Suenan
campanas, tañendo lentamente sobre el rumor del campo.Son las
tres de la tarde y es Viernes, cualquier Viernes. Las campanas doblan
por Jesús. Recuerdan cada Viernes la muerte de Cristo en la Cruz,
y marcan el momento central de la semana en esta comunidad donde se
vive la Pascua de Jesús cada semana, haciéndolas todas
“semanas santas”.
Esta
comunidad es Anav o Anawa y la forman numerosos laicos y laicas casados
o solteros, hermanos y hermanas consagradas, y varios sacerdotes. Tienen
su casa madre en Puebla del Río (Sevilla) y además otras
casas en Alajar (Huelva), Portugal y El Salvador. Aquí en la
casa de Sevilla conviven con aquellos a quienes han ofrecido su hogar
para que puedan tener alguno. Son ancianos enfermos, abandonados, enfermos
mentales, inmigrantes, gentes sin ningún otro lugar adonde ir.
En Portugal tienen otra casa con la misma misión, y en El Salvador
una escuela de primaria que pretenden ampliar a secundaria y completar
con un orfanato desde el que dar respuesta a los casos más graves
de abandono. También realizan un ministerio de evangelización
trabajando en sus distintas parroquias.
Hemos
venido hasta Puebla del Río para visitarlos y poder charlar con
José Cabrera, fundador y responsable
de la comunidad, que nos ha acogido con los brazos y el reloj abiertos
de par en par.
:
¿Qué significa Anav?
José Cabrera: Anav (referido a Jesús)
es el singular de la palabra hebrea Anawin, que significa: el hombre
abajado y afligido, manso y sosegado aún en la prueba, humilde,
con una humildad que viene de la justicia, el temor de Dios, la fe y
la fidelidad. Este es nuestro modelo, es el Jesús que nos sustenta
y nos guía.
:
¿Cómo describirías la vocación
de vuestra comunidad?
José
Cabrera: Como dicen nuestros estatutos buscamos “la vida
comunitaria al estilo de las primeras comunidades cristianas, reuniendo
a laicos de todas las condiciones y clérigos, empeñados
en vivir una vuelta a la fuente de la fe, siendo testigos en el mundo
de la ternura y de la misericordia de Dios, presididos y guiados por
María la Madre de Jesús, al servicio de los pobres”.
:
Pues debe resultar muy complejo que convivan tan
estrechamente gentes de tan distinta situación vital.
José
Cabrera: Bueno la convivencia no está exenta de tensiones
y de conflictos, como puede ocurrir en cualquier otra comunidad, bien
sea en una familia, en un convento o monasterio o en cualquier otro
grupo humano. Sin embargo el enriquecimiento que nos proporciona esta
diversidad de vidas supera con mucho las dificultades. Ya desde el principio
tuvimos muy claro que cada cual debía tener un espacio para vivir
según su situación, y no solo un espacio físico,
sino que también los horarios de la comunidad debían estar
en consonancia con todas esas realidades. Hemos tenido un especial cuidado
con las familias, por necesitar éstas un mayor cuidado de su
intimidad y de sus ritmos vitales. Estamos firmemente convencidos de
que este cuidado ha salvado de muchos peligros a la comunidad, permitiéndonos
avanzar a lo largo de los años teniendo siempre claro que la
comunidad nos reúne para trabajar y orar por el Reino.
:¿Qué
significa eso de “volver a la fuente de la fe”?
José
Cabrera: Fundamentalmente consiste en “glosar la Palabra
de Dios”, hacer “carne” el evangelio intentando cada
uno de nosotros ser una letra viva de esa Buena Noticia entre los demás.
Pensamos que el evangelio hay que vivirlo como Jesús, hasta el
extremo, y que cada uno de los extremos que conseguimos hacer realidad
en nuestra vida es un trocito del Reino que se ha hecho presente. En
eso nos sirven de modelo las primeras comunidades cristianas, cuyo estilo
buscamos vivir, tanto en la liturgia como en el trabajo.
:
Por cierto ¿cómo es la oración en Anawa?
José
Cabrera: Cada mañana nos reunimos para la Lectio Divina
y cada tarde para la Eucaristía. Todo esto está imbuido
de los caracteres fundamentales de nuestra espiritualidad: la contemplación
de Jesús como Anav (pobre) que alimenta el sentido de nuestra
vida entregada al servicio, la compasión y la misericordia; una
presencia fuerte de la Virgen María; y la vivencia del Misterio
Pascual cada semana. Este último punto marca el ritmo de la liturgia,
ya que vivimos la Pascua cada semana de Jueves a Domingo con oficios
concretos cada día. Con esto pretendemos tener siempre presente
y afianzar en nuestro interior la experiencia del misterio que Jesús
revela en su Pasión, llenando de sentido así nuestro momento
actual, que es la espera de un nuevo Pentecostés del Amor.
:
Vuestra casa tiene un marcado carácter mariano (hay dos estatuas
de la Virgen presidiendo la explanada frente a la Casa de Ejercicios,
y una capilla presidida por la Virgen, dedicada a Pentecostés),
¿en qué consiste esta cercanía vuestra con la Virgen?
José
Cabrera: Para nosotros la Virgen es la primera de los creyentes,
una hermana que nos guía en la fe, que nos ayuda a seguir a Jesús,
y siendo sinceros he de decir que todo cuanto ha surgido en Onuva (Anawa)
se ha hecho desde su invitación, y con su presencia como un estímulo
y apoyo constantes.
:¿Piensas
que la María a la que vosotros tenéis tan cerca es la
misma que nos presenta la Iglesia y que la gente venera con tanto fervor?
José
Cabrera: Es la misma no cabe duda, pero para nosotros los aspectos
importantes de la figura de María no son seguramente los mismos
que para otra mucha gente. María está siempre junto a
Jesús, no lo deja nunca, y cuando Jesús ya no está
ahí, como en Pentecostés, ella sostiene a la Iglesia para
que no tenga miedo, para que espere a que la promesa de Dios se cumpla,
y es gracias a esa fuerza que la Iglesia es capaz de no ceder al miedo
y abandonar cuando aún no se ve clara la llegada del Espíritu.
María es la primera en la esperanza, y no es tanto una reina
(con su corona, su manto y sus joyas) como una hermana.
:
Una comunidad como vosotros tiene que tener mucha relación con
la jerarquía eclesiástica, ya que trabajáis en
distintas diócesis y en todas tenéis el reconocimiento
del Obispo diocesano.
José
Cabrera:Verás nosotros nos sentimos profundamente insertos
en la vida de la Iglesia, pero no solo con la jerarquía, sino
en general como parte de la Iglesia universal. Como todo lo nuevo (y
nuestra comunidad se inserta en lo que se ha dado en llamar nuevas comunidades),
tenemos los problemas propios que se derivan del desconocimiento de
nuestra realidad y eso hace que a veces haya algún que otro malentendido
o cierta actitud de “sospecha” hacia nosotros, pero es algo
anecdótico. Lo normal es que mantengamos unas relaciones cordiales
y afectuosas con el resto de la Iglesia, sabiendo compaginar nuestro
carácter alegre y muy sincero (aún en las posturas críticas
que a veces tenemos que adoptar) con la obediencia madura y serena a
nuestros obispos.
:
Bueno Pepe ¿y de que come Anawa?
José
Cabrera: Intentamos vivir de nuestro trabajo, teniendo abierta
la puerta siempre a la providencia. Las pensiones de los hermanos y
hermanas jubilados (sacerdotes, religiosas,...), algún que otro
sueldo y las aportaciones de las personas a las que asistimos son el
cauce por el que Dios nos mantiene. Hasta el día de hoy y después
de 30 años de andadura no puedo decir que nos haya faltado algo
esencial, aunque hemos tenido etapas mejores y peores, pero jamás
nos ha faltado lo fundamental para poder vivir y seguir ayudando con
dignidad a quienes han elegido nuestra casa como su hogar.
:
Se nos hace tarde y va siendo hora de irnos. Como última cuestión
¿eres feliz así?, ¿crees que los demás hermanos
y hermanas lo son?
José
Cabrera: Sin duda. Yo si que me siento un hombre feliz y veo
que a mi alrededor hay hombres y mujeres curtidos por el trabajo duro
pero con una sensibilidad, una alegría y una ternura impresionantes.
Mira, de todos los que han pasado por esta comunidad muy pocos se han
ido. Cuando alguien llega, se queda. Y los pocos que han marchado siguen
teniendo una estupenda relación con nosotros.
Esto puede no decir nada, pero a mí me habla de que en nuestra
humildad, en nuestra pobreza y, sobre todo, a pesar de nosotros mismos
el Reino de Dios se saborea junto a estos hermanos y hermanas. La comunidad
“engancha” para el Reino.