Objetivos


Ante la contemplación de la realidad de una humanidad vejada y abatida, sin voz y sin fuerzas, de la realidad de división de los cristianos, que más que causa de fe es causa de ateismo e incredulidad, Jesús sigue clamando al Padre en un grito desgarrador “Que sean uno para que el mundo crea”.
Es el intento de fidelidad a la Palabra de Dios, el que nos urge e impulsa a llevar a cabo esta iniciativa de asamblea universal, como una pequeña respuesta entre otras tantas que otros hermanos hacen, a ese grito de Jesús que nos pide con urgencia cambiar esta realidad.

También con la única intención de querer soñar y hacer realidad el mismo sueño que Dios tiene para toda la humanidad de todos los tiempos, nos preguntamos: ¿A qué lugar tendríamos que ir para encontrarnos todos los seres humanos en casa, en familia, donde todos viesen a ese Dios?. El mismo Jesús, a una pregunta parecida respondió: “¡Ven y lo verás!” Gregory Bateson (gran pensador, ecólogo, filósofo de la ecología del pensamiento) responde con esta frase: “La totalidad es lo sagrado”. “Que donde estemos todos, allí, esa es la Tierra Santa ante la que hay que descalzarse”.

El Señor nos llama a no seguir tan preocupados por nuestras casas, nuestros carismas y responsabilidades, que nos hacen olvidar la construcción de la casa común, hogar de todos, la “Casa Universal del Dios de la tierra”. Mientras seguimos entretenidos en “hacer nuestra propia iglesia a nuestra medida, la correspondiente a nuestra interpretación del carisma y función al que nos debemos”, la Palabra de Dios nos recuerda: “Habéis sembrado mucho pero cosechado poco, ...esperabais mucho y bien poco es lo que habéis recibido... Mi casa está en ruinas mientras que vosotros vais a prisa cada uno a vuestra casa” (Ag. 1,6-9)

Queremos en este tiempo de preparación a la asamblea, comenzar a trazar y dibujar entre todos un boceto de casa o maqueta común, a modo de tienda de Dios en medio de su pueblo (Enmanuel), que sea referencia universal - pequeña y humilde - de la presencia del Dios de la tierra, de forma que cuando nos pregunten ¿dónde vive tu Dios? podamos responder igual que el maestro ¡Ven y lo verás!

De tal modo que podemos definir el objetivo general de la siguiente manera: Dibujar entre todos unos planos referenciales para construir una maqueta. Es decir, trazar un ideario de vida (titulado "ORIGEN, CAMINOS Y FIN DE LA COMUNIÓN") fundado en la vocación universal cristiana, poniendo todos los medios según el Espíritu para hacer visible que cualquier lugar de iglesia (parroquia, comunidad, movimiento, ...) pueda ser reconocido por todos como “lugar universal” sin apellidos.

Junto a éste, se desprenden los siguientes objetivos específicos, sin los cuáles no puede ser entendida la edificación de esta maqueta:

1. Crear una conciencia conjunta evangélico eclesial de cuerpo y de Iglesia Universal en clave de diocesaneidad, como núcleo esencial con el que todos hemos de sintonizar y por tanto, que potencie, resitúe y redimensione a cada carisma o sector eclesial como realidades llamadas a comulgarse mutuamente en la reciprocidad y complementariedad.

2. Desde una nueva educación para un cambio de mentalidad, rescatar la Palabra de Dios y con ella la Vocación Única y Universal devaluada.

3. Toma de conciencia del Profetismo de la unidad que todo esto conlleva (“empezando por Jerusalén”) y que haga descubrir la desencarnación y desparramamiento existente en la realidad eclesial que presentamos al mundo. Tal profetismo conjunto ha de estar cargado de la Misericordia de Dios y exento de todo juicio.

4. Descubrir el papel que desempeñaría en esta "casa común universal" la pluralidad de realidades que asuman este ideario.

Como consecuencia, el fundamento de esta Asamblea tiene como básica y única misión el descubrimiento de la tarea que comentamos y que no puede ser si no es a partir de la Iglesia, cuya conciencia universal será posible si todos no descubrimos dicha universalidad y como consecuencia, todos sentimos la urgencia de iniciar la tarea que lo haga posible. Desde la educación y la forma entendida durante siglos, la creación de esta “Conciencia de Iglesia Universal”, resulta inimaginable, irrealizable, ya que es una “obra inédita” que se hace visible por la falta total de frutos que hablen de lo que intentamos decir… En argot musical podíamos decir que estamos en algo así como “La Sinfonía Inacabada”. Esta no se dará como debe ser si no es desde la Palabra de Dios y con la conciencia evangélica de la que proceder y nacer, o sea, realizándose desde un “rescate-composición de conjunto”, efectuado como decimos, en torno a la Palabra de Dios.

Es decir, el horizonte último (o trans-horizonte), que indique que tal tarea finalmente está “acabada” se dará cuando en su vivencia y audición todo sepa, se mueva y se proyecte en clave de cuerpo, de encarnación y de comunión trinitaria, de forma permanente.