Los momentos de tensión son inevitables en toda comunidad que crece.
Pero no solo no se pueden eludir sino que hasta cierto punto son necesarios
para el propio crecimiento y profundización de la vida comunitaria.
Surgen de pronto conflictos personales, conflictos que tienen su origen
en el propio temperamento de la persona y, en no pocas ocasiones, en las
diferentes formas que cada uno tenemos de pensar acerca de cómo debería
ser la comunidad y, sobre todo, a qué ritmo debería ésta
crecer.
Estas
tensiones son naturales. La tensión que surge dentro de la vida comunitaria
es la piedra de toque que nos devuelve a la realidad, la llamada de atención
que nos recuerda lo que somos: una realidad humana que tiene continua necesidad
de Dios, no ya para profundizar sino tan solo para vivir.
La
corrección fraterna no es:
-
Un ajuste de cuentas
- Un memorial de agravios
- Un diálogo acerca de las causas y los porqués
- Un desahogo
- El camino de la perfección
La
corrección fraterna sí es:
-
Acogida
- Encuentro en lo fundamental
- Un acto de amor
No
hace falta explicarlo mucho: en todo lo que se refiere a la vida comunitaria
y, en general, a la puesta en práctica del mensaje evangélico,
no hay recetas universales. La única recomendación de tipo
general es que todo lo que hagamos tenga como sustrato el "nuevo mandamiento"
del amor. A partir de ahí se podrá recurrir a la experiencia
de otros, a la propia, y al sentido común para poner en práctica
la corrección fraterna. Una vez más hay que recurrir al socorrido
"ama y haz lo que quieras" agustiniano. Pero es que el santo de
Tagaste tenía más razón que un ídem.
Recordar
una vez más que la corrección fraterna es un servicio que
me prestan y que presto a los hermanos. No es un juicio de valor; no son
verdades absolutas, y eso da gran libertad para darla o recibirla.
La
corrección fraterna, cuando nos enfrentamos a ella como problema,
es algo que nos pone a prueba. Contrasta la imagen que tenemos de nosotros
con la que tienen los demás. Pero más importante que eso es
que valora realmente nuestra capacidad de amar. Capacidad de amar en cuanto
posibilidad de acoger esa visión que los demás tienen de nosotros
y en tanto que nosotros somos capaces de ofrecer esa visión que tenemos
del prójimo. Es más cómodo vivir sin ser criticado
y también sin criticar, dejar hacer y que me dejen hacer.
Es
por lo tanto una situación que tensa la vida comunitaria, no solo
cuando se lleva a cabo sino incluso cuando se plantea como posibilidad.