Vencer sin convencer: La estrategia de la
manipulación al descubierto.
Para
dominar a las personas en algún aspecto de la vida y dirigir su conducta,
el manipulador no duda en emplear estrategias cuyo principal vehículo
es la imagen y el lenguaje, también en la manipulación ideológica,
de gran peligrosidad.
Pero
¿es posible defender la propia libertad frente a la manipulación?
En esta entrevista concedida a Zenit, Alfonso López Quintás,
revela el alcance actual de este fenómeno y los medios para combatirlo.
ZENIT:
¿Vivimos hoy con libertad?
Alfonso
López Quintás: No
basta vivir en una democracia para disfrutar de libertad interior. Podemos
tener toda suerte de libertades para maniobrar a nuestro arbitrio, y
estar, en cambio, dominados por nuestras apetencias y ser incapaces
de elegir en virtud del ideal que debemos realizar en nuestra vida.
Los medios de comunicación nos ofrecen un elenco de posibilidades
indefinidas para informarnos, distraernos, compartir otras vidas, asistir
a toda suerte de acontecimientos relevantes. Disponer de tales posibilidades
supone una impresionante libertad de maniobra, que nos da una impresión
de poderío y riqueza. Basta pulsar un botón para abrirnos
a un horizonte siempre nuevo de paisajes, conciertos, noticias, acontecimientos
de todo orden. Este incremento diario de nuestra “libertad de
maniobra” nos embriaga y seduce. La seducción y la embriaguez
nos empastan o fusionan con la realidad seductora y nos impiden tomar
la distancia necesaria para descubrir el riesgo que corremos de que
esa inmensa libertad de maniobra merme o incluso destruya nuestra libertad
creativa.
Si
queremos conservar esta última forma de libertad –indispensable
para llevar una vida auténticamente personal--, debemos analizar
con sumo cuidado qué es manipular, quién manipula, para qué
lo hace, qué medios moviliza para ello. Para aclarar bien estos temas,
distingo diversos niveles de realidad y de conducta según el rango
que ostentan. Los objetos y la actitud de dominio, posesión y disfrute
de los mismos constituyen el nivel 1. Las realidades de rango superior –obras
de arte, personas, instituciones...-- y la actitud a ellas debida de respeto,
estima y colaboración creativa forman el nivel 2.
ZENIT:
¿Exactamente
qué significa manipular?
Alfonso
López Quintás: Manipular
--en sentido éticamente negativo-- es tratar a una persona o
grupo de personas (nivel 2) como si fueran objetos (nivel 1), a fin
de dominarlas fácilmente y ponerlas al propio servicio. Esa forma
de trato implica un rebajamiento de nivel, un envilecimiento. Cuando,
en tiempos sombríos, se amontonaba a cientos de prisioneros (nivel
2) en un vagón de tren, como si fueran paquetes (nivel 1), y
se les hacía viajar así durante días y noches,
no se intentaba tanto hacerles sufrir cuanto envilecerles de tal forma
que se vieran unos a otros como seres abyectos y repelentes. Tal consideración
les impedía unirse entre sí y formar estructuras sólidas
que pudieran generar una capacidad de resistencia. Tal reducción
ilegítima de las personas a objetos es la meta del sadismo, actitud
que no indica tanto crueldad cuanto reduccionismo.
ZENIT:
--La
gravedad de estas conductas hace urgente determinar quién manipula...
--Alfonso
López Quintás:
Ciertamente. Hay padres de familia que se glorían de no hablar a
sus hijos de valores porque ello –afirman-- “significaría
manipularles”. Al decir esto, confunden “manipular” a
un niño con “guiarle”, “orientarle”, “acercarle
al área de irradiación de los grandes valores”. Este
error tiene consecuencias nefastas.
Manipula
el que quiere vencernos sin convencernos, es decir, el que intenta seducirnos
para que aceptemos lo que nos ofrece sin darnos razones. El manipulador
no habla a nuestra inteligencia, no respeta nuestra libertad (nivel 2);
actúa astutamente sobre nuestros centros de decisión a fin
de arrastrarnos a tomar las decisiones que favorecen sus propósitos
(nivel 1).
En
un anuncio en televisión se presentó un coche de lujo. En
la parte opuesta de la pantalla apareció súbitamente la figura
de una joven bellísima que no dijo ni una palabra ni hizo el menor
gesto; mostró sencillamente su imagen encantadora. De pronto, el
coche comenzó a rodar por paisajes exóticos y una voz nos
sugirió al oído: "¡Entrégate a todo tipo
de sensaciones!" . En este anuncio no se aduce razón alguna
para elegir ese coche en vez de otro. Se mezcla su figura con la de imágenes
atractivas automáticamente para millones de personas y se envuelven
todas en el halo de una frase llena de adherencias sentimentales. De esta
forma, el coche queda aureolado de prestigio. Cuando vayas al concesionario
de coches, te sentirás llevado a elegir éste por una especie
de automatismo (nivel 1). Y te lo facilitarán, pero no te darán
sin embargo la joven. En realidad, nadie te había prometido que si
comprabas el coche te darían la posibilidad de establecer una relación
con ella. Eso habría supuesto hablar directamente a tu inteligencia
y a tu libertad para proponerte una especie de trueque. Tal propuesta habría
sido moralmente cuestionable, pero no habría constituido una manipulación.
Los responsables del anuncio se limitaron a influir sobre tu voluntad de
forma oblicua, astuta. No te han engañado; te han manipulado, que
es una forma sutil de engaño. Han halagado tu apetito de sensaciones
gratificantes a fin de orientar tu voluntad hacia la compra irreflexiva
de ese producto, no para ayudarte a desarrollar tu personalidad y ser feliz.
Te han reducido a mero cliente. Esa forma de reduccionismo es la quintaesencia
de la manipulación, arte de seducir que opera a través de
automatismos, no de razones.
ZENIT:
--Además
de la manipulación comercial, las habrá más peligrosas...
--Alfonso
López Quintás: Lamentablemente.
La manipulación comercial suele ir aliada con la manipulación
ideológica, que impone ideas y actitudes de forma solapada, debido
a la fuerza de arrastre que tienen ciertos recursos estratégicos.
La propaganda comercial promueve a menudo entre la gente una actitud consumista
y la hace valer diciendo que el uso de determinado producto es signo de
elevada posición social y de progreso. Cuando se quieren imponer
actitudes e ideas referentes a cuestiones básicas de política,
economía, ética, religión..., la manipulación
ideológica adquiere suma peligrosidad. Por "ideología"
suele entenderse un sistema de ideas esclerosado, rígido, que no
suscita adhesiones por carecer de vigencia y, por lo tanto, de fuerza persuasiva.
Si un grupo social lo asume como programa de acción y quiere imponerlo
resueltamente, sólo tiene dos recursos: 1) la violencia, y aboca
a la tiranía, 2) la astucia, y practica la manipulación. Las
formas de manipulación movilizadas por razones "ideológicas"
suelen mostrar un notable refinamiento, ya que son programadas por profesionales
de la estrategia.
ZENIT:
--Por
lo que dice, se adivina cuál es la meta del manipulador. ¿Puede
profundizar en ello?
--Alfonso
López Quintás:
El manipulador no intenta hacer más felices a las personas, sino
dominarlas en algún aspecto de la vida y dirigir su conducta. La
manipulación comercial quiere convertirnos en clientes con el simple
objetivo de que adquiramos un determinado producto. El manipulador ideólogo
intenta modelar el espíritu de personas y pueblos a fin de adquirir
dominio sobre ellos de forma rápida, contundente, masiva y fácil.
Para
dominar al pueblo de esta forma basta reducirlo de comunidad a masa, concepto
más bien cualitativo que cuantitativo. Las personas, cuando tienen
ideales valiosos, convicciones éticas sólidas, voluntad de
desarrollar todas las posibilidades de su ser, tienden a unirse entre sí
solidariamente y estructurarse en comunidades. Debido a su cohesión
interna, una estructura comunitaria resulta inexpugnable. Puede ser destruida
desde fuera con medios violentos (nivel 1), pero no dominada interiormente
por vía de asedio espiritual (nivel 2). Si las personas que integran
una comunidad pierden la capacidad creativa y no se unen entre sí
con vínculos firmes y fecundos, dejan de integrarse en una auténtica
comunidad (nivel 2) y se masifican, se reducen a un montón amorfo
de meros individuos (nivel 1).
Al
carecer de cohesión interna, la masa es fácilmente dominable
y manipulable por los deseosos de poder. Ello explica que la primera preocupación
de todo tirano --tanto en las dictaduras como en las democracias, pues en
ambos sistemas políticos existen personas deseosas de vencer sin
esforzarse en convencer-- sea privar a la gente de capacidad creadora en
la mayor medida posible. Este despojo se lleva a cabo mediante las tácticas
de persuasión dolosa que moviliza la manipulación. El tirano
que ejerce la manipulación para incrementar el poder adquiere la
condición de demagogo.
ZENIT:
--Este
dominio del pueblo no es fácil en una democracia, porque en ésta
se pide transparencia y sinceridad...
--Alfonso
López Quintás:
El tirano lo tiene difícil en una democracia. Quiere dominar al pueblo,
y ha de hacerlo de forma dolosa para que el pueblo no lo advierta, pues
lo que prometen los gobernantes en una democracia es, ante todo, libertad
--“libertad de maniobra”, no “libertad creativa”--,
aún a costa de la eficacia. En las dictaduras se promete eficacia,
aunque sea con merma –si es necesario-- de las libertades –libertades,
asimismo, de maniobra--.
Los
medios que tiene en su mano el tirano para someter al pueblo mientras le
convence de que es más libre que nunca son el lenguaje y la imagen,
que es sumamente “elocuente” y ha de ser considerada como una
forma singular de lenguaje. El lenguaje es el mayor don que posee el hombre,
pero el más arriesgado, por ser ambivalente: tierno o cruel, amable
o displicente, difusor de la verdad o propagador de la mentira. El lenguaje
ofrece posibilidades para descubrir en común la verdad, y facilita
recursos para tergiversar las cosas y sembrar la confusión. Con sólo
conocer tales recursos y manejarlos hábilmente, una persona poco
preparada pero astuta puede dominar fácilmente a personas y pueblos
enteros si éstos no están sobre aviso. Para comprender el
poder seductor del lenguaje manipulador deberíamos estudiar cuatro
puntos: los términos, los esquemas , los planteamientos y los procedimientos.
Digamos solamente algo sobre el abuso manipulador de los términos.
El
lenguaje crea palabras, y, en cada época de la historia, algunas
de ellas se cargan de un prestigio tal que apenas hay quien se atreva a
ponerlas en tela de juicio. Son palabras "talismán" que
parecen condensar en sí todas las excelencias de la vida humana.
La palabra talismán por excelencia de nuestra época es «libertad».
Una palabra talismán tiene el poder de prestigiar a las palabras
que se le avecinan y desprestigiar a las que se le oponen o parecen oponérsele.
Hoy se da por supuesto --el manipulador nunca demuestra nada, da por supuesto
lo que le conviene-- que la «censura» –todo tipo de censura--
se opone siempre a «libertad», entendida, superficialmente,
como “libertad de maniobra”. En consecuencia, la palabra censura
está actualmente desprestigiada. Por el contrario, las palabras «independencia»,
«autonomía», «democracia», «cambio»,
«cogestión»... van unidas con la palabra «libertad»
y quedan convertidas, por ello, en una especie de «términos
talismán por adherencia».
El
manipulador saca amplio partido de este poder de los términos talismán.
Sabe que al introducirlos en un discurso, el pueblo queda intimidado, no
ejerce su poder crítico, acepta ingenuamente lo que se le propone.
Cuando en cierto país se llevó a cabo una campaña a
favor de la introducción de una ley pro-abortista, el ministro responsable
de tal ley intentó justificarla con este razonamiento: "La mujer
tiene un cuerpo y hay que darle libertad para disponer de ese cuerpo y de
cuanto en él acontezca". La afirmación de que "la
mujer tiene un cuerpo" está pulverizada por la mejor Antropología
Filosófica desde hace casi un siglo. Ni la mujer ni el varón
tenemos cuerpo; somos corpóreos. Hay un abismo entre ambas expresiones.
El verbo tener es adecuado cuando se refiere a realidades poseíbles,
es decir, a objetos (nivel 1). Pero el cuerpo humano --el de la mujer y
el del varón-- no es algo poseíble y disponible; es una vertiente
de nuestro ser personal, como lo es el espíritu (nivel 2). Te doy
la mano para saludarte y sientes en ella la vibración de mi afecto
personal. Es toda mi persona la que te sale al encuentro. El hecho de que
en la palma de mi mano vibre mi ser personal entero pone de manifiesto que
el cuerpo no es un objeto. No hay objeto alguno, por excelente que sea,
que tenga ese poder. El ministro intuyó sin duda que la frase "la
mujer tiene un cuerpo" no se sostiene en el estado actual de la investigación
filosófica, y para reforzar su argumento introdujo inmediatamente
el término talismán libertad: "Hay que dar libertad a
la mujer para disponer de su cuerpo...". Sabía que con la simple
utilización de ese término supervalorado en el momento actual,
millones de personas iban a replegarse tímidamente y a decirse: "No
te opongas a esa proposición porque está la libertad en juego
y serás tachado de antidemócrata, de fascista, de ultra...".
Y efectivamente así sucedió.
ZENIT:
--Realmente
hoy se percibe un temor «reverencial» ante este tipo de términos
manipuladores...
--Alfonso
López Quintás: Si
queremos ser de verdad libres interiormente, debemos perder el miedo a ese
tipo de lenguaje, y la mejor forma de conseguirlo es matizar el sentido
de las palabras. El ministro no indicó a qué tipo de libertad
se refería, pues la primera ley del demagogo es no matizar el lenguaje,
utilizarlo de forma borrosa para cambiar el sentido de las palabras según
le dicten sus intereses. De hecho aludía a la "libertad de maniobra",
la libertad --en este caso-- de maniobrar cada uno a su antojo respecto
a la vida naciente: respetarla o eliminarla. Pero esta forma de libertad
no es la única ni la suprema. Uno comienza a ser libre plenamente
–libre no sólo de trabas para actuar, sino libre para ser creativo--
cuando, pudiendo elegir entre diversas posibilidades, opta por las que le
permiten desarrollar su personalidad de modo pleno.
Ahora
respondamos a esta pregunta: quien utilice la libertad de maniobra contra
una persona en gestación, ¿se orienta hacia la plenitud de
su ser personal? Vivir personalmente es vivir fundando relaciones comunitarias,
creando vínculos. El que rompe los vínculos fecundísimos
con la vida que nace destruye de raíz su poder creador y, por lo
tanto, bloquea su desarrollo como persona.
ZENIT:
--¿Pero
ver esto no está al alcance de cualquiera?
--Alfonso
López Quintás: Esto
lo vemos todos claramente cuando reflexionamos. Pero el demagogo, el tirano
que desea conquistar el poder por la vía rápida de la manipulación
opera con extrema celeridad para no dar tiempo a pensar y someter a reflexión
detenida cada uno de los temas. Por eso no se detiene a matizar los conceptos
y justificar lo que afirma; da por hecho lo que le interesa y lo expone
con términos ambiguos, faltos de precisión. Cuando subraya
un aspecto, lo hace como si fuera el único, como si todo el alcance
de un concepto se limitara a esa vertiente. Así evita que la gente
a la que se dirige tengan elementos de juicio suficientes para clarificar
las cuestiones y hacerse una idea serena y bien depurada de las mismas.
Al no poder profundizar en una cuestión, la persona desorientada
tiende a dejarse arrastrar. Es un árbol sin raíces que lo
lleva cualquier viento, sobre todo si éste sopla a favor de las propias
tendencias elementales. Para facilitar su labor de arrastre y seducción,
el manipulador halaga las tendencias innatas (nivel 1) de la gente y se
esfuerza en cegar su sentido crítico (nivel 2).
ZENIT:
--Ello
explica por qué se manejan astutamente ciertas palabras y expresiones
que tienen que ver con el término «libertad»...
--Alfonso
López Quintás: Se
edulcora una práctica tan violenta e injusta como es el aborto denominándola
“interrupción voluntaria del embarazo”. Interrumpir algo
que está sucediendo suele ser una acción pasajera que podemos
reanudar después voluntaria y libremente. Ya aparece aquí,
veladamente, la palabra talismán libertad. Por si no se advierte
esta presencia, se añade el adjetivo “voluntaria”, que
implica claramente el ejercicio de la libertad de maniobra. Se rodea así
al aborto con un cierto aire de bondad y normalidad. Para neutralizar la
fuerza de esta actitud manipuladora, basta matizar dicho término
y preguntar al manipulador a qué tipo de libertad se refiere cuando
habla en este contexto de libertad. ¿Ejercita un modo de “libertad
creativa” quien se arroga el derecho de anular una vida en gestación?
El que responda positivamente ignora lo que implica la creatividad y la
libertad. Algo semejante se puede decir del uso manipulador que se hace
a menudo de términos y expresiones como «muerte digna»,
«aborto ético», «clonación terapéutica»,
«pre-embrión»...
ZENIT:
--En
estas formas de manipulación los medios de comunicación pueden
jugar un papel decisivo.
--Alfonso
López Quintás: Sin
la menor duda. El gran teórico de la comunicación M. MacLuhan
acuñó la expresión de que "el medio es el mensaje":
no se dice algo porque sea verdad; se toma como verdad porque se dice. La
televisión, la radio, la letra impresa, los espectáculos de
diverso orden tienen un inmenso prestigio para quien los ve como una realidad
prestigiosa que se impone desde un lugar para uno inaccesible. El que está
al tanto de lo que pasa entre bastidores tiene algún poder de discernimiento.
Pero el gran público permanece fuera de los centros que irradian
los mensajes. Es insospechable el poder que implica la posibilidad de hacerse
presente en los rincones más apartados y penetrar en los hogares
y hablar a multitud de personas al oído, de modo sugerente, sin levantar
la voz.
ZENIT:
--Entonces
la manipulación, cuando es masiva, puede menoscabar en extremo la
libertad para pensar, sentir y querer de forma adecuada a las exigencias
de la realidad. ¿Hay de algún «antídoto»
contra este peligro?
--Alfonso
López Quintás:
La práctica de la manipulación altera la salud espiritual
de personas y grupos. ¿Poseen éstos defensas naturales contra
ese virus invasor? Actualmente, es muy difícil reducir el alcance
de los medios de comunicación o someterlos a un control eficaz de
calidad. Es necesaria una preparación adecuada por parte de cada
ciudadano. Tal preparación abarca tres puntos básicos: 1)
Estar alerta, conocer los trucos de la manipulación. 2) Pensar con
rigor, saber utilizar el lenguaje con precisión, plantear bien las
cuestiones, desarrollarlas con lógica, no dar saltos en el vacío.
Pensar con rigor es un arte que debemos cultivar. El que piensa con rigor
es difícilmente manipulable. Un pueblo que no cultive el arte de
pensar con la debida precisión está en manos de los manipuladores.
3) Vivir creativamente. Lo más valioso de la vida sólo lo
aprendemos de verdad cuando lo vivimos. Si prometes crear un hogar con otra
persona y eres fiel a esa promesa, aprendes día a día que
ser fiel no se reduce a tener aguante. Aguantar es tarea de muros y columnas.
Los seres humanos estamos llamados a algo más alto: a ser creativos,
es decir, a crear en cada momento lo que prometimos crear. La fidelidad
tiene un carácter creativo. Cuando el manipulador de turno te diga
al oído: "No aguantes, búscate satisfacciones fuera del
matrimonio, que eso es lo imaginativo y creador", sabrás contestar
adecuadamente: “Yo no intento aguantar, sino ser fiel, que es bien
distinto". Lo dirás porque sabrás por dentro lo que es
e implica la virtud de la fidelidad.
ZENIT:
--De
esta preparación contra la manipulación, ¿es de lo
que se encarga el proyecto formativo que usted promueve en España
y en diversos países iberoamericanos con el título «Escuela
de Pensamiento y Creatividad»?
--Alfonso
López Quintás:
Es uno de sus principales cometidos. Hoy todos necesitamos, pero de modo
especial los niños y los jóvenes, aprender a pensar con rigor
y vivir de modo creativo. A mi entender, la característica más
preocupante de la sociedad actual es que no se piensa y no se habla de forma
ajustada a las exigencias de las realidades a las que se alude. Si alguien
dice, por ejemplo --como expliqué antes--, que “la mujer tiene
un cuerpo y debe gozar de libertad para disponer de él”, piensa
y se expresa de forma totalmente inadecuada, falsa, contraria a la realidad
del ser humano, el femenino y el masculino. En segundo lugar, se sigue pensando
que la creatividad es exclusiva de los genios. No se sabe con precisión
que todos podemos y debemos ser eminentemente creativos en nuestra vida
diaria.
ZENIT:
--¿Con
qué método intenta lograr este objetivo?
--Alfonso
López Quintás: Estoy
convencido, después de una larga experiencia, que en el momento actual
lo que procede no es tanto “enseñar” a niños y
jóvenes lo que deben llegar a ser, sino ayudarles a que “descubran”
ellos por sí mismos las leyes de su crecimiento personal, la función
que desempeñan en su vida los valores, cuál es el auténtico
ideal de su vida. Este descubrimiento se realiza en doce fases. Los niños
y los jóvenes que lo lleven a cabo lograrán un gran poder
de discernimiento para distinguir lo que construye su personalidad y lo
que la destruye. La destruyen los procesos de fascinación o vértigo;
la construyen los procesos de creatividad o éxtasis. Estoy cada día
más convencido de que ningún niño y ningún joven
deberían salir de las aulas sin un conocimiento pormenorizado de
lo que es la manipulación y de los riesgos a que se exponen si no
conocen sus trucos. También deberían conocer a fondo este
tema las instituciones, que son objeto frecuente de insidias y ataques,
para estar prevenidas y adoptar las medidas pertinentes. Ya decían
los legionarios romanos que “hieren menos las flechas que se ven venir”.
[Entrevista realizada por Marta Lago - ZENIT]