a bocajarro
caliche interreligioso

Jaume Benaloy Marco
Almoradí, Alicante. 27 de noviembre de 2005.
Sacerdote. Teologo.
jaumebenaloy@hotmail.com


Parece fácil y sencillo, pero no lo es tanto. Cada vez que paso por el “estadio” hay alguien entrenándose duro. A nadie le gusta hacer el ridículo cuando llega el comienzo de la partida. Se requiere práctica, estilo y, sobre todo, salir a la calle para compartir cancha. Me invitaron a probar y lo hice. Todos se rieron de mí. ¡Benditas carcajadas! Sí, jugar al caliche no es cosa fácil ni sencilla. Tampoco lo es el diálogo interreligioso, pero estos amigos del barrio de la Cruz de Galindo en Almoradí me enseñaron que, aunque difícil, es posible y una realidad que “debe continuar” (NMI 55). Así lo recuerda el Papa.

En pleno corazón de la Vega Baja, unos cuantos vecinos han hecho del caliche una práctica de diálogo interreligioso formidable. Son muchos los hombres y las mujeres inmigrantes que buscan en la fértil huerta del Segura, trabajo, futuro, esperanza para sus familias. Llegan de muchos países y comparten con nosotros sus respectivas lenguas, culturas y religiones. Últimamente, un nuevo vecino, con piel más oscura, acento extraño y con su chilaba bien puesta, también trata de afinar la puntería y vencer a sus “rivales” cristianos. En el caliche no hay limitación de jugadores europeos y extracomunitarios. Todos tienen cabida, todos se divierten, todos ganan, aunque no tengan “papeles” ni siquiera buena puntería.

Nuestro Plan diocesano de Pastoral nos invita a la creación de cauces de acogida social y eclesial de las personas inmigrantes. En ocasiones nos parece cosa impensable e imposible comunicarnos y encontrarnos con ellas, sobre todo si profesan otro credo distinto al nuestro. Ya ven que no lo es tanto. Es cuestión de práctica, estilo acogedor y, sobre todo, salir a la calle para compartir la vida, que es el estadio de la fe. El diálogo más importante y urgente, además del que deben entablar expertos, gobernantes y líderes religiosos, es el de la vida, el de la calle, el de los mil y un encuentro cotidiano. Mis nuevos amigos de la Cruz lo saben bien y me lo enseñaron. Gracias por la lección.