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Comunidad Anav
Puebla del Río (Sevilla)
“La comunidad engancha para el Reino”
8 de Octubre de 2004.
 

Suenan campanas, tañendo lentamente sobre el rumor del campo.Son las tres de la tarde y es Viernes, cualquier Viernes. Las campanas doblan por Jesús. Recuerdan cada Viernes la muerte de Cristo en la Cruz, y marcan el momento central de la semana en esta comunidad donde se vive la Pascua de Jesús cada semana, haciéndolas todas “semanas santas”.

Esta comunidad es Anav o Anawa y la forman numerosos laicos y laicas casados o solteros, hermanos y hermanas consagradas, y varios sacerdotes. Tienen su casa madre en Puebla del Río (Sevilla) y además otras casas en Alajar (Huelva), Portugal y El Salvador. Aquí en la casa de Sevilla conviven con aquellos a quienes han ofrecido su hogar para que puedan tener alguno. Son ancianos enfermos, abandonados, enfermos mentales, inmigrantes, gentes sin ningún otro lugar adonde ir. En Portugal tienen otra casa con la misma misión, y en El Salvador una escuela de primaria que pretenden ampliar a secundaria y completar con un orfanato desde el que dar respuesta a los casos más graves de abandono. También realizan un ministerio de evangelización trabajando en sus distintas parroquias.

Hemos venido hasta Puebla del Río para visitarlos y poder charlar con José Cabrera, fundador y responsable de la comunidad, que nos ha acogido con los brazos y el reloj abiertos de par en par.

: ¿Qué significa Anav?

José Cabrera: Anav (referido a Jesús) es el singular de la palabra hebrea Anawin, que significa: el hombre abajado y afligido, manso y sosegado aún en la prueba, humilde, con una humildad que viene de la justicia, el temor de Dios, la fe y la fidelidad. Este es nuestro modelo, es el Jesús que nos sustenta y nos guía.

: ¿Cómo describirías la vocación de vuestra comunidad?

José Cabrera: Como dicen nuestros estatutos buscamos “la vida comunitaria al estilo de las primeras comunidades cristianas, reuniendo a laicos de todas las condiciones y clérigos, empeñados en vivir una vuelta a la fuente de la fe, siendo testigos en el mundo de la ternura y de la misericordia de Dios, presididos y guiados por María la Madre de Jesús, al servicio de los pobres”.

: Pues debe resultar muy complejo que convivan tan estrechamente gentes de tan distinta situación vital.

José Cabrera: Bueno la convivencia no está exenta de tensiones y de conflictos, como puede ocurrir en cualquier otra comunidad, bien sea en una familia, en un convento o monasterio o en cualquier otro grupo humano. Sin embargo el enriquecimiento que nos proporciona esta diversidad de vidas supera con mucho las dificultades. Ya desde el principio tuvimos muy claro que cada cual debía tener un espacio para vivir según su situación, y no solo un espacio físico, sino que también los horarios de la comunidad debían estar en consonancia con todas esas realidades. Hemos tenido un especial cuidado con las familias, por necesitar éstas un mayor cuidado de su intimidad y de sus ritmos vitales. Estamos firmemente convencidos de que este cuidado ha salvado de muchos peligros a la comunidad, permitiéndonos avanzar a lo largo de los años teniendo siempre claro que la comunidad nos reúne para trabajar y orar por el Reino.

:¿Qué significa eso de “volver a la fuente de la fe”?

José Cabrera: Fundamentalmente consiste en “glosar la Palabra de Dios”, hacer “carne” el evangelio intentando cada uno de nosotros ser una letra viva de esa Buena Noticia entre los demás. Pensamos que el evangelio hay que vivirlo como Jesús, hasta el extremo, y que cada uno de los extremos que conseguimos hacer realidad en nuestra vida es un trocito del Reino que se ha hecho presente. En eso nos sirven de modelo las primeras comunidades cristianas, cuyo estilo buscamos vivir, tanto en la liturgia como en el trabajo.

: Por cierto ¿cómo es la oración en Anawa?

José Cabrera: Cada mañana nos reunimos para la Lectio Divina y cada tarde para la Eucaristía. Todo esto está imbuido de los caracteres fundamentales de nuestra espiritualidad: la contemplación de Jesús como Anav (pobre) que alimenta el sentido de nuestra vida entregada al servicio, la compasión y la misericordia; una presencia fuerte de la Virgen María; y la vivencia del Misterio Pascual cada semana. Este último punto marca el ritmo de la liturgia, ya que vivimos la Pascua cada semana de Jueves a Domingo con oficios concretos cada día. Con esto pretendemos tener siempre presente y afianzar en nuestro interior la experiencia del misterio que Jesús revela en su Pasión, llenando de sentido así nuestro momento actual, que es la espera de un nuevo Pentecostés del Amor.

: Vuestra casa tiene un marcado carácter mariano (hay dos estatuas de la Virgen presidiendo la explanada frente a la Casa de Ejercicios, y una capilla presidida por la Virgen, dedicada a Pentecostés), ¿en qué consiste esta cercanía vuestra con la Virgen?

José Cabrera: Para nosotros la Virgen es la primera de los creyentes, una hermana que nos guía en la fe, que nos ayuda a seguir a Jesús, y siendo sinceros he de decir que todo cuanto ha surgido en Onuva (Anawa) se ha hecho desde su invitación, y con su presencia como un estímulo y apoyo constantes.

:¿Piensas que la María a la que vosotros tenéis tan cerca es la misma que nos presenta la Iglesia y que la gente venera con tanto fervor?

José Cabrera: Es la misma no cabe duda, pero para nosotros los aspectos importantes de la figura de María no son seguramente los mismos que para otra mucha gente. María está siempre junto a Jesús, no lo deja nunca, y cuando Jesús ya no está ahí, como en Pentecostés, ella sostiene a la Iglesia para que no tenga miedo, para que espere a que la promesa de Dios se cumpla, y es gracias a esa fuerza que la Iglesia es capaz de no ceder al miedo y abandonar cuando aún no se ve clara la llegada del Espíritu. María es la primera en la esperanza, y no es tanto una reina (con su corona, su manto y sus joyas) como una hermana.

: Una comunidad como vosotros tiene que tener mucha relación con la jerarquía eclesiástica, ya que trabajáis en distintas diócesis y en todas tenéis el reconocimiento del Obispo diocesano.

José Cabrera:Verás nosotros nos sentimos profundamente insertos en la vida de la Iglesia, pero no solo con la jerarquía, sino en general como parte de la Iglesia universal. Como todo lo nuevo (y nuestra comunidad se inserta en lo que se ha dado en llamar nuevas comunidades), tenemos los problemas propios que se derivan del desconocimiento de nuestra realidad y eso hace que a veces haya algún que otro malentendido o cierta actitud de “sospecha” hacia nosotros, pero es algo anecdótico. Lo normal es que mantengamos unas relaciones cordiales y afectuosas con el resto de la Iglesia, sabiendo compaginar nuestro carácter alegre y muy sincero (aún en las posturas críticas que a veces tenemos que adoptar) con la obediencia madura y serena a nuestros obispos.

: Bueno Pepe ¿y de que come Anawa?

José Cabrera: Intentamos vivir de nuestro trabajo, teniendo abierta la puerta siempre a la providencia. Las pensiones de los hermanos y hermanas jubilados (sacerdotes, religiosas,...), algún que otro sueldo y las aportaciones de las personas a las que asistimos son el cauce por el que Dios nos mantiene. Hasta el día de hoy y después de 30 años de andadura no puedo decir que nos haya faltado algo esencial, aunque hemos tenido etapas mejores y peores, pero jamás nos ha faltado lo fundamental para poder vivir y seguir ayudando con dignidad a quienes han elegido nuestra casa como su hogar.

: Se nos hace tarde y va siendo hora de irnos. Como última cuestión ¿eres feliz así?, ¿crees que los demás hermanos y hermanas lo son?

José Cabrera: Sin duda. Yo si que me siento un hombre feliz y veo que a mi alrededor hay hombres y mujeres curtidos por el trabajo duro pero con una sensibilidad, una alegría y una ternura impresionantes. Mira, de todos los que han pasado por esta comunidad muy pocos se han ido. Cuando alguien llega, se queda. Y los pocos que han marchado siguen teniendo una estupenda relación con nosotros.
Esto puede no decir nada, pero a mí me habla de que en nuestra humildad, en nuestra pobreza y, sobre todo, a pesar de nosotros mismos el Reino de Dios se saborea junto a estos hermanos y hermanas. La comunidad “engancha” para el Reino.