Para
contestar a esta pregunta tan general, es necesario generalizar. Cada localidad,
cada parroquia tendrá un contexto en el cual se produzca este hecho, pero
en general, creo que hay una serie de factores comunes que hacen que los jóvenes
se alejen de la Iglesia y los que hay se comprometan poco.
En lugar de desgranar
estos factores uno a uno y llegar a una conclusión, prefiero sentar una
base que, aunque cuesta admitirlo y no se reconoce, creo que es el gran problema
de la Iglesia de hoy: no hay Fe dentro de la Iglesia. Por supuesto que hay personas
con una Fe enorme y viva, pero en general, el 90% de las personas que se confiesan
católicas y acuden con normalidad a la Eucaristía tienen falta de
Fe.
¿En qué me baso para afirmar esto tan rotundamente?. Como
Fe se denomina a una experiencia de Dios, tan fuerte y radical que cambia el sentido
de la vida. Un misionero amigo dice que Fe y Vida Eterna son sinónimos,
y que la Iglesia está muerta. Estas personas (que ahora se me echarían
encima) pueden creer en Dios, pero dudo que sea el Dios de Jesucristo, sino que
se habrán hecho un Dios a su medida, light, que sólo les exija la
asistencia dominical a la eucaristía, o como mucho participar en las actividades
de la parroquia como si fuese un club de tenis... pero poco más. Es igual
que los hermanos cofrades, tienen fe en una imagen, en un Cristo crucificado o
preso, en una imagen de la Virgen, y esa fe les motiva a sufrir durante ocho horas
para cargar con los tronos, o andar afixiados por el caperuz, pero esa fe no surge
de un encuentro con Jesucristo y su Evangelio, desconocen las exigencias de Ese
al que ellos adoran con locura, y es más, no reparan en criticas y desprecios
a la Iglesia. Si la Fe mueve montañas, se supone que entre todos los miembros
de la Iglesia, si tuviésemos Fe, cambiaríamos el mundo. ¿Lo
hacemos? ¿Se nos nota?
La Fe es un don de Dios, un regalo que SE TRANSMITE.
La Fe no se enseña, ni se impone... se transmite. ¿Y cómo
se puede transmitir algo que no hay? ¿Por qué los niños bautizados
terminan alejados de la Iglesia? ¿Acaso porque sus padres se comprometieron
a transmitirle la Fe... que ni ellos mismos poseían? Este es el verdadero
motivo de que los jóvenes se alejen de la Iglesia, o que no se acerquen,
que para los efectos es lo mismo: no se les está transmitiendo la Fe de
la Iglesia.
En las familias de hoy, lo normal es que los padres no tengan
Fe, y por tanto, es difícil que un chaval que no ha vivido eso en la primera
Iglesia, la familia, más tarde encuentre a Cristo en su vida. Se dan casos,
por amigos, por inquietudes, por casualidad... pero no es lo normal. Y en aquellas
familias creyentes, católicas y practicantes, se dan muchos casos de jóvenes
que creen en Dios por tradición, por costumbre, porque sí, pero
no se plantean seguir formándose después de la Confirmación,
ni colaborar en Cáritas o cualquier otra institución social, ni
ser catequistas. Se conforman con la misa semanal, porque el resto del tiempo
están muy ocupados... o si tienen inquietud, ya se encargarán los
padres de recordarles que lo primero son los estudios, la familia, y los amigos
les recordarán que tienen que salir con ellos... Al final todo son excusas,
porque no hay una fuerza interior que mueva al joven a luchar por el Reino.
La
Iglesia está "quemando" muchos catequistas y derrochando esfuerzos
en intentar catequizar a niños y jóvenes. Los catequistas tienen
que dar el visto bueno para la recepción del sacramento por "imperativo
social", es decir, porque si dicen que un chaval no se confirma, la familia
se le echará encima. Claro, siempre está la frase perfecta ¿cómo
puede usted evaluar la Fe del chaval? Y no se puede, es cierto, pero se ve.
Intentamos
darles catequesis... cuando nosotros, los catequistas, no somos capaces de mostrarles
a Cristo en nuestra vida. Las catequesis son teóricas, de conocimientos...
puros trámites para conseguir el objetivo, un papelito diciendo que se
ha obtenido el sacramento. Las primeras Comuniones se han convertido en fiestas
sociales, y nadie se atreve a tocarlas, por el revuelo que se formaría
en la sociedad. Las Confirmaciones van poco a poco por el mismo camino. Los chavales
van obligados por la familia, o porque el amigo se confirma, o porque hace falta
para casarse... pero no por Fe. Los Matrimonios, ya no digamos. Auténticas
orgías de derroche de dinero y ensalzamiento de la estética pomposa.
Creo que si se quitaran las palabras referentes a Dios y Cristo, nadie se daría
cuenta.
Otro detalle contraproducente es la obsesión que tiene la jerarquía
eclesiástica por el número, por la cantidad de "socios"
en la Iglesia. ¿No es más importante la calidad que la cantidad?
Si somos muchos pero falsos, no transmitimos el Evangelio. Las primeras comunidades
cambiaron el rumbo del Imperio Romano no por la multitud de miembros que movían,
sino por su radicalidad evangélica, por su fidelidad a un Dios que era
el que los romanos veían y al que terminaban convirtiéndose porque
veían que esos cristianos eran sinceros y coherentes con su Fe.
¿Es
esa la imagen que damos los cristianos de hoy?. No. Los primeros cristianos anunciaban
a Dios, y vivían de manera coherente al Evangelio, proponiendo unas normas
de vida basándose en la Fe común de todos los de la comunidad. Hoy
en día, la Iglesia, a través de sus elementos más visibles
transmite normas, leyes, formas de conducta... pero ¿dónde está
Cristo? Se intuye, se ve, pero no hablan de Él... y mejor que no lo hagan,
porque cuando lo hacen aburren a las ostras, todo teórico, medido, frío,
como se diría, una retahíla de memoria. ¿Así se quiere
provocar una inquietud, un Amor por Cristo?
He aquí uno de las peores
consecuencias. Intentamos poner las normas, leyes y decretos por delante del Amor
de Dios, y claro, eso no funciona. De nunca las leyes han movido a los hombres,
sino el Amor. Y más a los jóvenes, rebeldes por naturaleza, como
Cristo, rechazan cualquier ley, cualquier norma... que no nazca del corazón.
Y si Dios habitara en su corazón, no haría falta ninguna ley, ni
ningún Derecho Canónico.
Los cristianos que tienen la facilidad
de que se les escuche (de obispos para arriba) no saben hablar, no saben utilizar
los medios de comunicación. Sólo transmiten la opinión de
la Iglesia... o de lo que ellos creen que piensa la Iglesia. No transmiten a Cristo
Resucitado. Como diría Gandhi, tenemos el mejor producto del mercado y
lo metemos en la trastienda, escondido, para que nadie lo vea... vaya a ser que
se descubra nuestra incoherencia. Y ese es otro motivo por el que los jóvenes
no se acercan. El joven, aunque alocado o fantasioso, se adhiere a los proyectos
ilusionantes con facilidad, pero siempre que vea una coherencia entre lo que se
dice y lo que se hace. Aunque las fiestas "pastilleras" sean dañinas,
los jóvenes van, ¿por qué?, porque eso es lo que esperan.
Sin embargo, si un joven se ilusiona por el Evangelio, lo más frecuente
es que entre en una parroquia, y cuando note que se está helando su Fe
por la frialdad del ambiente y la incoherencia, tiene dos alternativas: buscarse
un movimiento donde se respire a Cristo, que afortunadamente aún los hay,
o salir del barco. El elegir una u otra opción dependerá de lo hondo
que haya calado en su corazón el Evangelio.
Me hago una pregunta, que
podríais extenderla para que la contestara más gente: ¿qué
estará pensando Cristo ahora mismo de su Iglesia?
Si Jesucristo revolucionó
la sociedad de su tiempo, ensalzando a la mujer, derogando tradiciones inútiles...
¿por qué la Iglesia se autodenomina conservadora de tradiciones?
En
fin, son muchas más las razones que podría dar, porque, aunque soy
joven, conozco muchos casos y cada uno tiene un porqué, pero creo que estos
son las principales consecuencias de la ausencia de Fe, que es el único
y verdadero motivo:
- la familia, que no es sembradora del Evangelio
- las
comunidades parroquiales, que se parecen más a un club de tenis que un
grupo de seguidores de Cristo que intentan cambiar el mundo
- las catequesis,
que sirven para jugar (comunión) o para dar conocimientos teóricos
(confirmación), en lugar de asentar una Fe incipiente
- la permisividad
en la paganización-comercialización de los sacramentos
- la presentación
de las leyes y normas por delante del Evangelio
- la mala o nula publicidad
que se hace de Cristo en los medios de comunicación
- la excesiva preocupación
por el número, en lugar de por la calidad
- la incoherencia de cada
uno de nosotros, que hace que nadie se sienta atraido por ese en quien decimos
creer..
- la obsesión por conservar en lugar de por revolucionar el
mundo, en lugar de implantar la revolución del Amor.
En
fin, espero que esto sirva de ayuda para que la Iglesia se mueva y se acerque
al Reino de Dios.