Se entiende por "tres religiones" las formaciones socio-religiosas
monoteístas que en la actualidad tienen una extendida implantación
en el mundo. Fundamentalmente coinciden con el cristianismo, mahometanismo
y judaísmo según el orden del número de sus seguidores.
Para precisar algo más, en el cristianismo cabrían señalar
las comunidades cristianas que comparten la misma fe con escasas diferencias
(católicos, ortodoxos, anglicanos y luteranos). Este conjunto de
"iglesias" se hallan hoy empeñadas en un gran proyecto
de acercamiento y unidad que se denomina ecumenismo. Todas ellas profesan
el credo formulado en el concilio de Nicea (325). En este Concilio se reconoció
una interpretación común de la realidad humana y divina de
Cristo.
Los seguidores de Mahoma (640) tienen igualmente variantes diversas según
distintas tradiciones. Sería simplificar demasiado si los consideráramos
formando una comunidad religiosa homogénea. La base fundamental de
su unidad es el Corán tanto en lo religioso como en lo lingüístico
y cultural
El judaísmo se confunde en sus orígenes con la historia del
Pueblo de Israel y de hecho los cristianos comparten con ellos dicha historia
hasta la venida del Mesías Jesucristo. En la actualidad existen ramas
y escuelas con desigual relación entre si. La recopilación
de textos religiosos e históricos y las escuelas de interpretación
de los mismos, son su principio de unidad y diferencia.
Con estas observaciones preliminares, que pueden parecer obvias, el punto
de vista católico ha de formularse de forma global teniendo en cuenta
que la Iglesia Católica tiene una postura oficial compartida por
los católicos del mundo, formulada en el Concilio Vaticano II en
el "Decreto sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no
cristianas". Esta definición oficial es exigible a cualquier
católico y que está en la base de la aproximación al
judaísmo y a los musulmanes.
El Vaticano II, es la fuente de inspiración de las relaciones católicas
con el judaísmo y el mahometanismo. Desde él se entienden
los encuentros y declaraciones conjuntas realizadas por la máxima
autoridad de la Iglesia católica en los últimos 40 años.
Los católicos con una formación básica, no sólo
conocen la doctrina y la práctica de la Iglesia en estas relaciones,
sino que se sienten obligados a tomar iniciativas, aunque en algunas regiones
del mundo el deseo de colaboración no sea recíproco.
Los principios fundamentales que inspiran y surgen de la lectura de este
documento son hoy la expresión de la conciencia cristiana. Estos
principios, formulados en el texto conciliar son los siguientes:
a) En el cumplimiento de la misión de la Iglesia Católica
de fundamentar la unidad y caridad entre los hombres y los pueblos, la Iglesia
considera aquello que es común a los hombres y conduce a la mutua
solidaridad (n.1)
b)
Todos los hombres tienen un mismo origen y tienen también un mismo
fin último que es Dios. La religión muestra una respuesta
sobre los grandes interrogantes del ser humano y su destino. (n.1)
c)
La Iglesia exhorta a sus hijos al diálogo y colaboración (n.2)
d) La Iglesia mira con aprecio a los musulmanes que adoran al único
Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del
Cielo y de la tierra.
e) El Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, promuevan sinceramente
la mutua comprensión, defiendan y promuevan unidos la justicia social,
los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres.
f) El Concilio recuerda los vínculos con que el Nuevo Testamento
está espiritualmente unido a la raza judía. La Iglesia no
puede olvidar que ha recibido la Revelación del Pueblo con el que
estableció la Antigua Alianza.
g) El Concilio recuerda que la Iglesia, con las palabras de San Pablo, los
reconoce hermanos de sangre, a quines pertenecen la adopción y la
gloria, la Alianza y la Ley, el culto y las promesas, y también los
Patriarcas y de quienes procede Cristo según la carne (Rom 9 4-5).
h) La Iglesia quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio
sobre todo en los estudios bíblicos y teológicos y con el
diálogo fraterno.
i) La Iglesia deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo
de cualquier tiempo y persona contra los judíos.
Desde esta perspectiva general de la conciencia cristiana, manifestada como
doctrina que concierne a los católicos, cabe analizar ciertas cuestiones
que emergen en la actualidad.
1.- Las relaciones con la religión
judía.
Está claro que no es posible identificar la religión judía
con el Estado de Israel, que es un Estado aconfesional. Poco tienen que
ver las buenas relaciones religiosas con ciertas cuestiones políticas.
El Estado de Israel cometería un error histórico si considerase
que las críticas a su política se basan en motivos religiosos
más que a la sensibilidad sobre la justicia y los derechos humanos
que comparten muchos sin afiliación religiosa e incluso no pocos
de religión judía. El mismo error sería achacable a
los dirigentes religiosos si la crítica al Estado de Israel la interpretaran
como intolerancia religiosa. De todos modos algunos problemas que se unen
en la conciencia no resulta fácil separarlos en la realidad.
Alguna vez se ha formulado que los Evangelios, escritos en una época
de tensiones con la comunidad judía no den una visión positiva
de la recepción de la persona de Cristo por parte de los dirigentes
de los Judíos de la época. Considero que, es anacrónico
pensar que tales textos constituyen hoy la base de ningún tipo de
antisemitismo. La primera comunidad cristiana también fue judía
y judíos eran los apóstoles. La predicación constante
de la Iglesia y la interpretación del Evangelio que en ella se realiza,
no cae en el simplismo de imputar a la religión judía el drama
de Cristo que es con mucho, más amplio y trascendental.
El pensamiento católico y quienes lo comparten y difunden no saca
de su contexto los hechos de la historia para argumentar puntos de vista
que no concuerdan con la realidad vigente. El criterio de actuación
y la práctica de la Iglesia Católica no está por recuperar
ofensas pasadas ni adoptar posturas victimistas, sino más bien cubrirlas
con el manto del perdón. La Iglesia católica en sus hechos
y palabras así lo manifiesta y se alegra cuando tal disposición
es recíproca.
Para que las cosas no sean más de lo mismo, ha de formularse un proyecto
de futuro que libere las fijaciones que revuelven el pasado, cuando los
signos de algo nuevo están en el horizonte, y son perceptible por
todos.
Con respecto a la relación entre judíos y católicos,
son un hecho relevante las organizaciones de la "Amistad Judeo-Cristiana"
que la Iglesia fomenta en cualquier parte del mundo, con distinto éxito.
No sería razonable pasar por alto hechos presentes que interfieren
las buenas relaciones. Me refiero a los hechos que acontecen en Oriente
Medio. La Iglesia católica concibe la paz como hecho global en el
que se incluye más el perdón que las represalias. Todos estamos
sensibilizados en los hechos simbólicos acaecidos en el último
año en este territorio de violencia. Está claro que la política
siempre ha enturbiado las relaciones religiosas porque el político
siempre mantiene la estrategia de la eficacia por encima de los valores
religiosos o morales. En este sentido el católico normalmente trata
de distinguir, aunque a veces no lo consiga, el liderazgo político
del religioso y espera un trato recíproco.
2.- Las relaciones con la religión
musulmana.
El Corán como referente básico de la religión musulmana,
contiene referencias al cristianismo y judaísmo. Su tardía
aparición en el escenario de las llamadas "tres religiones"
(siglo VII) incorpora no sólo una visión del hombre ante su
Dios sino un proyecto de sociedad. De ahí la aparición coincidente
de Estados Islámicos y comunidades culturales identificadas con su
religión.
La Iglesia Católica con relación a los musulmanes, según
los principios arriba indicados, "exhorta a todos a que, olvidando
lo pasado, promuevan sinceramente la mutua comprensión, defiendan
y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad
para todos los hombres". En este empeño se halla el Papa Juan
Pablo II, que ha promovido declaraciones conjuntas con los líderes
religiosos musulmanes con objeto de evitar simplificaciones en la interpretación
de actos terroristas promovidos por organizaciones fundamentalistas. Es
cierto que existen tensiones en la relación entre la cultura occidental,
postmoderna, individualista, que nivela los valores al Estado y el Mercado,
y la cultura de países de otras tradiciones. Llamar a esto "choque
de culturas" y exagerar su componente religioso es una simplificación.
Por otro lado debe considerarse con más atención lo que se
llama "fundamentalismo religioso". El fundamentalismo no es en
si mismo un hecho político o religioso sino mental de exaltación
colectiva y de rigidez de pensamiento. Por ello existen fundamentalismos
nacionalistas, ideológicos, religiosos y antirreligiosos. El fundamentalismo
tiene mucho que ver con la obcecación de la mente que polariza el
pensamiento, lo esquematiza y simplifica. También tiene que ver con
grupos cerrados sobre si mismos y escasa comunicación con el entorno
social. También se producen como reacción de defensa ante
agresiones externas. No cabe duda de que dichos fundamentalismos enturbian
las relaciones en la misma medida en que adoptan posiciones políticas
y o no se tiene sobre ellos un juicio crítico responsable.
La movilidad de las poblaciones y el desarrollo de los medios de comunicación
social pueden situar a la defensiva tradiciones religiosas que se sienten
agredidas o marginadas injustamente. Ciertos laicismos europeos son tan
fundamentalistas como los radicalismos políticos de izquierdas o
derechas. Tal puede ser el caso de algunas comunidades musulmanas. La conciencia
católica tiene claro que debe promover la mutua comprensión
pero todavía existen circunstancias sociales y culturales que la
dificultan. Me precio de tener en España y en otros países
excelentes amigos musulmanes o mahometanos con los que mantengo un diálogo
religioso fluido y constructivo.