Traducida a 55 lenguas (24 de ellas asiáticas),
esta carta, escrita por el hermano Roger -fundador de la Comunidad Ecuménica
de Taizé--, ha sido difundida el pasado lunes con ocasión
del encuentro europeo de jóvenes de Lisboa -28 de diciembre de 2004
a 1 de enero de 2005- en una nueva etapa de la «peregrinación
de confianza a través de la tierra».
Será
retomada y meditada durante el año 2005 en los encuentros de jóvenes
que tendrán lugar tanto en Taizé, semana tras semana, como
en otros lugares del mundo.
Carta DEL HERMANO ROGER, DE TAIZÉ, 2005
“UN PORVENIR DE PAZ”
Carta publicada con ocasión del encuentro europeo de jóvenes
en Lisboa.
«Dios
prepara para vosotros un porvenir de paz y no de desgracia; Dios os quiere
dar un futuro y una esperanza.»1
Multitudes aspiran hoy a un porvenir de paz, a una humanidad liberada de
las amenazas de la violencia.
Si algunos están sobrecogidos por la inquietud ante el futuro y se
encuentran inmovilizados, hay también, a través del mundo,
jóvenes creativos, llenos de inventiva.
Estos jóvenes no se dejan llevar por una espiral de taciturnidad.
Saben que Dios no nos ha hecho para estar pasivos. Para ellos, la vida no
está sometida a los azares de la fatalidad. Son conscientes: lo que
puede paralizar al ser humano es el escepticismo o el desánimo.
Estos jóvenes buscan también, con toda su alma, preparar un
porvenir de paz, y no de desgracia. Aunque ni se lo imaginen, consiguen
hacer de su vida una luz que ilumina ya a su alrededor.
Son portadores de paz y de confianza allá donde se dan el estremecimiento
y las hostilidades. Perseveran incluso cuando la prueba o el fracaso pesan
sobre sus espaldas. 2
En Taizé, algunas noches de verano, bajo un cielo cargado de estrellas,
escuchamos a los jóvenes a través de nuestras ventanas abiertas.
Quedamos asombrados de que sean tan numerosos. Buscan, oran. Y nos decimos:
sus aspiraciones a la paz y a la confianza son como estas estrellas, pequeñas
luces en la noche.
Nos encontramos en un período en el que muchos se preguntan: ¿pero
qué es la fe? La fe es una confianza muy sencilla en Dios, un impulso
de confianza indispensable, retomada sin cesar en el transcurso de la vida.
En cada uno, puede haber dudas. No tienen nada de inquietante. Quisiéramos,
sobre todo, escuchar el susurro de Cristo en nuestro corazones: «¿Tienes
dudas? No te inquietes, el Espíritu Santo permanece siempre en ti.
» 3
Hay quien ha hecho este descubrimiento sorprendente: el amor de Dios puede
florecer también en un corazón tocado por las dudas.4
En el Evangelio, una de las primeras palabras del Cristo es esta: «
¡Dichosos los corazones sencillos ! »5 Sí, dichosos los
que avanzan hacia la simplicidad, la del corazón y la de la vida.
Un corazón sencillo busca vivir el momento presente, acoger cada
día como un hoy de Dios.
El espíritu de simplicidad, ¿no se transparenta tanto en la
alegría serena como en el buen ánimo?
Un corazón sencillo no tiene la pretensión de comprender por
sí mismo el todo de la fe. Se dice: es poco lo que yo comprendo,
otros lo entenderán mejor y me ayudarán a proseguir el camino.6
Simplificar la vida permite compartir con los más desprovistos, para
calmar las penas, allí donde existe la enfermedad, la pobreza, el
hambre…7
Nuestra oración personal es también sencilla. ¿Pensamos
que para orar, hay necesidad de muchas palabras?8 No. Sucede que algunas
palabras, a veces torpes, bastan para entregar todo a Dios, tanto nuestros
miedos como nuestras esperanzas.
Al abandonarnos al Espíritu Santo, vamos a encontrar el camino que
va de la inquietud a la confianza.9 Y le decimos: « Espíritu
Santo, danos volvernos hacia ti en cada momento.
Aunque a menudo olvidemos que tú nos habitas, que tú oras
en nosotros, que tú amas en nosotros.
Tu presencia en nosotros es confianza y continuo perdón. »
Sí, el Espíritu Santo alumbra en nosotros una alabanza. Aunque
sea un pálido reflejo, despierta en nuestros corazones el deseo de
Dios. Y el simple deseo de Dios es ya oración.
La oración no nos aleja de las preocupaciones del mundo. Al contrario,
nada es más responsable que orar: cuanto más se vive una oración
sencilla y humilde, más se es conducido a amar y a expresarlo con
la vida.
Dónde encontrar la simplicidad indispensable para vivir el Evangelio?
Una palabra de Cristo nos lo aclara. Un día él dijo a sus
discípulos: « Dejad que vengan a mí los niños,
las realidades de Dios se asemejan a ellos. »10
¿Quién dirá suficientemente lo que ciertos niños
pueden transmitir por su confianza?11
Nosotros quisiéramos pedir a Dios: « Dios que nos amas, haznos
humildes, danos una gran simplicidad en nuestra oración, en las relaciones
humanas, en la acogida …»
Jesucristo ha venido sobre la tierra no para condenar a nadie, sino para
abrir a los humanos caminos de comunión.
Después de dos mil años, Cristo permanece presente por el
Espíritu Santo,12 y su misteriosa presencia se hace concreta en una
comunión visible13 : ella reúne a mujeres, hombres, jóvenes,
llamados a avanzar juntos sin separarse los unos de los otros.14
Pero he aquí que, a lo largo de su historia, los cristianos han conocido
múltiples sacudidas: han surgido separaciones entre los que, sin
embargo, se refieren al mismo Dios del amor.
Restablecer una comunión es urgente hoy, no se puede dejar sin cesar
para más tarde, hasta el final de los tiempos.15 ¿Haremos
todo lo posible para que los cristianos despierten al espíritu de
comunión?16
Existen cristianos que, sin tardar, viven ya en comunión los unos
con los otros allí donde se encuentran, con toda humildad, con toda
simplicidad.17
A través de su propia vida, quisieran hacer a Cristo presente para
muchos otros. Saben que la Iglesia no existe por sí misma sino para
el mundo, para depositar en él un fermento de paz.
«Comunión» es uno de los más hermosos nombres
de la Iglesia: en ella, no puede haber severidades recíprocas, sino
solamente limpidez, la bondad del corazón, la compasión…
y llegan a abrirse las puertas de la santidad.
En el Evangelio, se nos ofrece descubrir esta realidad asombrosa : Dios
no creó ni el miedo ni la inquietud, Dios no puede sino darnos su
amor.
Por la presencia de su Espíritu Santo, Dios viene a transfigurar
nuestros corazones.
Y en una oración muy sencilla, podemos presentir que nunca estamos
solos: el Espíritu Santo sostiene en nosotros una comunión
con Dios, no por un instante, sino hasta la vida que no termina.
Notas:
(1) Estas palabras fueron escritas seiscientos años antes de Cristo:
ver Jeremías 29,11 y 31,17.
(2) En este año en el que diez nuevos países se han unido
a la Unión europea, muchos jóvenes europeos son conscientes
de vivir en un continente que, después de haber sido durante largo
tiempo puesto a prueba por las divisiones y los conflictos, busca su unidad
y avanza sobre el camino de la paz. Ciertamente, quedan tensiones, injusticias,
a veces violencia, que suscitan dudas. Pero se trata de no detenerse en
la ruta: la búsqueda de la paz está en las fuentes mismas
de la construcción de Europa. No obstante, no interesaría
si tuviera como único objetivo crear un continente más fuerte,
más rico, y si Europa cediera a la tentación de replegarse
hacia el interior de sus fronteras. Europa llega a ser plenamente ella misma
cuando se abre a los otros continentes, solidaria con las naciones pobres.
Su construcción encuentra su sentido cuando es considerada como una
etapa al servicio de la paz de toda la familia humana. He aquí por
qué, si nuestro encuentro de fin de año se llama « encuentro
europeo », nos gustaría aún más verla como una
« peregrinación de confianza sobre la tierra ».
(3) Ver Juan 14,16-18 y 27. Dios existe independientemente de nuestra fe
o de nuestras dudas. Cuando se da en nosotros la duda, Dios no se aleja
de nosotros.
(4) Dostoievski escribió un día en su Cuaderno de notas :
« Soy un hijo de la duda y de la increencia. ¡Qué terrible
sufrimiento me ha costado y me cuesta esta sed de creer, que es, sin embargo,
más fuerte en mi alma, por más que haya en mí argumentos
contrarios… Es a través del crisol de la duda, que ha pasado
mi “hosanna”. » Y con todo, Dostoevski podía continuar:
« No hay nada más bello, más profundo, más perfecto
que Cristo; no solamente no lo hay, es que no puede haberlo. » Cuando
este hombre de Dios deja presentir que en él coexiste el no-creyente
con el creyente, su amor apasionado por Cristo no mengua.
(5) Mateo 5, 3.
(6) Incluso si nuestra confianza permanece frágil, no nos apoyamos
solamente sobre nuestra propia fe, sino sobre la confianza de todos los
que nos han precedido y de los que nos rodean.
(7) El Programa alimentario mundial de la ONU ha publicado recientemente
un mapa del hambre en el mundo. A pesar del progreso realizado en los últimos
años, 840 millones de personas sufren hambre, 180 millones son niños
de menos de cinco años.
(8) Ver Mateo 6,7-8.
(9) Este camino de abandono en Dios puede sostenerse con cantos simples,
retomados una y otra vez, como éste : « Mi alma reposa en paz
sólo en Dios. » Cuando trabajamos o descansamos, estos cantos
continúan dentro del corazón.
(10) Mateo 19,14.
(11) Un niño de nueve años, que durante una semana venía
a rezar con nosotros, me dijo un día : « Mi padre nos ha dejado.
Ya no le veo más, pero aún le quiero y por la noche rezo por
él. »
(12) Ver 1 Pedro 3,18 ; Romanos 1,4 y 1 Timoteo 3,16.
(13) Esta comunión lleva el nombre de Iglesia. En el corazón
de Dios, la Iglesia es una, no puede ser dividida.
(14) Cuanto más nos aproximamos al Evangelio, más nos aproximamos
los unos a los otros. Y se alejan las separaciones que desgarran.
(15) Cristo llama a reconciliarse sin tardanza. No podemos olvidar esta
palabra en el Evangelio de San Mateo : « Cuando presentes tu ofrenda
en el altar, si te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, ve primero
a reconciliarte » (5,23). « Ve primero » no: « Déjalo
para más tarde ».
(16) En Damasco, en el Oriente Medio, tan sometido a pruebas, reside el
patriarca greco-ortodoxo de Antioquía, Ignacio IV. Se expresa con
palabras sobrecogedoras : « El movimiento ecuménico está
en regresión. ¿Qué queda del acontecimiento profético
que desde los inicios han encarnado personalidades como el papa Juan XXIII
y el patriarca Atenágoras, entre otros? Nuestras divisiones hacen
a Cristo irreconocible, son contrarias a su voluntad de hacernos ver como
uno, “a fin de que el mundo crea”. Necesitamos urgentemente
iniciativas proféticas para sacar al ecumenismo de los meandros en
los cuales me temo que se está empantanando. Tenemos necesidad urgente
de profetas y de santos que ayuden a nuestras Iglesias a convertirse por
el perdón recíproco. »
(17) Durante su visita a Taizé el 5 de octubre de 1986, el papa Juan
Pablo II sugirió un camino de comunión al decir a nuestra
comunidad : « Al desear ser vosotros mismos una “parábola
de comunidad”, ayudáis a todos los que os encuentran a ser
fieles a su pertenencia eclesial, que es el fruto de su educación
y de su elección de conciencia, pero también a entrar siempre
más profundamente en el misterio de comunión que es la Iglesia
en el plan de Dios. »