paz y no violencia
la desobediencia civil ante la injusticia social


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mahatma Gandhi
Artículo de Pietro Ameglio
SERPAJ-Morelos, 30 de enero de 2002.

 

GANDHI
"No hay camino para la paz, la paz es el camino. "
"Ojo por ojo, y el mundo acabará ciego"


La desobediencia civil ante la INJUSTICIA SOCIAL
54 AÑOS DE LA MUERTE DE MAHATMA GANDHI
EL 30 DE ENERO HA SIDO DECLARADO /
"DIA INTERNACIONAL DE LA NO VIOLENCIA ACTIVA"

Mohandas K. Gandhi (1869-1948), llamado por el pueblo hindú, a su pesar, Mahatma (Alma Grande), ha sido uno de los revolucionarios más importantes en la historia de la humanidad; en el siglo XX, incluso probablemente fue la figura más importante y original; diría yo, el mayor humanista del siglo; el padre de la sistematización no violenta.

La muerte-martirio de Gandhi a manos de un radical brahmán de su propia religión hinduísta, nos coloca en primer término ante la dimensión del fanatismo religioso que había originado la separación de una parte de la India para crear el Paquistán musulmán, y marcó además el inicio de la derrota, en la India, del modelo económico gandhiano, basado en una profunda impugnación a la civilización capitalista e industrial occidental.

"Oh, Dios" fueron las últimas palabras que susurró antes de morir, en medio de una plegaria ecuménica comunitaria: "Rezo para que se me recuerde como un impostor si en el último momento tengo alguna palabra de odio contra mi asesino". Gandhi buscó toda su vida llevar a cabo este principio fundamental de la no violencia activa y lo cumpliÓ plenamente en su muerte. Además, desde los comienzos de su vida pública, Gandhi se había opuesto a que en su religión siguieran existiendo los intocables (harijans) y realizó, poco tiempo antes de morir, un ayuno para despertar la conciencia de hinduístas, musulmanes y sikhs ante la sanguinaria guerra religiosa que enfrentaban entre ellos.

Su profundo respeto hacia el adversario o enemigo, así como su macroecumenismo, nacen de una concepción de Dios como "la Verdad y el Amor" y de la religión "no como un conjunto de ritos y costumbres". Esa verdad consistía en una búsqueda, en realizar continuas experiencias con uno mismo y junto a la fuerza de los demás, no era algo inmóvil y absoluto, tenía además un inmediato correlato social. En efecto, decía Gandhi, "mi devoción a la verdad me llevó al campo de la política; y puedo afirmar que aquellos que sostienen que la religión nada tiene que ver con la política, no conocen el significado de la religión".

Su lucha social se basó en dos ideas fundamentales: ahimsa (no-matar a ningún ser vivo) y satyagraha (fuerza de la verdad). Seria un grave error creer que esa "fuerza de la verdad", o sea, la dimensión activa de la no violencia, sea algo pasivo, la simple ausencia de violencia. Por el contrario, según Gandhi, se trata de la más violenta de las violencias, sólo que utiliza otras armas: tocar la conciencia del Otro sin destruirlo; movilizar con gran determinación la fuerza moral y material individual y masiva, a partir de un conjunto de cuerpos estratégicamente colocados y coherentes. Se trató de un gran movimiento de masas, con alianzas claves entre las diferentes clases sociales hindúes articuladas en el Partido del Congreso, que basó la radicalidad final de sus acciones en la construcción masiva de acciones de nocooperación y desobediencia civil ante el poder económico, político y militar inglés, bajo la consigna de no colaborar o desobedecer toda orden o ley injusta o inhumana.

Inició, en paralelo a las acciones de resistencia en las calles, un proceso profundo de autodignificación de cada individuo y del pueblo hindú, de reconciliación entre identidades sociales fragmentadas y confrontadas secularmente entre sí, base para mantener luego la firmeza permanente en las acciones de lucha social con desobediencia a lo inhumano.

En el movimiento gandhiano y nacionalista hindú destacó la realización de la marcha de la sal (1930) donde, después de caminar cientos de kílómetros, y en oposición a la ley de monopolio inglesa, millares de hindúes extrajeron la sal con sus manos del océano e hicieron, con fuego, su propia sal. El valor real y simbólico de estas acciones fue muy fuerte y desencadenó la participación masiva de los hindúes en la lucha por su independencia, a partir de la toma de conciencia generalizada de la prioridad de lo legitimo por encima de lo legal (es un deber de conciencia desobedecer las leyes injustas y si es necesario pagar esto con cárcel); se afectó también al monopolio económico inglés y sus industrias en la madre tierra.

Un punto a resaltar en toda esta experiencia de lucha no violenta activa, y tan distante de los valores maquiavélicos de la modernidad occidental, es la relación que Gandhi establecía entre los medios y los fines. La mayor equivocación, para él, "es creer que no hay ninguna relación entre el fin y los medios. Esa equivocación ha hecho cometer crímenes innumerables... Los medios son como la semilla y el discípulo como el árbol... El fin vale lo que valen los medios". Esta ética de vida y de la lucha social está a la base del tipo de paz y justicia social que deseamos.

Si algo tuvo el Mahatma, fue la gran complejidad de su persona y áreas de interés que lo llevaron a interesarse y actuar con originalidad en campos tan amplios como la religión, la salud, la política, la economía, la educación, la lucha social, la identidad cultural, etc. Un riesgo es sin duda creerlo un super-hombre, casi perfecto. Si hay algo apasionante en su vida es el observar cómo, en medio a sus profundas limitaciones de clase, de salud, de carácter, de cultura, de intelecto, él se fue construyendo y encabezó un proceso de lucha popular muy grande acompañada de toma de conciencia y dignidad, frente al mayor imperio mundial del momento. Fue tal la simbiosis que se fue creando entre Gandhi y el pueblo hindú, en especial los más marginados, que Gandhi repetía que antes de tomar una decisión, se debía traer a nuestra mente a la persona más pobre que conociésemos, pensar en qué le beneficiaría a él esa acción y sólo si le trajese un bien a él, entonces realizarla.

 

LA NO VIOLENCIA ACTIVA HOY OíA

¿ Qué tienen Gandhi y la no violencia activa que decirnos hoy día? Creemos que aportan bastantes elementos para la reflexión y la acción. Hoy en día, cada vez más, en todo el mundo, a escalas diferentes, se reiteran las manifestaciones de protesta, resistencia y desobediencia civil y cívicas ante los atropellos de los poderes militares, económicos y políticos. Basta hacer referencia a que una de cada cinco personas en el mundo no sabe si comerá al otro dia, y que más de la mitad de México vive en condiciones de pobreza, para darse cuenta de la magnitud de lo inhumano y la espiral de conflictividad social que se va originando con estos justos reclamos de justicia social. A su vez, imperan en la política mundial las soluciones de fuerza unilateral genocida o represiva (bombardeos, sanciones del FMI, arrestos y torturas por simples sospe.chas...) disfrazadas de búsqueda de la paz con seguridad, en medio de continuas hipocresías y dobles morales corruptas: los amigos y enemigos se transforman según los intereses coyunturales; todo el mundo debe protegerse y pagar tras las rejas de su propia seguridad.

En lo internacional, tenemos así las resistencias globalifóbicas desde Seattle hasta Génova, las luchas del movimiento Chipko en la India; en lo continental, las recientes protestas callejeras masivas del pueblo argentino con cacerolazos y lIaverazos indignados ante el desfalco y la corrupción gubernamentales; también empiezan a emerger con fuerza las resistencias a la imposición del Plan PueblaPanamá y el Plan Colombia, con todas las consecuencias de destrucción, expropiación de riquezas naturales y empobrecimiento del pueblo; frente a ello el Movimiento de los Sin Tierra de Brasil y el de la CONAIE en Ecuador siguen siendo una fuerte referencia de Programa Constructivo alternativo eficaz, como el que propuso Gandhi para la India después de su independencia. En México, destaca el movimiento indigena nacional y sobre todo el zapatista, que tiene muchos puntos en común gandhianos, sobre todo en la construcción de fronteras -límites corporales y geográficos dentro de los cuales se ejercitan prácticas acordes a la cultura que se quiere impulsar desde la lucha-, donde la resistencia civil se complementa con un original proceso de autonomias locales y regionales.

Ante este panorama mundial y local, la
coherencia y búsqueda de la verdad gandhianas, así como la necesaria fuerza moral y material que hay que activar en forma novio lenta para resistir y proponer alternativas, se hacen imprescindibles.