desde la raíz
qué son las nuevas comunidades










(1) Valga señalar la primera construcción teológica que constituyen los Hechos de los Apóstoles. Pero a más podemos también indicar la Didaché IV; XV,3



 

 

 



(2) Muy interesante resulta la reflexión que, a partir del Concilio, se realiza en la Conferencia de Puebla. Es muy sugerente la reflexión doctrinal con respecto al Laico en los números 1436- 1441. También lo referente a la novedad que se expresa en la Iglesia. nº 1442 y ss.


(3) Aunque ya de por sí el esquema que el mismo concilio emplea a la hora de reflexionar sobre ella misma es significativo, partiendo de la realidad Pueblo de Dios, también podemos acercarnos a números muy concretos, como por ejemplo: LG 30-38 ; 39-41).


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pedro Barranco
Teólogo seglar.
Comunidad Tierra Esperanza.
tierraesperanza@terra.es



Se me pide que abra fuego, haciendo una breve reflexión sobre qué puede ser lo comunitario. La pregunta está llena de encanto, y de serias dificultades. Puedo hablar de intuiciones, de reflexiones hechas a pie de obra, de lecturas, de encuentros con otras experiencias...

La historia de los primeros balbuceos de la teología nos ayuda a pensar en la teología, y a soñar con que esa experiencia que se hace vida se parece más a aquello para lo que debe servir(1). Esto es lo que quiere ser, sin más, este articulo. Poner en disposición de todos lo que para nosotros, lo que para mí, es la experiencia de la vida en común de cristianos que no tiene más carné que el del bautismo, ni más salvaguarda que la de la vida puesta sobre la mesa para darla y repartirla. No hay más documento que respalde este compartir que el evangelio, ni reclamo más verdad que el intento de ponerme en disposición de descubrir qué es lo que el Espíritu está queriendo decir con todo esto, también con las pequeñas historias que se están escribiendo en este momento concreto con tantos intentos comunitarios.

Qué son las comunidades.

Es pretencioso, ya lo sé. Pero quiero acercarme con cautela.

A partir del Concilio Vaticano II parece que hay un resurgir, fundado en los documentos conciliares, del mundo seglar. También de los movimientos. Y, por supuesto, de las comunidades. Al hilo de la nueva visión que se quiere dar a la Iglesia, más como Pueblo de Dios que como sociedad Jerárquica, surge un movimiento de renovación y un deseo de respuesta por parte de muchos laicos. También hay muchos obispos y presbíteros que esperaban, como agua de mayo, repensar la Iglesia desde el Pueblo y junto con los laicos. De una visión triangular de poder, se pasa a una circular de servicio.(2)

Las comunidades no son más que el fruto de esa renovación.

Muchos laicos se preguntan cómo permanecer fieles a su vocación. Más aún, se queda pequeño aquel concepto de "estar en el mundo" para querer participar con la donación de toda la vida. Ad intra y ad extra. No hay diferencias en el concepto de Iglesia como sociedad que desarrolla su actividad desde fuera del mundo. Nos comprendemos como miembros que queremos participar y ser corresponsables en toda la vida eclesial. Es la vida que se quiere dar al completo teniendo como base la consagración bautismal.(3)


Las realidades que han surgido son tan variadas como enriquecedoras. Desde movimientos con diversos carismas, hasta comunidades particulares.

Las comunidades cristianas son realidades que surgen para tratar de vivir el evangelio en el seno de pequeños grupos, que quieren ser reflejo de las primeras comunidades cristianas.
Son laicas, como los movimientos, pero estos son de carácter más universal y no expresamente con el deseo de cristalizar, de suyo, en fraternidades de vida común. Intentan hacer presente en el mundo el Reino desde distintas formas, pero no hay uniformidad en cuanto a las formas
Hay una diferencia con respecto a los movimientos, que creo que es fundamental: la necesidad de expresar en fraternidades pequeñas el evangelio y el deseo de ser una luz que recuerde a la Iglesia y al mundo la nueva forma de expresar relaciones humanas que van más allá de los vínculos de sangre. La vida común, expresada en compartir los bienes, la actividad, la vida de oración intensa, etc.

Hay también una gran diferencia con la vida religiosa tradicional sujeta a votos y obediencia.. Aquella vieja prerrogativa de la vida religiosa de la secuela Christi se ha descubierto como para todo cristiano. Nos es significativa esta premisa. Por eso estamos construyendo una forma de entender el cristianismo que asuma toda la radicalidad del seguimiento.
Responden al Espíritu. No podemos decir que haya un "ponerse de acuerdo". Por eso, sin posible conexión, se han ido suscitando a lo largo de todo el mundo. ¿Acaso no es esto suficientemente significativo?

Novedad carismática de su presencia

Lo más importante que quisiera subrayar es que el impulso nacido en el seno de la Iglesia no responde a algo organizado o prefigurado. Las comunidades son la expresión de un deseo y de una falta. Por eso no pertenece a ellas mismas lo que han recibido. El discernimiento ha hecho posible un encuentro en un lugar común. Este discernimiento está siempre inspirado por el Espíritu. Esta es la gran aportación.

Otro elemento importante es su ser laicas. Pero no por contraposición. Laicos como Pueblo (del griego Laos). Esto es, la realidad es que no son estructuras contempladas en el Derecho Canónico. Es más, su rigurosa novedad hace que se estén buscando nuevos caminos, porque han surgido como una realidad vital en la que todos quieren responder. Y, sobre todo, los hombres y mujeres que, estando en la Iglesia y en un encuentro fundante con Jesús, se quedan profundamente inquietos con su respuesta pacata y quieren reinventar la Iglesia, pero desde su realidad más primigenia: la realidad comunal o comunional.

Hay también grandes desaciertos, como en todos los comienzos balbucientes. Uno de los más grandes es quizás el endiosamiento egocéntrico y fragmentario que se pone enfrente de la Iglesia como único referente del evangelio. La vieja tentación cátara ( los puros incontaminados frente a los pobres pecadores) El otro puede ser el de la improvisación surgida de una falsa conexión con el Espíritu. La última , el mesianismo.

Queda mucho camino por delante. Escribiendo todo esto se me ponían delante todos los grandes movimientos de reforma, sobre todo el eremítico y el cenobítico. Las comunidades no están lejos de ese impulso reformador. Hoy hay comunidades que quieren renovar ese movimiento monástico. Las hay insertas en el mundo. Hay comunidades de acogida, las que buscan el encuentro ecuménico, con carácter terapéutico, dedicadas a los enfermos, al encuentro con las religiones, aquellas que buscan el diálogo intercultural a través de la paz, comunidades de vida fuertemente alternativa...La Iglesia, que es madre, debe acompañar los procesos y gozarse de la riqueza del Pueblo de Dios. También ponerse con ellas en posición de discernimiento. El gran reto hoy es parecerse a Dios en la respuesta original y vieja de acercar al hombre a su plenitud y fuertemente encarnados en la realidad.