Los jóvenes necesitamos razones para luchar, motivos que den sentido
a nuestra vida, sueños, vida experiencias, amigos con los que sentir
que la vida merece la pena, una familia que apoye y dialogue.
Cuando empiezas a formar parte de una ONG, un voluntariado, movimiento religioso
o cualquier comunidad que te acoge con los brazos abiertos, sin barreras
ni prejuicios, descubres que no eres un ser individual y aislado en un mundo
propio, descubres que nos estás solo, que necesitas de los demás,
y lo que es más importante, que los demás también necesitan
de ti.
Es
precioso conocer una verdadera realidad, una realidad que a veces, a
la sociedad no le interesa que conozcas, un mundo que está sediento
de ti, y de mi...
Dentro
de cada joven, hay mucha vida, que dar, que recibir y vivir al 100 %,
estamos en un momento en el que se nos critica por nuestra forma de
actuar y de ser, no somos todo lo que veis, pero tampoco veis todo lo
que somos.
Los
jóvenes necesitamos metas, sueños que nos hagan perseguir
aquello que nos hace verdaderamente personas, necesitamos comprender
que no todo es comodidad y facilidades, necesitamos ver en el mundo
cual es el motivo de nuestra vida, qué es lo que realmente vale
la pena vivir.
Me crucé con Cristo un día, y me dijo que seguía
necesitando de mi, que seguía apostando por los hombres, que
mirara a mi alrededor y fuera yo misma, la respuesta de vida que busco
en el mundo.