Este es el fin del matrimonio: vivir juntos para vivir mejor. Y esto se consigue con comunicación. Poniendo mucho interés en compartir vida, en contarle al otro lo que vamos viviendo y en saber escucharle sin juicios, creando en nuestro interior ese calor de nido que acoge respetuosamente lo que el otro es y vive, siente, goza o padece. Muchas parejas mueren por falta de diálogo, por no comunicarse el uno al otro la vida. Se les ve "pasando" la vida con cara de aburrimiento y rutina. Hablemos de nuestro amor. Porque el amor que no se dice, se pierde.

Haz que entendamos, Padre del cielo, que todos somos de tu propiedad y que formamos una gran familia en la que nadie se queda atrás.

Los que son ricos, los que son pobres, quien vive libre y en la prisión. Los que nacieron, los que murieron, incluso aquél que jamás nació.

Nos damos cuenta que el mundo es bueno, todos hablamos de querernos más. Pero al final todo queda en familia ¡nos olvidarnos de la humanidad!

Los que a las puertas de las iglesias piden limosnas "por caridad"
no son distintos de los que entran y sí más dignos de poder entrar.


brotes de olivo


Los padres y quizás la parejita:
Y ya así la familia está al completo;
dos varones, dos hembras, buen cuarteto,
a que hoy la familia se limita.

El Mensaje a otra cosa nos invita,
aunque nunca es el número su objeto,
sino habla, por supuesto, de respeto,
y todo en positivo, nada quita.

De ese modo el amor será infinito,
sin que exista el odiado o predilecto,

ni lo malo, lo feo o lo bonito,
desde la libertad será perfecto,

Familia Universal, nada de mito,
que a eso llama Dios en su Proyecto.