SINTESIS DEL ARTÍCULO
Uno de los autores del informe sociológico
"Jóvenes españoles '99" presenta en este artículo
"algunas tendencias más sobresalientes en el conjunto de los
jóvenes españoles actuales". Tras una aproximación
general a diversos elementos centrales en la configuración de su
identidad, se analiza más pormenorizadamente el tema de la religiosidad,
para concluir dibujando el perfil de una generación "felizmente
escéptica".
Normalmente
cada quinquenio la Fundación Cultural Privada "Santa María"
presenta un estudio sobre los jóvenes españoles. Nos vamos
a referir al último de ellos [1], que prácticamente corresponde
a este año 2000.
La metodología aplicada para realizar ese trabajo marca ya las limitaciones
y las perspectivas del mismo. Se ha estudiado a los jóvenes de España
a través de las respuestas que una muestra de 3.850 chicos y chicas
-de entre 15 y 24 años- han dado a un amplio cuestionario de unas
90 preguntas, que abarcaba amplias áreas de interés: situación,
trabajo, estudios, familia, religión, política, ocio, preocupaciones
y otras varias. Se han realizado varias tipologías para tratar de
diferenciar grupos de jóvenes, tanto desde una perspectiva global
como desde un enfoque religioso.
El estudio se encuadra en la situación global en que se encuentra
la sociedad española, lo que también se explicita en el trabajo,
y en el análisis de los datos se introducen hipótesis sobre
los hechos detectados, visiones de esas realidades y ensayos explicativos
de las tendencias encontradas.
En el estudio en que nos basamos se han abordado algunos temas relacionados
con los jóvenes que no se habían tratado en estudios anteriores,
tales como los nuevos espacios de auto-socialización juvenil: la
música, la noche y el sexo. Por tanto, se trata de un trabajo de
investigación primaria, básicamente empírico y con
un fundamento cuantitativo, pero también de análisis contextual,
con reflexión personal y con un enfoque que incluye el ensayo explicativo.
1. Tendencias en la configuración de la identidad
Aunque las diferencias de los jóvenes entre sí son notables,
sin embargo hay algunos rasgos y tendencias que son comunes a la mayoría,
ciertamente en grados distintos, de forma que esos mismos rasgos se difuminan
en algunos tipos de jóvenes y se acentúan -e incluso se radicalizan-
en otros. Considerando esto, voy a presentar algunas de las tendencias más
sobresalientes en el conjunto de los jóvenes españoles actuales.
1.1. Familia y socialización
La familia constituye para más de un 70% de los jóvenes algo
prioritario en su vida, lo que permite indicar que hay una persistencia
social en el valor familiar. Tras esto, los jóvenes valoran los amigos,
el trabajo, ganar dinero, disponer de tiempo libre y disfrutar del ocio.
Lo que menos parece interesarles es la religión y, sobre todo, la
política.
Entre los espacios de socialización, es decir, los lugares físicos
y psíquico morales o éticos en que se van formando los jóvenes,
siguen estando vigentes con una valoración alta de familia en la
que, para un porcentaje significativo de jóvenes, se dicen las cosas
más importantes para conformarse las ideas, las visiones del mundo
y orientar, en general, las conductas [2]. Los amigos y los medios de comunicación
social son los otros dos "lugares" de socialización importantes
para los jóvenes. Pero quizás lo más llamativo es la
importancia que van adquiriendo los nuevos espacios de autosocialización
o "locus" juveniles donde los propios jóvenes se "forman"
entre sí.
1.2. Música y noche
La música es uno de esos nuevos espacios socializantes que llena
entre los jóvenes las actuales necesidades de detenerse, de evadirse
y soñar, de equilibrar fraudes o vacíos de otro tipo, que
cubre el déficit de encantamiento y poesía que padece este
mundo material cada vez más desencantado, como ya apuntó Weber.
La música juvenil cumple también la función de expresividad
que desean los jóvenes. A través de ella, identificándose
con sus sonidos y letras, repitiéndolos, los jóvenes vierten
al exterior sus propios sentimientos, emociones o deseos y penas.
Hoy la música juvenil se ha convertido en una especie de paraliturgia
secularizada, en una marca de identidad grupal e individual para los jóvenes
que, a la vez, tiene aspectos de un espectáculo con pretensiones
de totalidad, espectáculo que procura sobre todo placer y emociones
y que se vive también como una aventura corporal, ya que esa música
se somatiza produciendo, al menos en el espacio en que se disfruta, un encantamiento
que ayuda a seguir viviendo las rutinas que entraña la vida actual.
Los términos más comunes en que los jóvenes expresan
lo que para ellos es la música son: placer, distracción, evasión,
identificación, independencia y "encuentro con otros" cercanos
desconocidos. Se trata, pues, de un medio que a más de permitir la
emancipación de lo cotidiano permite a muchos jóvenes afirmarse
en sus emociones y sentimientos.
Los distintos tipos de música moderna -rock, rap, heavy, soul, ska,
reggae, punk, bakalao- son seguidos por diferentes clases de jóvenes
que, al hacerse seguidores de esos ritmos, asumen en buena medida los estilos
de vida, lenguajes, modas y actitudes que se asocian a ellos.
La "noche" es otro espacio juvenil de autosocialización
que se entiende como lugar de denuncia, locus de libertad, expresión
de la propia moda y forma de identidad. Una amplia mayoría de jóvenes
sale frecuentemente -sobre todo en época de vacaciones- por la noche,
de los que un porcentaje cercano a la mitad están fuera de casa prácticamente
toda la noche.
1.3. Esperanzados, aunque descomprometidos
Para los jóvenes los principales problemas de nuestra sociedad son
el paro, las drogas, el sida y la falta de futuro, aunque esto último
les preocupa algo menos que hace unos años. En general, los jóvenes
españoles se muestran hoy más optimistas y esperanzados que
en el próximo pasado, y en este aspecto superan algo a los jóvenes
del resto de Europa.
Sin embargo, se implican poco socialmente y sus índices de asociacionismo
son bajos, lo que no difiere de lo que ocurre en el resto de los adultos
españoles. Quizás es más significativo que, para involucrarse
en asociaciones o movimientos sociales, los jóvenes de hoy necesitan
menos el apoyo de las creencias, tanto de tipo religioso como humanitarias
en general. Por ello no es extraño que hayan abandonado más
los ámbitos creenciales como los religiosos o políticos.
Pocas causas movilizan aún a nuestros jóvenes hispanos, pero
entre las que conservan cierta capacidad de arrastre se encuentran la lucha
contra el racismo, la ayuda a comunidades del llamado tercer mundo y las
causas encaminadas a lograr mayor igualdad entre los géneros.
La gran mayoría se muestra como partidarios de la paz, aunque no
falta un reducido grupo (aproximadamente el 5%) de violentos cuya visibilidad
social es alta. Los índices de tolerancia son elevados entre los
jóvenes, que cada vez más se muestran partidarios del divorcio,
aborto o eutanasia o de las aventuras extramatrimoniales. En general, se
muestran menos permisivos ante la incultura cívica y social que ante
los comportamientos privados.
1.4. Trabajo y ocio
Lógicamente dadas las edades analizadas (15 a 24 años) la
mayoría de estos jóvenes son estudiantes y un buen porcentaje
están en el nivel universitario, aunque un número significativo
abandonan sus estudios. En general, las chicas conforman más que
los chicos el segmento estudiantil, aunque las diferencias son escasas.
Continúa existiendo cierto fetichismo por los títulos, lo
que algunos llaman "obsesión por la titulitis"; de hecho,
parece que la razón de obtener alguna titulación supera como
motivación al aprecio por el trabajo en sí. No es pues de
extrañar que los jóvenes consideren su trabajo, sobre todo,
desde la perspectiva de su utilidad instrumental para lograr beneficios
económicos y estatus social, es decir, como un medio de vivir y ascender.
Un aspecto bastante valorado es el tiempo de ocio que, además de
servir para autosocializarse entre los mismos jóvenes, se considera
como un factor importante para desarrollar sus propias identificaciones.
Las actividades preferidas para emplear su tiempo de libre disposición
son oír música, ver televisión o leer, si es en casa,
y viajar, estar con los amigos, ir al cine, bares o cafeterías u
oír música moderna en directo, si es fuera del hogar.
Tras el paro, las drogas es el segundo problema que les preocupa a casi
el 65% de los jóvenes. Tabaco y alcohol son consumidos por una mayoría,
y de las consideradas como drogas ilegales, la más consumida -por
cerca de uno de cada diez jóvenes- es el cannabis, porro o hierba;
la cocaína es la preferida por casi un 5% y sólo una minoría
que no alcanza ni al 1% lo hacen con la heroína. La pauta es que,
en general, los chicos son más consumidores que las chicas de estas
sustancias.
2. Identidad religiosa: creencias, práctica
e Iglesia
Comparando con los datos de hace unos años se detecta que continúa
a un ritmo relativamente fuerte el descenso de las prácticas religiosas,
por parte de los jóvenes que se dicen católicos, que son la
mayoría. Descienden también los porcentajes de los que creen
en Dios o en el pecado. Se mantiene la creencia en la resurrección
de los muertos que es sobrepasada por las creencias en la reencarnación.
En general, las chicas creen y practican más que los chicos. Parece
que la socialización religiosa de los católicos es débil
para contrarrestar los impactos secularistas a-religiosos que están
en el clima social. Según los jóvenes actuales, los requisitos
para reconocer a una persona como religiosa son: creer en Dios, ser honrado
y humanitario, rezar y tener alguna práctica religiosa, mantener
alguna relación con la Iglesia y preguntarse por el sentido de la
vida.
No se consideran como esenciales para la religiosidad la aceptación
del aborto, eutanasia ni, en general, las posturas éticas o morales
sobre determinados aspectos. Las chicas se muestran más practicantes,
aunque dentro del declive general. Se detecta también un descenso
en el número de jóvenes que se implican en Asociaciones religiosas.
La mayoría de los jóvenes, en general, mantiene con la Iglesia
católica un tipo de relaciones que se pueden calificar de distantes
y asimétricas. Estas relaciones se deben a múltiples causas,
que se pueden resumir globalmente en el secularismo socio-ambiental, la
situación de la propia Iglesia y a las características de
los jóvenes actuales, lo que habría que añadir la relativa
retracción de las familias en la transmisión de creencias
y valores religiosos.
2.1. Creencias y práctica religiosa
Introduciéndonos en otra área muy importante, no sólo
para la vida de los jóvenes sino en general de toda persona, como
es la de las creencias y valores religiosos, podemos indicar que, de acuerdo
con los datos del estudio, la práctica religiosa disminuye entre
los jóvenes. Actualmente la práctica religiosa semanal es
bastante residual. Sin embargo, se mantienen los niveles de prácticas
en algunas festividades o en días notables (fiestas familiares, Navidad,
Romerías, etc.) y aún sigue habiendo una cierta asiduidad
religiosa en circunstancias personales significativas e importantes (enfermedades,
fechas familiares relevantes, funerales, desgracias, etc.).
Parece, pues, que lo religioso se toma con un cierto utilitarismo y, sobre
todo, con una aproximación un tanto voluntarista a lo que cada cual
piensa que es importante. Para los jóvenes, por tanto, lo religioso
no parece que vale tanto en sí, sino en la medida en que vale "para
mí", en cada caso y en cada circunstancia.
En general, las chicas practican más que los chicos y la práctica
religiosa es también mayor entre los universitarios de los últimos
cursos que entre los de primero y los bachilleres.
La política es bastante discriminante respecto a lo religioso y más
por supuesto que la clase social, la edad o el status ocupacional.
En cuanto a las creencias religiosas, en conjunto desciende el número
de jóvenes que dicen creer en Dios, aunque todavía se mantienen
cotas relativamente altas. Desciende también el número de
jóvenes que creen en el pecado; se mantiene, sin embargo, el porcentaje
de los que consideran que existe la otra vida, pero esto es compatible también
con la creencia de muchos jóvenes en la reencarnación. En
general, las chicas creen más que los chicos.
Quizás el aspecto más importante es que la socialización
católica, es decir, la transmisión de las creencias católicas
llega sobre todo a jóvenes que ya son practicantes, a los jóvenes
que están fundamentalmente en una línea religiosa. Sin embargo,
es poco influyente el catolicismo en personas que están fuera de
él y no es capaz de contrarrestar lo que esas personas reciben de
otros lados. La socialización católica, por tanto, no llega
en gran parte a los jóvenes situados en la extrema izquierda, e incluso
en alguna izquierda, y tampoco tiene casi influencia respecto a los agnósticos
y ateos. Hay, sin embargo, una correlación alta positiva entre las
creencias y la práctica religiosa, es decir, los jóvenes que
creen más son también los que más practican y viceversa.
2.2. Persona y tipología religiosa
Los requisitos que los jóvenes creen que son importantes para considerar
a una persona como religiosa son creer en Dios, ser honrados, ser humanitarios,
rezar, tener alguna práctica religiosa, mantener alguna ligazón
con la Iglesia y preguntarse por el sentido de la vida. No cuenta, sin embargo,
el ser partidario o no del aborto, de la eutanasia, o seguir o no seguir
las normas sexuales acordes con la doctrina oficial de la Iglesia. En este
aspecto no existen casi diferencias por edad o género, aunque las
chicas ponen alguna condición más exigente para considerar
a una persona como católica. En general, sin embargo, los más
exigentes en el reconocimiento de una persona como religiosa son los jóvenes
de los extremos del espectro religioso, es decir, los católicos muy
practicantes y los agnósticos o no creyentes.
El seguimiento de la Iglesia católica y de sus normas se considera
como factor de identificación de la condición religiosa, pero
esto es sobre todo mantenido por los jóvenes que son ateos, y no
tanto por los católicos practicantes. A la Iglesia católica
muy pocos de los jóvenes, e incluso de los que se consideran católicos,
la ven como un lugar en que se digan cosas importantes para orientarse en
su vida. Por lo tanto, podemos decir que la Iglesia católica, desde
la perspectiva de socialización, aporta cada vez menos a los jóvenes
en sus orientaciones vitales.
Esto ocurre a pesar de que los jóvenes, en general señalan
que sus experiencias en las relaciones con la Iglesia -cuando las han tenido-
han sido positivas, sobre todo por el talante de las personas que se han
encontrado en la Iglesia y por el buen ambiente que han comprobado en sus
grupos o en sus ceremonias. Parece que ha habido un gran fallo en la transmisión
religiosa en España, según este estudio que estamos comentando
y que, en general, el papel de la familia como transmisora está decayendo
aunque, sin embargo, sigue siendo el agente fundamental para la transmisión
de lo religioso.
El concepto que los jóvenes tienen respecto a lo parareligioso y
a las sectas es de una relativa aceptación, pero esto se encuadra
dentro de una amplia tolerancia que los jóvenes muestran hacia cualquier
cosa diferente o nueva. En general, estas pseudocreencias (horóscopos,
tarot, astrología, mediums, etc.) no sustituyen a las creencias religiosas.
Las chicas, los más jóvenes y los que tienen menos estudios
son los más partidarios de este tipo de actitudes parareligiosas.
Respecto a las sectas, en general los jóvenes muestran un desconocimiento
mezclado con desconfianza.
La tipología religiosa nos permite diferenciar grupos de jóvenes
según sus creencias, sus prácticas y su postura y actitud
respecto a la Iglesia:
Irreligiosos
En primer lugar se detecta un pequeño grupo de jóvenes que
podríamos denominar Irreligiosos, que no creen que Dios exista, ni
ningún tipo de trascendentalismo, ni tan siquiera un humanismo de
tipo cristiano o no cristiano. Son jóvenes muy escasos de valores
religiosos, que justifican cualquier cosa, incluido el terrorismo y el vandalismo
callejero. Son grandemente permisivos, muy tolerantes y, en general, quieren
moverse dentro de un hedonismo, justificando cualquier transgresión
de tipo social o moral.
Nominalistas o normativistas
Un segundo grupo, que podríamos denominar Nominalistas o Normativistas,
lo componen aquellos jóvenes que siguen las normas de la Iglesia
pero sólo nominalmente. Conceptualmente podríamos decir que
son normativistas y sociológicamente eclesiales, pero no creen sin
embargo que deban seguir las normas concretas de la Iglesia, especialmente
aquéllas que se refieren a la sexualidad. Hay una escasa aceptación
por parte de estos jóvenes de la caridad o de la verdadera motivación
religiosa, así como del Dios cristiano del amor.
Humanistas no religiosos
Un tercer grupo, que va en ascenso, es el de los jóvenes Humanistas
no religiosos. Son jóvenes que no creen que haya que aceptar a la
Iglesia ni las normas de ésta para ser considerado como religioso.
Para ellos lo religioso se reduce básicamente a algo de tipo "humanitarismo":
ser personas que ayuden a los demás, ser honrados y preguntarse por
el sentido de la vida. El humanismo es la religión para estos jóvenes
y no es necesario para ellos ni creencias de otro tipo, ni dioses, ni trascendencias.
Religiosos-moralistas
Otro grupo interesante es el que se puede llamar de los jóvenes Religiosos-moralistas,
es decir, aquéllos que consideran la moral como algo fundamental
dentro de lo religioso y serían partidarios de exigir el cumplimiento
de muchas más normas morales para poder ser considerado como religiosos,
especialmente en el terreno de la sexualidad y en lo que concierne a la
no aceptación del aborto, de la eutanasia, etc. Admiten, sobre todo,
la existencia de un ser superior, pero en muchos casos para estos jóvenes,
ese ser superior es lo positivo que hay en la persona humana, o unas ciertas
energías cósmicas del Universo. Estos moralistas son sobre
todo chicos de clase media-baja y baja sin una gran formación.
Católicos autónomos
Por último, podemos detectar el grupo de los Católicos autónomos,
es decir, aquéllos que aceptan a Dios, Dios como Padre, como Juez,
como Creador, a Dios como Cristo. Creer en Dios, rezar y tener prácticas
religiosas sería lo que definen fundamentalmente la religiosidad.
Pero en este grupo no se considera la pertenencia a la Iglesia, o casarse
por la Iglesia, o seguir las normas de la Iglesia, como requisitos para
ser considerado persona religiosa. Se dicen y sienten católicos pero
no entienden que su catolicidad conlleve necesariamente ser seguidores de
la doctrina de la Iglesia, ni conceptualmente estar dentro de la Iglesia.
No son anticlericales sino que van "por libre" y teóricamente
aceptan las doctrinas de la Iglesia. Se ven como católicos incluso
en el futuro, pero esto no les lleva a cumplir con todas las normas de la
Iglesia para considerarse como tales católicos.
2.3. Heterogeneidad religiosa
En general, podríamos decir que los jóvenes católicos
españoles tienen unos modelos muy heterogéneos de religiosidad.
Una religiosidad que se van construyendo individualmente donde, junto a
lo que reciben, se elaboran algo personalmente, según sus experiencias
y las aportaciones de los amigos. Demandan a la Iglesia, sobre todo, respuestas
a preguntas vitales últimas y que sea un faro normativo de códigos
de conducta, aunque no crean que estos códigos deban ser seguidos
en toda su extensión.
Por tanto, podríamos decir que hay un cierto carácter individualista
en la construcción de esa realidad religiosa, dando una gran importancia
a la experimentación y no estando carentes de un cierto sentido de
lo trascendente y de las verdaderas dimensiones de lo religioso.
Hoy empieza a haber jóvenes que se construyen su universo religioso
sin haber sido socializados religiosamente con anterioridad, es decir, empiezan
a aparecer jóvenes que son religiosos actualmente pero que no fueron
educados en la fe por padres que lo creyeran.
Por otra parte, podemos decir que hay un divorcio asimétrico entre
los jóvenes católicos y la Iglesia católica. Hay un
distanciamiento práctico en el cual la Iglesia trata de acercarse
a los jóvenes pero no tanto los jóvenes a la Iglesia. Se da
este distanciamiento especialmente en el seguimiento de las normas católicas
oficiales respecto a determinados temas. En general, puede decirse que todavía
los jóvenes, sobre todo los no religiosos, viven en España
de una imagen un tanto estereotipada y vieja de lo que era la Iglesia católica.
Además, los jóvenes valoran mucho lo emocional. Esto se ve
en la música que les gusta, en su necesidad de amistades, en el nuevo
papel de la familia como lugar de acogimiento afectivo, en la propia necesidad
de personalización e identificación que ellos plantean. Podríamos
decir que hoy valorar lo emocional es tratar de equilibrar la falta de encantamiento
que encuentran en el mundo actual.
3. Una generación "felizmente escéptica"
Los jóvenes se apoyan fundamentalmente en tres ejes: en la familia,
en los amigos y en la explotación de las expansiones y del ocio.
Probablemente son más libres que en épocas anteriores, sobre
todo en aspectos como lo sexual, en la decisión de su futuro y en
las pautas de comportamiento que, en muchos casos, desconocen los de otras
generaciones. Sin embargo, junto a esta mayor libertad se encuentran también
más atados a algunas cosas, como por ejemplo a la necesidad de divertirse,
al confort, no sólo en el hogar sino en general, al rechazo de cualquier
dolor, a las modas e incluso a la necesidad de las amistades. De esta forma
podemos decir que, en general, los jóvenes de hoy son más
libres que los de generaciones anteriores, pero que no dejan de estar atados
a varias cosas.
3.1. Evolución ideológica
El grado de satisfacción con la vida es alto, aunque los jóvenes
tienen sus discrepancias sobre algunas cosas.
¿Qué les falta fundamentalmente a los jóvenes?: Dos
cosas: la disciplina y la aceptación del dolor y del fracaso. Carecen
fundamentalmente de empleo y de cariño personal.
La evolución ideológica situacional podríamos concretarla
en las siguientes etapas: en la década de los años 70 los
jóvenes mantenían una postura de ruptura liberadora y un tanto
revolucionaria. A ésta sucedió, en la década de los
80, una determinada tendencia al pragmatismo individualista. Y a través
de lo colectivo no pensaban que se podían conseguir cosas para ellos
y para la sociedad y se repliegan hacia un cierto individualismo. Posteriormente,
la década de los 90 podría estar determinada por una tendencia
ideológica de desencanto hacia el mundo, hacia la sociedad y hacia
las instituciones. Hoy, a finales de la década de los 90/principios
del año 2000, podríamos decir que su postura se puede concretar
en lo siguiente:
¡ Alejamiento de lo trascendente y, por tanto, alejamiento de lo político
y sobre todo de lo religioso.
¡ Minusvaloración de cosmovisiones globales explicativas del
mundo, de la naturaleza, de los seres.
¡ Valoración creciente de la amistad.
¡ Concesión de primacía a lo cotidiano, lo que conocemos
como presentismo. No quieren vivir ni en el pasado ni condicionarse para
el futuro, sino disfrutar el presente.
¡ Acercamiento al localismo y alejamiento de las preocupaciones.
¡ Valoración creciente de la familia y, sobre todo, de la mujer.
3.2. Escepticismo y zapping vital
En general, si revisamos el conjunto de las vidas de los jóvenes
-aunque se viven con distintos matices según grupos y personas-,
podríamos decir que presentan vidas un tanto fragmentadas, deconstruidas,
sin grandes convicciones, lo que les lleva a un cierto relativismo. Es decir,
tratan de construir la propia identidad a través de la negación
de lo que se hizo en generaciones anteriores.
Están movidos y se debaten, a veces, entre el hacer cosas -la acción-
o retirarse de hacer cosas -dejar de hacerlas-. En general, podríamos
decir que los jóvenes tienen una enorme tentación a realizar
mosaicos de distintas cosas simultáneas, lo que se ha denominado
como que los jóvenes hacen zapping, no sólo con la televisión
sino también con sus propias vidas.
En general, las actitudes de los jóvenes son lúcidamente escépticas
respecto a la sociedad que los rodea; pragmatistas con nostalgia por el
encanto que no encuentran en el mundo; visiones poco o nada trágicas
de la existencia; cada vez se adoptan posturas menos interesadas por las
grandes cuestiones y poco apasionadas.
Por último, los jóvenes españoles se muestran muy liberales,
permisivos, con casi todo tipo de conductas pero sobre todo con las conductas
públicas. En relación a los otros jóvenes de Europa,
los jóvenes españoles se muestran algo más optimistas
y esperanzados respecto al futuro. Bajan entre los jóvenes valores
relacionados con el trabajo, el esfuerzo, el estudio, la política
y la religión. Diríamos que tienden a vivir en un cierto "humanismo
indoloro" y ejercen una solidaridad puntual pero no sistemática
y comprometida en instituciones.
3.3. Socialización blanda
Destacan, con respecto a quinquenios anteriores, lo tardío de independizarse
del hogar paterno (lo que se conoce a veces como el síndrome de Peter
Pan). Destaca también el aumento de permisividad, el crecimiento
de la indiferencia religiosa, un cierto mayor optimismo y una valoración
grande de la mujer. Cada vez toman más fuerza los nuevos espacios
de autosocialización, tales como la noche, la música, el sexo,
los viajes, el propio cuerpo y las amistades.
Como hemos indicado, los jóvenes están relativamente satisfechos
con su vida, a gusto con los niveles de libertad que tienen, aunque desearían
tener más. Se muestran bastante carentes de capacidad de sacrificio,
de sentido del deber hacia los demás, un tanto egoístas y
presentistas, anclados en el aquí y ahora, bastante amoldados y modelados
por la situación socioeconómica actual. Son libres pero están
sujetos, no carecen de alguna solidaridad, de bastante tolerancia y cierta
lealtad, pero sólo a lo que consideran suyo y valioso, no a cualquier
cosa.
Parece que se ha dado un tipo de socialización en nuestro país
un tanto blanda o permisiva en los últimos años y que no genera
tensiones mayores pero tampoco es capaz de trasmitir valores llamados fuertes,
por ejemplo, del deber, del servicio, de la participación o del compromiso.
Igualmente podemos anotar que los jóvenes tienen, o parten en su
situación actual, de las mejores condiciones que han tenido posiblemente
nunca: tienen más medios materiales, formativos y culturales que
en generaciones anteriores. También podemos indicar que los jóvenes
valoran muchas cosas nobles aunque no se impliquen sistemática y
comprometidamente con ellas. Por otra parte, van madurando en el uso de
las propias libertades. Podríamos decir que los jóvenes no
tienen tanto una cultura propia muy diferenciada, sino que participan a
su manera de esta nueva especie de cultura occidental, pero ellos lo hacen
a su modo y también al "modo hispánico".
Pedro
González Blasco (misión joven. Junio del 2000)
[1] Cf.J. ELZO-F.A. ORIZO-J. GONZÁLEZ-ANLEO-P. GONZÁLEZ BLASCO-MªT.
LAESPADA-L SALAZAR, Jóvenes españoles.99, Fundación
<<Santa María>>, Madrid 1999