:
Podríamos empezar por preguntaros qué es el proyecto "En
Común", de qué necesidades surge.
César
y Cristina:
En Común surge a partir del trabajo realizado por la Delegación
de Pastoral Juvenil de la Archidiócesis de Madrid en los años
ochenta, cuando estaba de delegado José Ramón Urdieta, el
cuál hizo mella en muchas de las personas que en aquel tiempo estaban
formándose para ser agentes de pastoral juvenil. La preocupación
que en aquellos tiempos se compartía, a parte de la formación
y de elaborar materiales para ello, era el intento de responder a la siguiente
pregunta: ¿qué pasa con los grupos de jóvenes que han
acabado su proceso de preparación sacramental?, ¿qué
lugar tienen en la Iglesia? De ahí surgió la preocupación
por lo que se ha dado en llamar "la desembocadura", compartir
la vida en comunidad como objetivo fundamental y favorecer que esos grupos
en los que los propios agentes de pastoral juvenil estaban insertos fueran
desembocando en pequeñas comunidades parroquiales con un fin, principalmente,
catequético y , finalmente, el deseo de no perder el contacto entre
las comunidades que iban surgiendo. Cuando cambia la realidad de los delegados
se mantiene el espíritu de la idea hasta cuajar en el año
1996, cuando cuaja y se plasma el deseo de coordinarnos a través
del Colectivo de Comunidades Cristianas "En Común", que
anteriormente se habían estado reuniendo una vez al año.
Desde
entonces se ha ido consolidando, acercándose a las comunidades. En
él cada comunidad y grupo tiene su ritmo, su espacio, sea parroquial
o no, sus miembros que van compartiendo la vida y sus distintas etapas,
por ejemplo, la incorporación de los hijos a la vida comunitaria,
y compartiéndose todo. Ahora mismo hay unas treinta comunidades en
Madrid asociadas al colectivo, en distintos barrios, a pesar de algunos
desencuentros que han podido existir de algunos de estos grupos con su parroquia
de referencia.
:
Eso que has
comentado de algunas desvinculaciones parroquiales, ¿ha impedido
que siguieran en "En Común"?
César
y Cristina:
No, porque nosotros lo que compartimos es el sentirnos llamados a vivir
en comunidad desde el modelo de las primeras comunidades cristianas. De
todas formas, no son todos los casos. Se trata de compartir la Buena Noticia,
y vivir la fe, no en solitario, sino en la búsqueda del otro, en
comunión. Cuando una comunidad deja de estar en el colectivo suele
ser porque se ha disuelto y no por las desavenencias particulares que puedan
tener con el entorno parroquial.
:
¿Por
qué lo comunitario como alternativa hoy no está de moda? ¿Responden
actualmente las comunidades a las aspiraciones de los jóvenes?
César
y Cristina:
Me da la impresión de que los jóvenes tienen la necesidad
de juntarse y desde ahí se crean grupos que en el lenguaje tradicional
de la Iglesia le llamamos "comunidad". Los grupos de jóvenes
pienso que sí están de moda, ahora que puedan tener un objetivo
religioso o se alimenten en el ámbito de la Iglesia es otro cantar.
Quizás no sea cuestión de ver si están de moda o no,
pero sí si tienen atractivo. Nosotros nos cuestionamos al respecto.
Hay, sin embargo, movimientos que promueven las comunidades que sí
vemos que tengan un gran número de jóvenes. Sí atrae
lo social, pues hay una etapa natural en el joven en que se siente llamado
a la solidaridad, a lo alternativa y hay que saber encauzarlo desde lo atractivo
de la propuesta de Jesús, y, en ese aspecto, quién dice que
no está de moda. Hay mucha variedad, parroquias muy fructíferas
en comunidades y otras totalmente estériles. Es importante tener
una fuerte presencia parroquial en donde se mueven los jóvenes y
no pretender lo inverso. Dentro del colectivo hay comunidades venidas de
estas realidades parroquiales.
:
¿Por
qué el nombre "En Común"? ¿Y qué se
pone en común?
César
y Cristina:
El nombre viene de la cita de los Hechos de los Apóstoles, cuando
dice que los discípulos lo tenían todo "en común"
y nos parecía sufientemente significativo. Lo que se pone en común,
sobretodo, es la vida y las experiencias de las distintas comunidades que
en los encuentros transmiten cómo se sienten, qué hacen, qué
proyectan,... Supone un refuerzo y un enriquecimiento para todas las comunidades
lo que cada una aporta. Todas las iniciativas que surgen en el colectivo
tienden a ese fin del encuentro y la comunicación, desde las diferentes
realidades familiares: el niño, la soltera, los padres, los que están
apunto de jubilarse.
:
¿Cuál
es el mayor obstáculo de la Iglesia actual para ir encontrando la
Unidad de una Iglesia Cuerpo, de una Iglesia Pueblo de Dios?
César
y Cristina:
Creo que hay una distancia muy grande entre lo que se vive en la Iglesia
Pueblo y lo que se piensa que se vive en la Iglesia institución,
digamos. No hay muchos cauces para el diálogo, ni para conocer las
realidades más cotidianas. Un ejemplo, es cómo no se ha tenido
en absoluto en cuenta lo que muchas comunidades han aportado al Sínodo
de Madrid. Hay una gran diferencia entre percibir una realidad y otra y
como no existen cauces para el diálogo efectivo, surge una gran preocupación
por la comunión eclesial. También es un reflejo de lo que
estamos viviendo. En la sociedad civil se han avanzado en muchos temas,
sobre todo el tema de la mujer, de la aceptación de lo distinto,
el otro, y cuestiones de moral sexual, ..., mientras que en la Iglesia no
se ha avanzado nada al respecto, por lo que la distancia se hace cada vez
más insalvable. Sobre todo, hay dos realidades sangrantes al respecto:
la situación de la mujer en la institución y su ausencia en
puestos de responsabilidad y toda la cuestión de la moral sexual-familiar.
Así es difícil caminar hacia algo que nos haga sentir a todos
en comunión.
:
Contemplando
desde el marco de la historia de nuestra Iglesia, ¿cómo analizaríais
el conflicto actual Iglesia/Estado en España?
César
y Cristina:
Me da la sensación que se trata de una confrontación que está
muy movida por los medios de comunicación, porque en cualquier momento
se está experando las palabras contrarias a lo que el gobierno dice
para declarar "la Iglesia dice" y partir de lo que dicen algunas
personas sin oir lo que dice todo el Pueblo de Dios para provocar un conflicto
con el Estado es bastante penoso. De todas formas es un tema muy amplio
para responderlo improvisadamente. En concreto, en nuestra comunidad (que
no en el colectivo) creemos que hay de investigación en los temas
más críticos actualmente (células madres, aborto, eutanasia,
matrimonios homosexuales, financiación de la Iglesia, educación
religiosa...), unos más cercanos a nosotros, otros con mayor desconocimiento,
y queremos contrastar opiniones, reflexionar profundamente la opinión
oficial de la Iglesia y opiniones de teólogas y teólogos,
para ir creando un criterio propio al respecto. Probablemente no lleguemos
a una conclusión definitiva ni universal, pues cada persona luego
tiene su propia idea, aun en la misma comunidad, pero sí nos parecía
que podía ser enriquecedor para la conciencia de cada cual.
Tampoco
la situación actual es algo nuevo. Se ha ido generando con el tiempo,
pero son las condiciones políticas actuales las que permiten que
salgan a la luz muchos temas que estaban ocultos a la realidad pública
y hay que ser conscientes de lo que está ocurriendo también
en otros países, porque no es sólo fruto de un momento político
determinado, sino de un momento histórico más global, pues
aunque la tendencia secular que se ha vivido en Europa durante los últimos
tiempos es común, cada país lo hallevado de una forma distinta.
Por ejemplo, la cuestión de la educación religiosa en colegios
públicos es un conflicto inexistente en Francia, debido a la tradición
laicista del Estado. Es necesario hoy revisar acuerdos que se tuvieron hace
tiempo y en otro momento histórico distinto, y esto provoca un cierto
miedo y vértigo eclesial, pues la jerarquía perdería
el poder y el control sobre algunos temas. Este peso en la sociedad está
en crisis. Es importante no tener miedo, pues sería símbolo
de madurez, capacidad de afrontar estos temas de otra forma, sabiendo que
van a suponer un fuerte cambio. Peores épocas ha pasado la Iglesia
y a nosotros sólo nos tiene que quedar claro qué es lo verdaderamente
importante, sin miedo a la sociedad o a las distintas opiniones, ni pretender
ser la voz moral de todos los ciudadanos de un país aconfesional.