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Háblame de tu ocupación: ¿trabajo o vocación?
Juanjo: Trabajo en un Centro de día
para personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad o
exclusión, en su mayoría son personas que se encuentran en
la calle, es un centro de baja exigencia, es decir, donde no exigimos demasiado
(a nivel de normas) para que puedan ser atendidos o puedan participar en
las actividades del Centro. En un 80% el trabajo que realizamos lo denominamos
de reducción de daños, es decir trabajo paliativo, y en un
20% es un trabajo de recuperación y promoción personal con
las personas que nos lo solicitan. En mi caso esta ocupación es un
espacio donde confluyen mi trabajo como actividad remunerada, mi vocación
, mi militancia.... es un espacio donde no hay límites muy claros
entre una cosa y otra por lo que tengo que reflexionar constantemente sobre
esto para no caer en confusión.
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¿Quiénes son los “sintecho”?
Juanjo: Bueno,
así se ha llamado durante mucho tiempo a las personas que viven en
la calle o carecen de hogar, hoy yo prefiero hablar de exclusión
por motivos de vivienda, creo que por sintecho dejamos fuera del término
a mucha gente: por ejemplo personas que viven en un coche, una furgoneta
abandonada o una chabola... estas personas tienen techo, pero están
excluidos del derecho a una vivienda digna. En este sentido hay mas personas
sin hogar que las que vemos durmiendo por la calle: viviendas hacinadas
que no reúnen condiciones de habitabilidad, personas que viven en
casas abandonadas, chabolas, personas que viven en un coche... incluso personas
que están institucionalizadas en un albergue u otro tipo de Centro
y carecen de vivienda. Como ves sintecho es una de las muchas tipologías
de persona excluida por motivos de vivienda.
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¿Crees que la vivencia de la
Caridad en la Iglesia responde a una praxis auténticamente evangélica?,
¿Cómo hemos avanzado en esto?
Juanjo: Bueno
no estoy seguro de que hayamos avanzado es esto, estoy seguro de que
tenemos una red de servicios muchísimo mejor organizada y gestionada,
pero no estoy seguro que estemos ante una praxis totalmente evangélica.
Yo creo que nuestras actuaciones son más evangélicas cuanto
más hacia la periferia se sitúan, creo que el margen es
un buen lugar para observar la realidad pero no para tomar decisiones
que tengan repercusión, y esta realidad nos provoca una tensión
permanente de preguntarnos a que distancia del centro o de la periferia
estamos, y sobre todo la tensión de no instalarnos en nada, ni
siquiera en los pobres. Creo que hemos de ser la “avanzadilla”,
hemos de conocer todas las realidades de exclusión y de sufrimiento,
hemos de denunciarlo y cuando la sociedad asuma esa realidad y se ponga
a trabajar en ella hemos de saber retirarnos. En este sentido lo auténticamente
evangélico en mi opinión es el trabajo con aquellas realidades
que no van a generar dinero: los aparénteme inútiles,
los últimos. Creo que en nuestra querida Iglesia hay de todo,
por un lado es testimonio para muchos porque es la única que
está trabajando con los que nadie quiere (creo sinceramente que
esto es lo mayoritario dentro de la Iglesia), pero contradictoriamente
en su seno también se ha utilizado el discurso de la caridad
para montar emporios de servicios sociales que generan beneficios y
no trabajan precisamente con los últimos.
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¿La Caridad es miembro, carisma
o expresión de comunión?
Juanjo: Je,
je...ésta es pregunta de examen... Creo que la caridad ha de ser
expresión de comunión de toda la Iglesia, pero creo también
que lo más importante de la frase es “toda”. La Iglesia
ha tomado forma de gran institución, la gran cantidad de información
y de acciones que tiene que gestionar hace que se organice en sub-organizaciones
o delegaciones, esto es lógico en toda organización, el problema
viene cuando esas delegaciones se conviertan en “esa es tu parcela,
tu feudo”. Lógicamente no todos podemos estar en todo ni hacerlo
todo, pero creo que hemos de conjugar pragmatismo con un mayor sentido de
comunión (sensus eclessiae). En especial en lo que corresponde al
sufrimiento de las personas creo que “nada de lo humano nos puede
ser ajeno”, cualquier acción la hemos de vivir como expresión
de comunión y nadie de los que se sienta Iglesia se puede sentir
ajeno a esas acciones. La cuestión de los pobres no puede ser una
cuestión ajena al sentir de la Iglesia porque el amor preferente
de Dios por los más pobres y débiles está en su misma
esencia.
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¿En qué se ha de parecer
o diferenciar Cáritas de cualquier otra organización de corte
social?
Juanjo: Es
cierto que Cáritas ha de tener una identidad propia, pero no
soy partidario del discurso de que esa identidad sea excluyente y exclusiva
de Cáritas. Conozco a muchas personas que trabajan en organizaciones
sociales no eclesiales que realizan su labor con un sentimiento auténtico
de fraternidad universal, intentando crear un mundo más justo
y sintiéndose muy cerca de las personas que más sufren.
Si en algo se diferencia Cáritas debería de ser en que
desde sus directrices se nos recordara constantemente nuestra apuesta
por los últimos, por los que no son rentables para la sociedad.
Desde mi concepción de Iglesia, que no es ni una institución
ni una entidad con los límites bien claros y definidos que marquen
quién está dentro y quién está fuera (aunque
hay quien se empeñe en marcarlo), esa identidad propia de Cáritas
que para mí es la evangélica, la podemos encontrar o echar
en falta, y casi con la misma facilidad, tanto dentro o fuera de las
instituciones eclesiales.
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¿Qué rostro, qué
historia, qué vivencia en tu ocupación te ha marcado o configurado
más?
Juanjo: Yo
creo que más que una historia concreta lo que me está configurando
es la suma de muchas personas que nos permiten indagar su corazón
y conocer una parte de la sociedad que es real pero que para muchos pasa
como invisible. No quiero caer en idealizaciones, pero me ha sorprendido
mucho el nivel de ayuda invisible que hay entre ellos a todos los niveles:
protección, recursos materiales, afecto... también la capacidad
de resignación ante lo que se les niega y la capacidad de disfrute
con lo que tienen. Si que ha habido rostros concretos que un momento dado
me marcaron especialmente, recuerdo la de una mujer contándonos su
travesía desde que dejó a su familia en su país de
origen hasta que atravesó el Estrecho en patera, había sido
un recorrido por diferentes países hasta llegar a Marruecos que duró
más de tres años y en el que una gran parte del grupo pereció
por el camino ante la imposibilidad de seguir andando por agotamiento, en
este tiempo quedó embarazada y así cruzó el Estrecho.
En el trascurso del viaje repetía constantemente “Dios, si
es tu voluntad, sé que llegaré a buen fin, si no lo es, estoy
dispuesta a perecer aquí” y continuaba recitando “El
Señor es mi pastor nada me falta”. Me impresionó la
capacidad de tras tanto tiempo caminando por el desierto y venciendo las
dificultades y los sobornos para cruzar fronteras, apunto de llegar a la
tierra prometida, se desapropiarse de todo su sueño para ponerlo
en manos de Dios y que se cumpla su voluntad con una inmensa confianza.
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En el marco actual de la Iglesia,
¿qué tendrías que decir para que esta sea cada vez
más fiel al Maestro?
Juanjo: Yo
creo que Dios se nos manifiesta diariamente en todos los hermanos, mi experiencia
en estos años ha sido de tener la gran suerte de poder escuchar a
los hermanos que se encuentran en la periferia de nuestra sociedad, sigo
teniendo la oportunidad de reflexionar todos los días sobre qué
está mal montado, porqué no estamos sentados todos en la misma
mesa para que Dios nos sirva el banquete, sigo reflexionando sobre a quién
no acogemos, a quien no escuchamos porque quizá sea invisible para
nosotros, porque su discurso nos es molesto ya que transgrede las estructuras
sobre las que estamos montados (que en definitiva es una estructura excluyente).
Desde aquí yo le diría a la Iglesia con mucho cariño
y respeto quizá lo que comentábamos antes, que su acción
social no sea una delegación más porque así ha sido
siempre, que ponga a los excluidos en el centro y los escuche, y que se
deje interpelar por ellos (que no caiga en la tentación de salvarlos
y “catequizarlos” asistencialmente) y desde ese principio de
realidad de haber escuchado a todos sin temor (no sólo a los que
no les cuestionan su estructura de funcionamiento) se revise constantemente
para poder ser buena noticia para todos, en definitiva que escuche a todos
para hacer de la Iglesia un espacio de libertad y de comunión donde
nadie se sienta excluido y donde nada de lo humano nos sea ajeno, y mucho
menos escandalizante.