todas ellas. Y por eso los Papas han podido hablar en determinados contextos de DESARROLLO, JUSTICIA, PAZ, DIÁLOGO como nuevos nombres de la Misión, nombres que también son compartidos, en ocasiones muy seriamente, por el voluntariado y la cooperación.

6. En estos dos últimos puntos y en el tema general de desarrollo la Misión aparecen cada vez más también profesionalidad, conocimientos, desarrollo,... y para todo esto, que también hace y debe hacer la Iglesia, es preciso contar con profesionales, cooperantes, que, para extender el Reinado de Dios, deben ser creyentes y colaborar con no creyentes. Debemos plantearnos el espacio que hay para los cooperantes en la Misión, al igual que nos planteamos el espacio que hay para los profesionales en los ámbitos educativos confesionales, en las obras sanitarias de Iglesia, en los medios de comunicación eclesiales,...
En el documento "Laicos Misioneros" también encontramos algo sobre esto:

2.5 Existe hoy también una actividad naciente llamada Voluntariado Internacional no confesional. Participan en esta actividad personas sensibles a los problemas del tercer mundo que, desde la solidaridad y su preparación profesional, desean colaborar en la solución de los problemas del subdesarrollo. Por definición no desean vincular sus creencias religiosas a este servicio y pueden prestar un gran servicio a la solución de los problemas humanos dentro de su campo profesional.
Algunas congregaciones están asociando a sus misiones este tipo de voluntarios para tareas de promoción y desarrollo, pudiendo prestar un gran servicio en la medida en que se dé una cierta coincidencia en líneas de actuación que evite choques, confrontaciones o disparidades.

7. Pero el contrapunto es qué clase de acción de desarrollo debe llevar un misionero seglar, o, mejor, debe hacerse desde la Misión en general.

8. Esto y la dimensión comunitaria y de envío tienen muchas implicaciones de todo tipo (envío y acogida, "reinserción" social, eclesial, laboral,...).

9. Todos estos procesos suponen un laicado no sólo maduro y comprometido, sino también organizado, como para poder ofrecer alternativas de comunión y de misión del mismo calado que los religiosos. Frente a esto a veces se ve pasividad en muchos laicos y una implicación parcial, no pocos siguen reclamando de los sacerdotes o religiosos llevar la iniciativa y correr con los riesgos.

10. Así pues, hemos de avanzar en el papel de las asociaciones de seglares (misioneras, de cooperación, ONGDs,...) y qué articulación deben tener con la Misión y con la estructura eclesial. Es especial hemos de tener presente que las ONGDs son también una oportunidad no aprovechada de apostolado y de evangelización aquí, tal vez como antes lo fueron los movimientos de acción católica. Son una forma de acercamiento, propuesta y respuesta a inquietudes de solidaridad de jóvenes con valores pero que, por uno u otro motivo (secularidación, increencia, etc.), no se han acercado a la Iglesia.

 

7 Anexo 1: La "misión compartida" y la "refundación" en las congregaciones religiosas; un proceso a tener en cuenta.
Ya he indicado antes que este es un tema profundo y amplio que no podemos tocar aquí y que correspondería presentar a sus protagonistas, pero no me resisto a recoger algunos apuntes de las reflexiones sobre el tema a las que he tenido acceso, porque considero que nos pueden ser válidas e iluminadoras para todos en general.

1. Estamos en un momento histórico propicio para refundar nuestra peculiar aportación a la misión de la Iglesia o a la misión del Reino de Dios. Y con esta oportunidad de gracia hay implicada una exigencia:
· Lograr una conciencia de Iglesia, de comunidad eclesial universal; ello no significa renunciar a nuestra identidad particular, a nuestra localización cultural (que tan bien se expresa y vive, entre nosotros, en el ámbito de las Provincias); somos y debemos ser Iglesia desde esa identidad primaria; no es necesario renunciar a ella; pero sí se hace necesario el conseguir la conciencia de la nueva identidad colectiva; ese proceso educativo y formativo se obtiene integrándonos de verdad en los procesos de nuestra sociedad civil.

2. El adjetivo "compartida" aplicado a la misión se refiere a una misión realizada también con otros creyentes, hombres y mujeres (christifideles), pertenecientes a diversas formas de vida cristiana (vida matrimonial-familiar, vida laical, vida secular, vida consagrada, vida ministerial); querer ser y actuar "con otros".

3. Estamos en un momento decisivo, que podríamos expresar así: nos sentimos llevados a refundar nuestra presencia misionera. Las claves de esta refundación son:
· Una nueva conciencia de comunidad eclesial y, por lo tanto, refundación estructural, que responda a esa nueva conciencia;
· Un nuevo talante misionero, un nuevo ardor, un sano orgullo de ser misioneros y pasión por realizar esta función;
· Un nuevo planteamiento de la misión como realidad que se hace desde el compartir, desde la integración, desde lo que aglutina no solo a los misioneros religiosos de una congregación, sino a nosotros con otros religiosos, ministros ordenados, laicos, casados, profesionales, personas pertenecientes a otras confesiones cristianas, a otras religiones, e incluso alejadas de la fe religiosa. (®AQUÍ ENCAJAN MISIONEROS LAICOS, COOPERANTES Y VOLUNTARIOS, ECUMENISMO, DIÁLOGO INTERRELIGIOSO, PRESENCIA ENTRE LOS NO CREYENTES,....).

4. "Misión compartida" es una expresión nueva dentro del lenguaje de la iglesia . Los adjetivos que hemos dado al sustantivo "misión" en los años posconciliares han sido otros: "evangelizadora", salvadora, salvífica, "liberadora", profética, apostólica, eclesial, "ad gentes", parroquial, popular, urbana, misión laical o de los laicos, carismática, presbiteral, misión de todo el pueblo de Dios, de la Iglesia, misión universal, misión educativa, misión específica o peculiar...

5. Detrás del nuevo lenguaje "misión compartida" hay una eclesiología concreta. La misión es mucho más eficaz y esplendorosa, cuando es realizada por una orquesta de carismas, y no cuando es llevada a cabo por individualidades; porque solo entonces la misión tiene el rostro, la configuración que Jesús soñó para ella. La Iglesia sabe que la diversidad de carismas y ministerios, armonizados en la misión, es fuente de vida y de transformación.

6. Detrás de la misión compartida está también la nueva situación en que se encuentran no pocos institutos religiosos. No podemos ocultar que en Europa, los misioneros estamos en situación decreciente: somos cada vez más mayores y contamos con pocos jóvenes para el re-emplazo en la tarea misionera. Esto nos ha llevado a tomar diversas iniciativas y a adquirir una nueva conciencia.

7. La misión es una sola. El Señor Resucitado nos confió una sola misión, una gran Misión, en la que habríamos de participar todos los que creamos en Él a través de los siglos y de los espacios.

8. ¿Cómo enfocar teológicamente la relación entre misión, voluntariado, cooperación, otras religiones, derechos humanos, ecología, antimilitarismo, derechos de la mujer, globalización, deuda externa,.... todos esos ámbitos tan propios del compromiso secular (la secularidad es propia de toda la Iglesia, no sólo de los laicos)? A mí me resulta cuestionante e iluminador a la vez el siguiente planteamiento:

"La misión atañe a todos los cristianos"(RM 2) y ha de realizarse en la comunión de unos con otros, PERO TAMBIÉN EN LA COOPERACIÓN CON TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD (cf GS 43; VC 81).
¿Tiene la iglesia católica el monopolio de la misión? El tema de la única misión nos confronta ineludiblemente con el tema ecuménico. Entendernos y sentirnos como "hermanos" los miembros de todas las confesiones cristianas es un gran paso hacia la comprensión de nuestra misión. La única misión de la Iglesia no es ecuménica, sino que debe partir del ecumenismo: "que sean uno para que el mundo crea".

¿Se diferencia nuestra misión radicalmente de la misión que estas grandes religiones quieren realizar en este mundo? ¿Y qué decir de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que, o bien se han alejado de la fe cristiana o religiosa, o que viven en el indiferentismo religioso, en el agnosticismo o en el ateísmo? ¿Están todas estas personas, a veces grandes pensadores, artistas, políticos etc. al margen de la misión? Algunos teólogos, yo creo que con gran acierto, han dicho que hay algo más profundo y amplio que la misión de la iglesia o eclesiástica y es la misión del Reino de Dios. En esa misión participan y se sienten llamados a participar todos los hombres y mujeres de buena voluntad. La misión del Reino de Dios es única; pero se realiza a través de múltiples servicios y ministerios; es sagrada y secular, escatológica e histórica, trascendente e inmanente.

Si esto es así ¿tiene la iglesia o las iglesias el monopolio de la misión? ¿No es la misión algo mucho más fundante y amplio? ¿No será "el movimiento de los pueblos, de los grupos proféticos de cualquier tipo, hacia el reino de Dios, tal como Michael Amaladoss lo describe? "Misión compartida" significa, entonces participar del movimiento de los pueblos hacia el Reino de Dios y colaborar con hombres y mujeres de buena voluntad -desde el propio don- en todo aquello que sea necesario para acelerar el movimiento o sostenerlo.

El resumen sería que hay una gran misión que lleva la humanidad en cada etapa de su historia que es auténtica "missio Dei". Lo dijo Jesús: "sin que sepáis cómo, el Reino de Dios sigue creciendo". El Espíritu del Señor llena la tierra y mueve a los seres humanos que no le oponen resistencia. Aquí es donde se insertaría, desde la Misión, el posible trabajo, colaboración, evangelización, etc., especialmente de los laicos, en los ámbitos del voluntariado y la cooperación.

Entonces surge las preguntas:

Ø ¿Cuál es en este momento la peculiar aportación que podemos ofrecer, como misioneros religiosos, como laicos, como diocesanos,... a la construcción de la Misión?

Ø ¿Con qué grupos y personas -tanto de la iglesia como de la sociedad- hemos de colaborar para llevar adelante la única misión?

Ø ¿Cómo actuar en esa misión de forma comunitaria, conjunta, y no como francotiradores, o individualmente?
No podemos ni debemos hacernos la pregunta por el proyecto de misión sin contar con otras religiones, otras iglesias, sin contar con nuestra iglesia católica, como si de algo absolutamente exclusivo de los religiosos o los laicos se tratara. Guiados por el principio de la misión compartida, es más misionera una acción realizada desde el ecumenismo que desde lo meramente confesional, desde el diálogo interreligioso que desde lo meramente cristiano, desde el diálogo entre fe y cultura, que desde la sola fe.

Esto nos lleva a optar por un modelo complejo de misión.
La aplicación de los principios teóricos a la práctica de la misión nos dice que:

a) Un proyecto misionero realizado por personas de diversas formas de vida cristiana en comunión, armonía y dinamismo tiene mayor riqueza y consistencia que la acción misionera realizada por uno solo o por miembros de un solo grupo o forma de vida.

b) Cada forma de vida encuentra su identidad en la misión a partir de la correlación y cada carisma individual halla en la mutua relatio su sentido y razón de ser.

c) La correlación de todas las formas de vida en la misión es un estímulo constante para la creatividad, para el progreso espiritual, para la humildad y la superación de tantos individualismos que superficializan tanto la acción misionera.

d) Los ministros ordenados pierden poder gestor, pero ganan en autoridad apostólica y espiritual.

e) Los religiosos pierden en instrumentalidad, pero ganan en significación y simbolismo.

f) Los laicos seglares pierden su dependencia ante la jerarquía, y recuperan autonomía, capacidad de iniciativa para dar lugar a proyectos misioneros que sin ellos sería imposible realizar.

g) En la construcción de una nueva Misión es necesario hacer una nueva propuesta seductora y atractiva para el modelo familiar que la iglesia propone. En ello es esencial la participación y el protagonismo del laicado matrimonial.

9. De esta reflexión que están haciendo varias congregaciones religiosas en nuestro país se evidencia que hay un proceso de de-construcción de un viejo modelo de misión: menos clerical, menos eclesiástica, menos congregacional y hay un proceso de construcción de un nuevo modelo de misión: cuyo sujeto es el pueblo de los bautizados, el pueblo de Dios, las comunidades humanas en las que actúa el Espíritu y la Gracia del Reino de Dios.
En esta nueva comprensión de la misión emergen nuevos ministerios. Estos ministerios no se confunden con aquello conferidos por la Iglesia en sus ritos de ordenación, o en sus ritos de colación no sacramental. Se trata de los ministerios del Reino de Dios, que reconocemos en tantos hombres y mujeres que desde su condición seglar, matrimonial o celibataria están sirviendo a la causa de Dios en Europa, en el mundo.

Los Misioneros religosos, presbíteros, nos incluimos en esta misión como memoria viviente de las raíces cristianas y apostólicas. Nuestro servicio de la Palabra, fiel al Evangelio, se hace hoy muy necesario. Pero ha de ser un servicio profético, que responda a los signos de Dios en nuestro tiempo y espacio. El envejecimiento de la mayoría de nuestros presbíteros no es -en manera un obstáculo. Sabemos que los profetas de la Navidad fueron ancianos, testigos de la actuación de Dios en la historia pasada y profetas anunciadoras de la novedad que iba a acontecer (Simeon, Ana, Isabel, Zacarías, Esteban (el claretiano)).
Sabemos que solo en la correlación con otras formas de vida, solo en la comunión de vida y acción, viviremos y transmitiremos vida.

10. La experiencia nos dice que "misión compartida" no equivale a un cambio de escenario que se pueda hacer en breve tiempo. Es un proceso lento y nada fácil, porque requiere la transformación de las personas y el cambio profundo de relaciones entre unos y otros. Dicho con perspectiva histórica: es la larga marcha de la comunión en favor de la misión.

11. Las estructuras que permiten el proceso pensamos que deben desarrollarse en cada lugar, pues se refiere al encuentro de las personas, religiosos y seglares, desde los niveles más sencillamente humanos. De ahí la importancia que intentamos dar a todo aquello que favorece la convivencia y la relación interpersonal, desde el lugar para tomar el café o la celebración de cumpleaños acontecimientos entrañables de los miembros de la comunidad educativa -como es el nacimiento de un hijo-, la comunicación fluida y la cercanía por parte de los directores...

Las estructuras de formación son importantes, pero producen frustración cuando no tienen continuidad en estructuras de participación, donde las personas asumen el protagonismo que les permite sentir como suyo el proyecto en el que colaboran. A nivel colegial se intenta potenciar los equipos de misión compartida, ya mencionados, y otras estructuras como las comisiones de pastoral, de educación para la justicia, etc. Estas mismas comisiones a nivel provincial cuentan con una adecuada representación de seglares al lado de los Hermanos.
Pero también están las estructuras tradicionales de reflexión, discernimiento y decisión en las Provincias religiosas, como los Capítulos Provinciales. Se ha hecho ya normal el que haya un grupo representativo de educadores seglares participando en los Capítulos, con voz y voto en los temas referidos a la misión, y con la voz de su opinión y su consejo en aquellos temas específicos de la comunidad de los Hermanos.

8 Anexo 2: ¿Qué implica la palabra "nuevo" para la Misión? ¿Nos creemos, asumimos de verdad, lo que esta "novedad" implica en nuestra vida de fe y eclesial?
En toda la Semana de Misionología aparece mucho la palabra "nuevo". Esta novedad en la Misión coincide con la que se nos plantea desde una perspectiva que quiere recuperar lo fundante de la fe, y recuperar también la perspectiva de totalidad, de comunidad, de vocación y de misión que debe guiarnos a todos los creyentes. Tomo también estas reflexiones, que no son mías, sino realizadas por otras personas y comunidades, porque pienso que son iluminadoras:

Novedad

La palabra "novedad" implica:

Ø una actitud, que es la apertura a lo nuevo, a lo inesperado

Ø asumir el riesgo que supone vivir abierto a lo nuevo, porque:

- lo nuevo de Dios no es mejorar lo que ya tenemos
- lo nuevo de Dios pone en crisis todo lo anterior; cuando no hay crisis no hay novedad, ni crecimiento ni maduración,
- lo nuevo de Dios lleva a cambiar radicalmente nuestra situación por otra situación de más riesgo, de más confianza, de más apertura, de más ilusión, de menos control,... más hambrienta de un cielo nuevo y una tierra nueva.
- lo nuevo de Dios es un continuo "heme aquí".
Para llegar a nuevos lugares hay que recorres caminos nuevos. Y esto da miedo (a equivocarnos, a quedarnos solos, a que nos critiquen...). Y los caminos hay que recorrerlos y hacerlos no sobre el mapa, sino andando, desde el testimonio y la experiencia.

Vocación

Esta novedad que se nos plantea no sólo para la Misión, sino para la Iglesia, implica rescatar la vocación única y fundamental: ser cristiano.
¿Es apropiado hablar de vocación seglar, vocación religiosa o consagrada, vocación sacerdotal? Más bien hay una vocación única, ser cristianos, que se fundamenta en un sola y única:
- Llamada (Ven y sígueme)
- Respuesta (Inmediatamente lo dejaron todo y lo siguieron; Heme aquí).
- Misión (Anuncio con la vida de la Buena Noticia del Reinado de Dios, La misma Misión de Jesús)
- Consagración (La misma de Jesús en su Bautismo en el Jordán: asumir la misión del Siervo Sufriente, cuyo cúlmen fue la cruz en Jerusalén).
- Comunidad (La Iglesia y vivir todo lo anterior en el único cauce de crecimiento y maduración de esta vocación única que nos dejó el mismo Jesús: la Iglesia-La comunidad de bautizados o consagrados).
- Todo esto se basa en la vivencia del espíritu de la comunidad de los Hechos, de la comunidad después de Pentecostés.
Antes, SI NO TENÍAS VOCACIÓN, eras laico. A la comunidad de discípulos (comunidad de consagrados, de los santos) se les regala una vocación común y única, que es el bautismo, el mismo que recibió Jesús, que arrastra una Consagración, la misma que la de Jesús, para ser enviado. El mismo envío de Jesús a la Misión -la misma de Jesús. La vocación de Jesús descubierta en su bautismo-consagración en el Jordán, que lo capacitó para ser enviado a una misión, es la misma vocación-consagración, envío y misión que la de cualquier cristiano recibida en su bautismo. Asumir esto es de mucha trascendencia para la iglesia y para el mundo.

Comunidad, carismas, ministerios, servicios,....

Una sola comunidad con distintos carismas y ministerios, en el marco de una sola vocación, una sola llamada, una sola consagración y una sola misión: la vocación cristiana.
La espiritualidad del laico es o debe ser la del seguimiento, que es distinta de la espiritualidad de la imitación, donde el centro de interés y de atención es el propio sujeto, su crecimiento y su perfección personal como lo más importante, produciéndose en repliegue de la persona sobre sí misma. Por esto la espiritualidad auténticamente evangélica es la espiritualidad del seguimiento, que invita a negarse a sí mismo para salir y olvidarse de sí mismo y abrirse al destino que le marca el mismo Jesús. Esta espiritualidad lleva implícita la perfección espiritual del propio sujeto, pero siempre en función de la razón última del seguimiento: la misión, y no en función de si mismo o de su propia salvación.

Esta espiritualidad basada en la respuesta incondicional a la llamada de Jesús está dirigida a todos los hombres de la tierra. Si sólo se dirigiera a algunos se crearía una especie de élite, reduciendo a los demás en cristianos de segunda categoría. La llamada al seguimiento radical va dirigida a todos. No hay una élite evangélica. Durante muchos siglos y aún hoy se ha transmitido y enseñado que el Evangelio en su integridad NO ES para todos los creyentes, sino para unos pocos: por un lado los llamados a la perfección de la vida evangélica desde el seguimiento radical a Jesús y con unos consejos evangélicos (el clero y la vida religiosa) y por otro lado los que no son clero, los que deben esperar a salvarse cumpliendo los preceptos (mandamientos), y estos son la mayoría del pueblo de Dios, los mal llamados laicos.

La teología y el magisterio ha admitido durante siglos la distinción entre los preceptos (mandamientos) para todos los creyentes y los consejos evangélicos (pobreza, castidad y obediencia) que no son para todos sino para un grupo selecto de los que son llamados por Dios a la perfección espiritual y al seguimiento radical. Sin embargo, en el evangelio no existe distinción entre preceptos (para todos) y consejos evangélicos (para algunos). Las palabra de Jesús son para todos, para que todo el que la escuche las ponga en práctica (Mt 7, 24-27). Por fin el Concilio Vaticano II, en la LG V.39 nos dice que "la perfección en la vida evangélica es para todos los bautizados", redefiniendo al cristiano laico no en función del clero sino en función del significado etimológico y bíblico.

Una cosa es el llamamiento o vocación y otra distinto cómo yo desarrollo esa vocación. Pensamos que no tenemos vocación. La llamada vocación seglar es un invento que nos confunde y equivoca. No existen vocaciones de primera o segunda categoría. Sólo se trata de seguir incondicionalmente a Jesús en cualquier circunstancia o estado de vida. El Espíritu te indicará la expresión, el cómo de ese seguimiento. No debemos confundir la vocación con la función, el carisma o el ministerio que debe ejercer como consecuencia de esa vocación.

No hay "votos seglares" pero podríamos decir que lo más aproximado a ese concepto serían las bienaventuranzas, de las que se desprende que los "consejos evangélicos" para los laicos serían (y es por donde va la reinterpretación de los consejos evangélicos "clásicos" de pobreza, obediencia y castidad):
- elegir ser pobres,
- ser limpios de corazón,
- ser fieles y dispuestos a ser perseguidos por el Reino
- ser libres evangélicamente, sólo desde la libertad de los hijos de Dios se accede a los tres anteriores.
Para recuperar esta vocación y espiritualidad cristianos se debe rescatar y potenciar:
- La Vocación única (ser cristiano) basada en la radicalidad evangélica del seguimiento a Jesús para todos.
- Potenciar la capacidad de discernimiento y autocrítica constructiva.
- Potenciar la libertad evangélica como norma en nuestra vida y cauce de nuestra consagración al Reino.
- Potenciar la pasión por la búsqueda del Espíritu.
- Resituar y reconstruir en la Iglesia todo en función de la Misión y del Reino.
- Configurar la Iglesia como un tejido comunitario.
- Rescatar el espíritu de las bienaventuranzas y del sermón del monte como programa de vida y de misión para todos los cristianos.