Para
tomar conciencia, conjuntamente, de qué pasos debemos dar
los cristianos, con olor a evangelio,
que sean auténtico reflejo hoy de la aspiración
de la Palabra de Dios: la felicidad de todos
los hombres, sin excepción.
Para
descubrir juntos los desvíos y desvaríos que nos
hacen sembrar sólo nuestras ideas e intuiciones y no lo
universal del Proyecto de Dios.
Para
enriquecernos mutuamente y ayudarnos a gestar, dentro de nuestro
corazón y mente, un universo donde todos quepan,
donde a todos se les experimente como hermanos.
Para
irnos descubriendo, unos a otros, el fondo y la forma que
haga posible que nuestros lugares,
los espacios en los que nos desenvolvemos, sean
cada vez más universales: que siembren humanidad,
construyan cuerpo y no partes del mismo, sepan alimentarse
y confrontarse fraternalmente con todos.