[1]
La pregunta sobre la juventud y los valores morales es hoy un tema de gran actualidad,
tal vez porque en las nuevas generaciones se muestran los primeros frutos de todo
lo que nuestra civilización planta y cultiva. Superando así, por
esta primera hipótesis, una lectura moralizante de la juventud, el tema
nos remite a los factores múltiples que contribuyen a la formación
de los valores morales y al desarrollo del comportamiento humano. De esta forma,
analizar la crisis de los valores morales de la juventud será, en gran
parte, analizar la crisis de los valores morales de nuestra sociedad en general.
En el presente análisis[2], el tema merece inicialmente un esclarecimiento
conceptual que no constituye una mera introducción de presupuestos, pero
ellos ya son señales sustanciales para una aproximación al tema.
Hay dos aspectos fundamentales en este sentido: lo que seria adecuado entender
cuando nos referimos a "valores morales"; y de que "juventud"
estamos hablando, cuando nos preocupamos por su "crisis de valores morales".
La fuerte interrelación entre estos dos aspectos es una buena entrada para
abordar el tema.
1.- De la moral vigente a la
crisis de valores
En las introducciones a los tratados de moral, frecuentemente
se hace una distinción pertinente entre "moral" y "ética".
El término ética, de origen griego, comprende el estudio critico
y propositivo del actuar humano en sus costumbres, actitudes y prácticas.
Este concepto pasó al latín como moralia, usado por primera vez
por Cicerón. Pero el término "moral", sea como sustantivo,
sea como adjetivo, llegó a nosotros con cierta ambigüedad. Pues se
puede referir tanto al "conjunto de costumbres" dadas y establecidas
en un grupo o sociedad como a los comportamientos concretos de las personas; como
se puede decir respecto al aparato que estudia y propone críticamente el
actuar humano en sus actitudes y prácticas. Sin perdernos en otras distinciones
que pueden omitirse aquí, algunos pensadores llaman a la primera "moral
vivida" y a la segunda "moral elaborada"[3].
Pero con esta
distinción se perfila otra ambigüedad enfatizada especialmente a partir
de la teología de la liberación. Esta nos alerta por el hecho de
que una moral puede ser elaborada a partir de sus propios presupuestos, costumbres
y tradiciones, y por consiguiente, ser auto-justificadora y legitimadora de los
valores establecidos en el propio grupo o sociedad. Una moral intrasistémica,
como algunos la denominan [4]. Ante esto, existe hoy una preferencia a reservar
el término "moral" para referirse a costumbres, comportamientos,
actitudes y valores establecidos. Y el término ética, está
reservado para el estudio crítico-propositivo del actuar humano en sus
costumbres, actitudes y prácticas, usando en este estudio una metodología
y los criterios adecuados para superar la mera auto-justificación de lo
que ya esta establecido. Esto aparece claro cuando algunos autores actuales prefieren
hablar de ético teológica en lugar de teología moral[5].
¿Pero todo esto qué tiene que ver con nuestro tema? Tiene mucho
que ver porque, cuando nos preocupamos por la crisis [6] de los valores morales
de la juventud, generalmente estamos impactados por un cambio de conductas que
chocan de algún modo con nuestras referencias establecidas. Este cambio
altera las formas del vivir que es lo que genéricamente llamamos "valores"
como son la libertad, responsabilidad, fidelidad, amistad, sexualidad, autonomía;
y por otra parte, altera también la jerarquía o el orden de importancia
de estos valores. El cambio se llama "crisis de valores" y la crisis
es frecuentemente entendida en un sentido ético negativo.
La distinción
entre moral y ética nos ayuda a percibir que aquí se procesa una
crisis de costumbres y comportamientos; esta crisis exige una evaluación
crítico-propositiva. La moral vigente está en crisis. No se puede,
sin embargo, pasar sumariamente de la crisis a una evaluación negativa.
Una crisis también puede ser benéfica, y una juventud anterior a
la "crisis de valores" no quiere necesariamente decir que es una juventud
éticamente mejor. La inseguridad ante lo nuevo ayuda a ver los nuevos escenarios
de una manera pesimista, mientras la seguridad de los valores establecidos lleva
a añorar el pasado. Realmente una comparación del comportamiento
ético del pasado y del presente será siempre difícil. Y además
es, de poca utilidad, si se reduce a una mera comparación. La ética,
al asumir las preguntas sobre el deber ser, se coloca ante todo delante de la
tarea de proyectar críticamente la vida dentro de los nuevos factores y
las situaciones dadas. Por esta razón tiende más a dar lecciones
del pasado, que establecer comparaciones entre el pasado y el presente.
Ante
los cambios de los valores morales de la juventud, se puede tener una preocupación
simplemente verificativa y fenomenológica. Un camino fácil para
eso es analizar las conductas. Pero, en la profundización de la ética
teológica como tal, a partir de los avances del Concilio Vaticano II, llaman
la atención en la importancia de las actitudes que motivan los actos y
las conductas humanas en la complejidad de la vida. En ellos se expresa con más
propiedad el cualitativo ético de la acción humana. Cuando hablamos
de "valor moral", podemos incurrir en la misma ambigüedad que se
origina con la confusión entre moral y ética. De hecho, pagando
tributo fuerte a la ontologización de la moral, existe una costumbre de
pensar en "los valores morales en sí mismos" y así fácilmente
se imponen los valores conforme a un orden establecido. La valoración ética
de los valores tal vez deba pasar antes por la consideración y evaluación
del horizonte de sentido y de significados que conducen nuestro actuar. Porque
es allí donde se tejen los criterios para la construcción de los
valores morales. Los Evangelios puede ser un ejemplo de esto: mientras Jesús
propone un sentido de vida, altera consecuentemente el cuadro de valores establecido
por la concepción farisaica legalista.
Así, la crisis de los
valores morales de la juventud, para que sea adecuadamente pensada, exige una
consideración de un conjunto más amplio de cambios en los significados
de la vida, cambios que afectan a toda la sociedad contemporánea. Podemos
decir que, a propósito del "mundo de los jóvenes" no se
puede ver aislado de este conjunto. Los jóvenes "no se les puede entender
si no es en el seno de la sociedad en que viven. La juventud actual condensa y
refleja los problemas y conflictos de una sociedad compleja"[7].
2.- La crisis de valores en los cambios de producción
de la vida
Nuestra sociedad, como sabemos, pasa en líneas
generales por el cedazo de grandes cambios. Pero éstos se vuelven más
importantes, mientras más afectan el sentido y el significado de nuestra
vida y de nuestras relaciones. De hecho, como humanos, nuestra vida se sostiene
y se proyecta a través de los bienes de consumo, las relaciones y los significados.
En gran parte, producimos los constitutivos de esta forma de sostenimiento de
vida, como una gran construcción dinámica que desafía a las
generaciones. Para entender el alcance del cambio de valores morales, parece muy
útil considerar estas tres dimensiones estrechamente interrelacionadas
en los que la vida humana se produce hoy.
La primera podría llamarse,
aunque inadecuadamente, cambios de nuevas formas de producción de bienes
de consumo y de servicios. Están comprendidos aquí los grandes avances
tecnológicos que traen nuevos instrumentos de producción; instrumentos
que permiten análisis avanzados de los seres y de los objetos, y al mismo
tiempo que propician la creación de nuevos materiales y la reelaboración
de sus dinamismos; se abren para una especie de conquista del macro-cosmos así
como del micro-cosmos personal y el propio ser humano se descubre objetivo de
un reprogramación. Estamos sobreentendiendo aquí las diferentes
revoluciones industriales y postindustriales, particularmente la era de la informática
en la que vivimos. El conocimiento tecnológico se vuelve una forma privilegiada
de poder económico y político.
Una segunda estaría en
la producción de relaciones humanas. Directamente relacionada con los cambios
instrumentales, estarían aquí comprendidos los cambios profundos
que resultan de las relaciones entre los seres humanos, sean grupos, clases, sociedades,
individuos; y de los seres humanos con su ambiente. La globalización, en
sus diferentes sentidos, sin duda también estaría aquí presente.
Pero de modo altamente contrastante con el crecimiento de los recursos en la producción
de bienes de consumo, experimentamos profundas desigualdades que desintegran,
sin la posibilidad de ocultamiento, el panorama de nuestra civilización
en el momento actual. La acumulación de bienes y las formas de poder producirlos
agudiza las formas de pobreza y se vuelven en desigualdades profundas e incluso
en exclusión de personas y pueblos de la red de relaciones.
Una tercera
puede identificarse con la producción de sentido y de significado con que
vemos las cosas, los seres vivos, a nuestros semejantes y a nosotros mismos; con
tales significados entendemos y proyectamos la vida en sus varias dimensiones.
Existe una interrelación estrecha que entrelaza las formas como producimos
y consumimos los bienes, con el horizonte de significado que alimenta la vida.
Son suficientemente conocidas las alusiones al consumismo que, cuando se observa,
no sólo afecta el juego económico, sino también nuestra propia
manera de ser. La acentuación del individualismo, la autonomía de
los sujetos, las exigencias de subjetividad; la consecuente percepción
de pluralismo; el nuevo ritmo de vida insertó en nuevas espacialidades
y temporalidades; el reconocimiento de la complejidad de la realidad; éstos
son algunos ejemplos de incidencias actuales en esta área. Se habla sobre
todo de una crisis de sentido, o de cambio de paradigmas[8].
Esta propuesta
de esquema tal vez da cierto orden al complejo conjunto de cambios que exigen
naturalmente mutuas especificaciones. Facilita la comprensión de cómo
los jóvenes se sitúan en una sociedad post-industrial (y/o postmoderna,
como otros prefieren decir) y de los grandes cambios que se dan en el conjunto
de sus vidas. No solamente entre los jóvenes, sino en la sociedad en su
conjunto se verifica "la relativización de los sistemas de significados,
elaborados colectivamente y transmitidos en los procesos de socialización.
Esta relativización implica la crisis generalizada de las instituciones
que han sostenido durante décadas la socialización de los individuos.
Se cuestionan los contenidos que hay que transmitir, los métodos utilizados,
las metas propuestas tradicionalmente." [9]
Con esto, quizás sea
más apropiado poner en otros términos la pregunta. En vez de preguntar
por la crisis de los valores de la juventud, sería más correcto
intentar saber cómo incide y es vivida por la juventud la crisis por la
que pasa la sociedad. La presentación en estos términos parece facilitar
una percepción más solidaria y menos judicial y arrogante ante nuestros
jóvenes. Nos lleva también a superar una visión funcionalista
de los jóvenes. A veces se usa una expresión como "desafíos
de la juventud", subentendiéndose quizás que los desafíos
son de los jóvenes para los evangelizadores/as, en términos de comprensión,
comunicación y de evangelización de las nuevas generaciones en su
mentalidad, conductas y problemas. En esta misma dirección, se ubicarían
los desafíos de la juventud para la formación en la VR y espacios
semejantes. Esto suena como una amenaza para las instituciones, que deben encontrar
una manera de por lo menos sobrevivir frente a lo nuevo, manteniendo sus funciones.
Pero además esto exige el asumir a los jóvenes como sujetos, no
procesos, y por consiguiente, para entender que el desafío es primero de
las propias personas (jóvenes) que se confrontan en sus situaciones y contextos,
porque ellos viven y desarrollan su personalidad ética. Y en esto pueden
ser ayudados. Es fundamental acoger a los jóvenes como sujetos y como iguales
en la producción de la vida y de sus significados.
3.-
Situar a la juventud para comprender sus crisis
Para entender
la crisis de los valores morales de la juventud, es indispensable saber de qué
juventud estamos hablando. Los cambios que ocurren en la sociedad tienen una incidencia
aún más profunda, puesto que afectan a la propia constitución
de "la juventud". ¿Qué juventud es esta que vive la crisis
de valores morales de la sociedad? De hecho, la juventud es socialmente un concepto
construido por la interacción de muchos factores[10]. El énfasis
dado a la juventud, como un grupo social, es algo más reciente que se remonta
a nuestro tiempo, como resultado de esta construcción social. La juventud
se sitúa hoy en gran parte como un mito. "La valoración y mitificación
de los modelos de conducta tenidos como típicos del grupo juvenil son una
de las características del mundo occidental moderno" [11]. Cuando
es resultado de interacciones, la constitución de grupos de personas jóvenes
toman características diferentes entre sí y pasan por "crisis"
también diferentes. Lo que pasa frecuentemente es que tomamos un tipo de
hegemónico grupo para definir lo que es "la" juventud.
La
construcción social del concepto de juventud se revela claramente cuando
se busca definirlo. Una aproximación sería ubicarla en determinada
edad fija (por ejemplo entre 17 y 25 años). Pero este acercamiento cronológico,
casi matemático, no consigue abarcar las variables sociales a las que se
someten las personas dentro de esta edad. Las experiencias que desarrollan estas
personas en el trabajo, en el estudio, en la búsqueda de relaciones sociales,
escapan al simple criterio de edad. Por otro lado, el esfuerzo de comprender la
juventud en referencia a la inmadurez-madurez, como fase de la vida, también
tienen sus problemas. La madurez es un producto de relaciones dialécticas.
"Es en la interacción con el ambiente, con el otro, que las personas
maduran psicológica, emocional, intelectual, social, política y
espiritualmente. No sólo en la niñez, período supuestamente
inmaduro, en oposición a la adultez, edad supuestamente caracterizada por
la madurez. Es durante toda la vida que se madura"[12]. La madurez se va
dando en las personas de una manera variada, a través de sus procesos de
elaboración personal de las interacciones.
Es importante recordar también
que la juventud se define frecuentemente por un rol social, caracterizado por
modos de conducta, tipo de ropa, maquillaje, lenguaje, etc. Esta etiqueta trae
dos tipos principales de complicación: cierta frustración para quien
se percibe incapaz o impedido de cumplir con las exigencias de ese modelo; y por
otro lado, el intento de personas que avanzan en la edad biológica buscando
ansiosamente mantener los comportamientos de este imaginario.
¿Entonces
no existen ni los jóvenes ni la juventud? No es esto lo que estamos diciendo.
Enfatizamos que el proceso de desarrollo humano tiene sus etapas más o
menos configuradas en términos biológicos, psicológicos,
sociológicos y semejantes; que los individuos y grupos están sujetos
a la integración en este proceso y que, por consiguiente, "ser joven"
no pasa automáticamente por una variable como la edad; y mucho menos pasa
por un grupo de comportamientos estandarizados, supuestamente característicos
de "ser joven". Tenemos, de hecho, mucha base de realidad para hablar
del joven y de la juventud. Pero al identificar joven y juventud, hacemos una
representación a través de una selección de criterios que
nosotros mismos hacemos, donde encontramos de alguna manera construida la sociedad
y presentada como unimaginario de la "juventud de hoy". Una conclusión
de estas observaciones es no negar que hay jóvenes y juventud, pero sí
para afirmar que este tipo de juventud de la que hablamos no agota las posibilidades
existentes de "ser joven hoy". Es más evidente la necesidad de
percibir los filtros que se aplican para decir qué es ser joven y juventud.
Al mismo tiempo, se pone la atención en los diferentes factores y sujetos
que entran en la red de interacciones de los que resultan determinado tipo de
joven y de juventud.
4.- Algunos lugares latinoamericanos
de la crisis de valores morales de la Juventud
Por lo que hemos visto
hasta ahora, podemos resaltar en la crisis de valores de la juventud dos grandes
polos de referencia: los mismos sujetos, en el proceso de su desarrollo humano;
y el gran grupo de la sociedad que los alberga con sus situaciones y contextos.
Estamos así llamados a entender los cambios de valores en la juventud a
partir de dos ángulos que son: la herencia personal de los sujetos, y el
que los ofrece o impone: la sociedad y sus situaciones. Lo que resulta de semejante
interacción no es una fórmula matemática, sino una elaboración,
de una manera personalizada, variada y creativa que felizmente garantice la biodiversidad
de las tipologías humanas. No existe por tanto una juventud latinoamericana
igual y homogenea[13], lo mismo se pueden encontrar factores hegemónicos
provocadores de condiciones sociales y por consiguiente de tendencias dominantes
en la configuración de la juventud en el Continente. Privilegiando inquietud
sobre los cambios de valores morales en la juventud. Veamos algunos hechos que
componen tanto la herencia personal de los jóvenes, como las ofertas y
condiciones de la sociedad.
a) Raíces y confrontaciones culturales:
El Continente latinoamericano es un tejido de culturas diferentes con una tradición
rica de valores morales. Antes de enfatizar la presión a las que las culturas
no hegemónicas están sometidas, parece importante tomar en cuenta
a los segmentos de jóvenes dentro de sus grupos culturales y ver qué
bagaje llevan para ubicar sus posibles relaciones con otros contextos y situaciones.
Cuando hablamos de raíces culturales, estamos poniendo la atención
en primer lugar en los grupos de jóvenes presentes en las culturas indígenas
de larga tradición en América Latina y que reciben por esta vía
importantes referencias éticas y códigos morales[14]. Pero también
estamos mencionando a las culturas preindustriales presentes en las pequeñas
ciudades y en los ambientes rurales. Esto se vuelve más relevante al confirmar
que el origen vocacional de la Vida Religiosa en América Latina tiene una
matriz predominantemente pre-industrial, de una manera general rural, como afirma
una encuesta hecha en Brasil[15]. La percepción de la juventud por el camino
de las culturas ayuda a relativizar el mito por el cual se nombra a la "juventud"
pensando siempre en jóvenes blancos, urbanos, de clase media y liberal.
Esta consideración de las raíces culturales es de gran importancia
para evaluar el alcance de las características del cambio o de la crisis
de valores morales de estos segmentos de jóvenes concretos si se ponen
bajo el impacto o el influjo de otras culturas dominantes, particularmente de
la cultura moderna.
b) Trabajo. elaboración de sentidos y utopías:
Desplegando las varias caras de la cultura (post)moderna, estamos entrando, como
vimos antes, en las relaciones de la producción y elaboración de
vida como un gran eje para pensar la crisis de los valores de la juventud. Una
cadena larga de implicaciones antropológicas pasa por los cambios en los
modos de producción. Las propias familias con sus modelos diferentes, aunque
entendidos como lugar privilegiado de la transmisión de valores morales,
son afectadas por los cambios en los modos de producción y se ven afectadas
cuando cambia el código de valores que los rigen y que transmiten a sus
(ahora pocos) hijos[16]. La familia continúa siendo un lugar de elaboración
de sentido, privilegiado por la fuerza que dan las relaciones afectivas. Pero
es por el condicionamiento a la que se ve sometida, sea porque ella deja de ser
una unidad de producción, que es preciso buscar fuera de ella los factores
determinantes de valores morales. Lo que pasa con las oportunidades y condiciones
de trabajo parece ser tino de estos factores.
¿Qué se le ofrece
a la juventud en este área? "En casi todos los países de América
Latina (...)la juventud constituye la mitad de los desempleados". En la ciudad
de São Paulo, por ejemplo, el desempleo de los jóvenes entre 15
y 19 años es de casi 40%; y de los jóvenes entre 20 y 24 años
oscila alrededor del 20%[17]. Sería preciso analizar qué perspectivas
ofrecen los empleos existentes para la construcción de una vida digna.
¿Qué hacer de la vida, cuando las puertas de la realización
personal, a través del trabajo digno, se cierran o son tan estrechas y
poco estimulantes? No es difícil percibir la conexión que existe
entre la frustración y la violencia, la delincuencia, el tráfico
y el consumo de drogas, la formación de bandas, etc. El alejamiento de
las relaciones de trabajo productivo lleva a no valorar el trabajo de las personas,
el costo de la vida y de los bienes de consumo; implanta la regla de la "ganancia
fácil", pragmáticamente más redituable. Las reglas y
los comportamientos morales permean estas formas de producir la vida, inclusive
con códigos muy rigurosos Y en medio de las ambigüedades que los rodean,
se vuelve más difícil hacer una apreciación ética
de las actitudes y conductas concretas que tales jóvenes asumen, cuando
se percibe que, en última instancia, viven una "ética de sobrevivencia".
Con frecuencia surgen críticas sobre la poca creatividad de las nuevas
generaciones o de que tienen un diluido espíritu de lucha. ¿Pero
qué lugar ocupan las nuevas generaciones en esta nueva sociedad envuelta
en la fascinación tecnológica?; ¿qué oportunidad tienen
de participar en la producción de bienes de consumo, en la construcción
de relaciones y en la elaboración de significados? En la medida en que
se tienda a hacer de los jóvenes sólo consumidores y no compañeros
de la producción, seguiremos recogiendo frutos de apatía, rebeldía
y de "producción independiente".
c) Globalización
e imaginación: La comunicación es hoy otro lugar indispensable para
estudiar la crisis y reelaboración de los valores morales de la juventud.
Los recursos traídos por la informática permiten conectar el mundo
en un ambiente que facilita el cambio y consumo de información, de transferencia
de imágenes, ideas, diferencias. Los medios de comunicación no producen
los valores morales propiamente, pero refuerzan aquellos que transmiten. Además,
propician una atmósfera de encuentro común en el que, para la juventud,
se fortalece un imaginario de su vida, de su realización personal y de
sus correspondientes valores y comportamientos morales. No hay que menospreciar
la libertad creativa con que las personas jóvenes concretas participan
en estas redes de comunicación. Pero también es innegable el poder
de influencia que tienen los modelos ofrecidos. La moda, el deporte, algunos intereses
principales, la manera de ser joven". Una tendencia es, por consiguiente,
la de reforzar algunos modelos de juventud, a través de un planteamiento
virtual.
En síntesis, la juventud en Latinoamérica está
compuesta de una diversidad de modelos, con cuadros diferentes de valores morales.
Esta diversidad es garantizada por diferentes raíces culturales que componen
la herencia latinoamericana; por las desigualdades profundas de condiciones económico-políticas,
que colocan a gran número de jóvenes en el umbral de la esperanza
y de la lucha por la sobrevivencia. Al mismo tiempo se percibe la fuerza de un
modelo que tendencialmente se refuerza, alimentado por el ethos de la cultura
moderna.
5.- Tendencias de un perfil moral de juventud
en la cultura moderna
Ahora podemos intentar trazar un perfil
moral de la juventud, en las actitudes, conductas y aspiraciones que se muestran
como tendencia en la cultura moderna. Sabemos entonces que estamos hablando de
las tendencias de un modelo y no de la juventud en general. La ganancia de este
esfuerzo deriva quizás de la fuerza hegemónica del modelo del que
estamos hablando. Los temas que aquí señalo pretenden ser más
sugerentes que analíticos, razón por la cual no nos preocupamos
enviando a sus fuentes o sus fundamentaciones teóricas[18].
Al mencionar
un aspecto, no lo aislamos de un conjunto. Y al aludir un comportamiento, nos
referimos frecuentemente a un mundo complejo de significados. Podemos encontrar
un ejemplo de esto cuando analizamos la fascinación de la juventud por
la noche, una tendencia que hoy incluso se verifica entre los pre-adolescentes.
Puede notarse que ella se vuelve para los jóvenes en un espacio de libertad
y autonomía, con respecto a los adultos; un lugar de denuncia y rebeldía;
expresión de moda; espacio de violencia invisible a los adultos; escape
de un mundo alienado, carente de proyectos personales y sociales relevantes, y
por consiguiente, intento de escapar de una frustración el subliminal constante;
máscara que esconde el miedo al futuro a través de una huida liberadora
del presente[19]. Veamos algunos fragmentos de este mosaico.
a) Aprecio
de los valores de la subjetividad: En sintonía con la cultura moderna que
privilegia al individuo, esta juventud se muestra más atraída por
los valores e intereses de los individuos y los grupos pequeños como los
que se empeñan en la transformación completa de la sociedad. Los
movimientos sociales que más les atraen son los que se relacionan con sentimientos
humanitarios y ambientales; y mucho menos los de cuño más político-militante.
La dimensión lúdica, deportiva y cultural predomina sobre lo reivindicativo
o de influencia social; las instituciones que más les inspiran confianza
son las que se basan en las relaciones interpersonales: La Iglesia, prensa, sindicatos,
instancias gubernamentales tienen un nivel medio de aceptación; con oportunidad
de una mayor aceptación en la medida en que se muestren más democráticos
y más cercanos a la vida cotidiana. Otros aspectos que muestran la valoración
de la subjetividad aparecen más adelante.
b) Actitudes de tolerancia
o de relativismo: Esta juventud acepta con más facilidad el pluralismo
ideológico y social. Es posible hasta encontrar expresiones de intolerancia,
pero esto no parece ser la tónica. Se ven las diferencias culturales y
de comportamiento con más naturalidad y dan la impresión de un relativismo
moral. Los periodistas informaron que en el encuentro del Papa Juan Pablo II con
cerca de cuatrocientos mil jóvenes en Denver (USA), mientras el Papa condenaba
las relaciones sexuales fuera del matrimonio, el uso de drogas etc., las juventudes
reían y aplaudían. Una buena relación grupal y festiva se
pone por encima de las divergencias de opinión o de convicciones. La juventud
se inclina a aceptar a las personas en el conjunto de sus circunstancias sin llegar
a discutirlas. Estaría aquí la expresión de una sociedad
bajo la señal del pluralismo; bombardeado por imágenes y diversificación
de mensajes. La síntesis conclusiva es de la aceptación de las personas
en sus trayectorias y expresiones.
c) Sentimiento de inseguridad y de
autoafirmación: Más exactamente porque bajo el impacto del pluralismo,
puede notarse la inseguridad y la necesidad de autoafirmación de esta generación
(post)moderna de jóvenes. La afirmación del individuo no consigue
ser suficientemente fuerte para superar el anonimato en medio del pluralismo.
"El déficit de identidad personal es enormemente grave en el mundo
juvenil. De ahí que se busque una 'identidad prestada' en grupos de tiempo
libre o de carácter religioso, en tribus urbanas, en grupos violentos de
ideologías extremistas, en sectas, que acogen a jóvenes sin una
identidad lograda, dándoles un apoyo colectivo que llene el vacío
psicológico. Esta falta de identidad acaso explique la obsesión
por la imagen: una fachada atractiva camufla la debilidad de la estructura[20].
La ropa y la moda en general, instrumentos de uso "consagrado" entre
los jóvenes, como el medio, símbolo , símbolo de un grupo,
son recursos que buscan llenar la necesidad social de pertenecer a un grupo. También
expresan esta ansiedad de auto-afirmación. La inseguridad personal frecuentemente
lleva aneja una baja autoestima que, en el fondo clama por un nido afectivo, un
clima de acogida y de calor humano, independientemente de otras diferencias.
d) La amistad como valor: Se entiende en este conjunto de sensibilidades
que vamos describiendo, que la amistad adquiere un significado especial para los
jóvenes. Se vuelve un elemento afectivo del que se necesita, y al mismo
tiempo un encuentro de auto-afirmación y de reforzamiento de la identidad.
Una red de amigos significa de algún modo estabilidad emocional e integración
social para los jóvenes; de ahí la importancia de los grupos de
amigos y sus momentos de expresión e iniciativas. También por esto
en sus problemas, el/la joven no busca tanto una voz de un orientador de experiencia
como una persona amiga. Es típico el hecho que se verifica: en el período
de la formación, vemos más a los jóvenes conversando con
sus iguales de sus problemas íntimos, que con las personas encargadas de
la formación. En las relaciones interpersonales aparecen dos tendencias
aparentemente contradictorias: buscan relaciones que no generan compromisos serios,
pero al mismo tiempo, ansían la fidelidad.
e) Inserción
en la provisionalidad: Sabernos como la cultura moderno trajo un nuevo concepto
espacial, pero también cambió substancialmente la inserción
humana en el tiempo. La velocidad del movimiento, el bombardeo rápido de
mensajes y la alternancia de imágenes, el progreso de las ciencias y tecnologías,
el crecimiento de la productividad y el exacerbamiento del consumo, contribuyen
en su conjunto a dar velocidad a la vida y generar un sentimiento profundo de
que todo es provisional. El futuro se vuelve una incógnita y de una cierta
manera también una amenaza angustiante. La juventud, más que el
mundo del adulto, vive esta nueva temporalidad y expresa en su vida las consecuencias.
Este sentimiento de provisionalidad abarca todas sus relaciones, a veces de una
manera contradictoria, como mencionamos previamente con respecto a la amistad.
Así, la juventud con facilidad se abre más a certezas absolutas
y de referencia más duraderas. Sus opiniones y sentimientos pueden cambiar
rápidamente. "Esto genera en los/las jóvenes un acusado pragmatismo,
orientado hacia lo útil en cada instante, que le lleva incluso a la construcción
de sus propios universos éticos, dotados de una gran habilidad y de escasa
consistencia. Todo esto conduce a formar personalidades sin convicciones sólidas,
sin certezas asimiladas vitalmente, que no se sienten capaces de opciones definitivas
que comprometan para siempre"[21]. La juventud carga un fuerte sentimiento
de solidaridad, tiene simpatía por ella, pero sobre compromisos frágiles.
f) Valoración del placer y de la fiesta: La cultura moderna, aunque
experimente una profunda ambigüedad de desigualdad, de exclusión,
y albergue los dolores de una humanidad en su mayor parte empobrecida, no obstante
todo esto, cultiva sueños de la felicidad y de placer; de ocio y de tiempo
libre. La juventud moderna tiende a vivir al máximo esta propuesta y los
recursos que se le ofrecen. Distanciada de las relaciones de trabajo, como ya
mencionamos, tiende a no cultivar grandes aspiraciones económicas así
como no tener una necesidad de ahorrar. Los propios padres son, muchas veces,
los que favorecen esta tendencia, al querer ofrecer a sus hijos aquello que, en
términos de consumismo, ellos mismos no tenían en su juventud. El
tiempo de la fiesta se vive como libre de las coerciones y normas.
Junto con
la fiesta, el placer merece observaciones específicas. Aunque la sociedad
contemporánea no prescinda de formas de culpabilización, es bastante
evidente como se distancia hoy la relación entre placer y culpa. Así,
se vuelve difícil para los jóvenes percibir y reconocer los límites
o por lo menos las posibles ambigüedades éticas entre el placer y
la fiesta. Se vuelve antológico en este sentido el caso de los jóvenes
que en Brasilia, se embriagaron y prendieron fuego a un indígena pataxó
que dormía en un jardín. Incriminados por la muerte del indígena,
ellos se defendieron diciendo que simplemente tenían la intención
de divertirse más no de matarlo.
En la antítesis del placer,
el sufrimiento, el dolor y la renuncia se vuelven problemáticas para la
juventud moderna. Cargando quizás un poco la tinta, Jiménez Ortiz
afirma que los jóvenes "adolecen de poca capacidad para soportar el
sufrimiento y la renuncia. Su escasa consistencia psicológica los hace
enormemente vulnerables. La búsqueda de la gratificación inmediata
condiciona la solidez de todo compromiso. No resulta comprensible una opción
que deba mantenerse con el esfuerzo ascético. Para la actual generación
de jóvenes, la noche se ha convertido en su símbolo por excelencia:
es el tiempo 'sin tiempo', sin reloj y sin horario, es el espacio de la libertad
sin disciplina y sin exigencias externas, es el lugar de la ambigüedad y
de la seducción, de las emociones y de la fragilidad, del placer y de la
vulnerabilidad"[22].
g) Apertura al trascendente: La apertura de
la juventud al trascendente, al mismo tiempo que innegable, se rodea de una pluralidad
de sentidos, y como otros se impone en la sociedad de hoy. Los muchos signos religiosos
más o menos explícitos incorporados en la ropa y los adornos revelan
por lo menos un sentimiento vago de trascendencia que la juventud cultiva. Las
expresiones religiosas explícitas, en general, tienden a participar de
las características previamente apuntadas. No es tan fácil, con
la juventud, pasar de la fe al compromiso. Es posible que una participación
en los grupos religiosos signifique más una afirmación de "pertenencia"
que de "creencia"[23]. La búsqueda del trascendente se compone
y no podría ser diferente, como un conjunto de necesidades experimentadas
por los jóvenes, particularmente en términos de solución
de sus angustias, de recuperación de autoestima, de afirmación de
su identidad e integración social, de búsqueda de un sentido de
vida capaz de potencializar el enfrentar al futuro.
6.-
Algunas conclusiones en síntesis
Buscando sintetizar algunas
conclusiones, podemos destacar los siguientes puntos:
- Cuando hablamos de
"valores morales", es importante notar que éstos están
frecuentemente constituidos por hábitos establecidos en un grupo o sociedad
y que deben subordinarse a la valoración ética. Asimismo, la crisis
y cambio de valores morales no significa necesariamente una amenaza o un peligro,
se puede ver como algo saludable.
- La crisis de valores relacionada con la
juventud tiene un contexto sociocultural amplio del cual la juventud es parte.
No se puede aislar a la juventud de este contexto.
- Cuando hablamos de "juventud",
nos referimos a una pluralidad de modelos, que no pueden ser homogeneizados sin
grandes pérdidas. Cada modelo está en relación a diferentes
situaciones y herencias morales. En América Latina, son importantes para
comprender a la juventud, las diferentes raíces culturales como son sus
diferentes herencias morales, las diferentes clases sociales, entre los cuales
destacan los jóvenes pobres y trabajadores; jóvenes marginales y
expuestos a la delincuencia y al consumo de drogas; jóvenes de clase estudiantil
urbana.
- Existe un modelo que se puede entender hoy como hegemónico.
Esta hegemonía se expresa en la tendencia de la cultura moderna a imponerse.
También se ejerce por la fuerza de una imposición virtual, estableciendo
patrones de comportamiento y de referencia. Es posible retomar algunas tendencias
morales características de ese modelo.
- En las relaciones con la juventud
y sus valores morales, además de los desafíos de la pastoral, la
Iglesia puede verse interpelada desde dentro por algunos acentos como son la insistencia
en lo privado, en el tipo de relaciones del compañero-comunidad que defiende,
en el idioma que usa para proponer formas religiosas a los significados y en el
propio horizonte de sentido de vida que ofrece.
- El proceso formativo de
valores morales, para que sea evangélicamente conducido y al mismo tiempo
inculturado, exige cierta consideración de cómo los jóvenes
participan en la creación de logros en la vida social, es decir en la producción
y consumo de servicios, en la producción y "consumo" de relaciones,
en la producción y "consumo" de sentidos. Un proceso formativo
debe necesariamente ser participativo, superando relaciones simplemente institucionales,
impositivas y autoritarias.
- Ante las tendencias de elaboración moral
de la cultura moderna, la Iglesia los ve como el desafío de vivir radicalmente
los ideales del Sermón de la Montaña y de guiarlos hacia las utopías
del Reino de Dios, reconociendo sus propias ambigüedades e insuficiencias
en este sentido. Esto exige transparencia por un lado, y por otro también
la gradualidad en las demandas, para facilitar un crecimiento.
- La crisis
de valores morales de la juventud debe ser vista en el contexto bíblico
de "signos de los tiempos", provocadores no simplemente de una acción
misionera, sino también de una revisión interna, espiritual y organizacional
de la propia Iglesia.
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PAULO-SP
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Bibliografía
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Valle,
Edênio, Juventude: análise de uma opção. Public. CRB,
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[1]Profesor, doctor en Teología,
director del Instituto Alfonsiano de Teología Moral en São Paulo,
asesor de la CRB (Conferencia Nacional de Religiosos del Brasil); sacerdote redentorista.
[2]El presente estudio está publicado en REB 59(1999) f. 235. p. 530-550
[3]M. Vidal, Moral de Actitudes I Moral Fundamental, Madrid 1990, 6a, pg. 18ss.
(Ed. Santuario, Aparecida 1996. 34-36); J.L.L. Aranguren, Etica, Madrid 1972,
2ª, pg. 90ss.
[4]Ver E. Dussel, Etica Comunitária. Ed. Vozes.
Petrópolis 1986. 43-44; 63-64; E. Dussel, Pode-se legitimar uma ética
diante da 'pluralidade' histórica das morais? En "Concilium"
170(1981/1)75-85. Denomina este proceso como moral intra-sistémica.
[5]Cfr. M. Vidal, oc. pg. 167.
[6]Se puede decir que también la ética
está en crisis y sus métodos y criterios de analizar (ética
fundamental) y de reinterpretar la moral (ética aplicada). Pero aunque
relacionadas, la crisis de la moral y de la ético son dos cosas distintas
[7]Jiménez Ortiz, Antonio, ¿Cómo anunciar la experiencia
cristiana a la juventud actual? En Proyección 44 (1997) 49-66; Selecciones
de Teología 37 (1998), n. 145 pg. 49 (citamos por Selecciones de Teología).
[8] Cfr. M. Fabri dos Anjos (org.), Teologia e novos paradigmas. Ed. Loyola. S.
Paulo 1996; idem. Teologia aberta ao futuro. Ed. Loyola, S. Paulo 1997.
[9]Jiménez
Ortiz. Antonio. Ibidem 49.
[10] Benedetti, Luiz R., Juventude: 20 anos entre
e a ilusão e a realidade. En Vida Pastoral 26 (1985) 124, p. 2. Cfr. Brito,
Sulamita (org.) Sociologia da juventude. I e II, Ed. Zahar, Rio de Janeiro, 1968.
[11] Valle Edenio, Psico-sociologia e Educação da Juventude. Enstituto
da Familia. São Paulo, 1986, p. 41-42.
[12] Valle, Edenio, oc. p. 47.
[13]Valle, Edenio, oc. p. 178.
[14] Se percibe mejor la riqueza de tales raíces,
cuando se hacen análisis más específicos. Ver por ejemplo
el estudio de Pedro Larico, Entoduccion a la ética en las culturas Aymaras
del Altiplano. Dissertação de Mestrado, Enstituto Alfonsianum de
Etica Teológica, São Paulo, 1994.
[15] Esta encuesta indica
que cerca del 70% de los religiosos/as del Brasil "tuvieron su origen en
ciudades con menos de 20 mil habitantes". M. Fabri dos Anjos, Perfil da Vida
Religiosa no Brasil, 1998. Leitura teológica. En CERIS-CRB, Vida religiosa
no Brasil, Pesquisa e Primeiros Resultados. Aparecida, 1998, p. 62.
[16] Ribeiro,
Ivete (org.). Familia e valores: sociedade brasileira contemporânea. Ed.
Loyola, São Paulo, 1987.
[17]Madeira, Felícia R.; Rodrigues,
Eliana M., Recado aos jovens: rnais qualificação.En CNPD, Jovens
acontecendo na trilha das políticas públicas. Brasilia, Publ. Menistério
do Planejamento orçamentário, 1998. Cit. CNBB, .A fraternidade e
os desempregados. Manual CF-99. Ed. Salesiana D. Bosco, S. Paulo, 1999. n. 25.
[18]Al desarrollar estos tópicos. utilizamos el interesante artículo
de Jiménez Ortiz, Antonio, ¿Cómo anunciar la experiencia
cristiana a la juventud actual? En Proyección, 44(1997)49-66. Selecciones
de Teología, 37 (1998) 145. 47- 62.
[19]Ríos Martín,
J.C., La noche de los jóvenes ¿Moda o rebeldía?En Sal Terrae
85(1997)877-886.
[20]Jiménez Ortiz, A., oc. 52.
[21]Jiménez
Ortiz, A., oc. 54.
[22]Jiménez Ortiz, A., oc. 54-55.
[23] Benedetti,
L. R., Entre a crença coletiva e a experiència endividual: renascimento
da religião. En Fabri dos Anjos, M. (org.). Sob o fogo do Espírito.
Ed. Paulinas, S. Paulo, 1998, 61-79