ponencias VIII reflexión eclesial plural

El Dios de la tierra

Espacio para la unidad de la Diócesis de Madrid.
El Atazar, 25-27 noviembre 2.005

 

Si hay un solo Dios, puesto que no puede ser de otra manera, ya no puede haber un Dios del cielo y otro Dios de la tierra.

Dios es, soy

Es la tierra, la hierba, el árbol, el león, la criatura…

“En el principio todo estaba en Él” (Jn )

Soy mar, agua, pájaro, brisa…

Si Dios lo inunda todo, es mar. Todo lo demás es ola. ¿Y quién puede negar que una ola no sea también mar? ¿Acaso una gota no es también río?

“LA DIVINIDAD ES UNA FUENTE
DE LA QUE TODO MANA
A LA QUE TODO RETORNA
Y POR ESO TAMBIÉN ES UN MAR”.
Ángelus Silesius

LA GOTA SE HACE MAR
CUANDO ENTRA EN LA MAR,
EL ALMA DIOS,
CUANDO ESTÁ ACOGIDA EN ÉL.
Ángelus Silesius

Dios es la esencia de las cosas, constituye y sostiene sus naturalezas, todas las naturalezas, por eso podemos llegar a través de todo lo que existe y ha sido creado a su creador; podemos considerar así su poder, su armonía, su belleza, su orden, etc.…

De esa forma llegamos a la idea del DIOS DEL CIELO.
Y un ángel nos volvería a repetir: “¿Qué hacéis ahí, embobados, mirando al cielo?”

Pero es cuando Dios se encarna en Jesús, cuando se produce esa revelación definitiva del Dios de la tierra. Es su aparición la que nos explica nuestra naturaleza, de lo que estamos constituidos, lo que somos. Dios se hace materia, forma, continente en cada ser creado. Jesús es mi explicación. Él y yo estamos llamados a confundirnos. Es mi encarnación, es donde Dios se lo juega todo.

Somos criaturas – de ser creadas = sustentados en otro. Pero al mismo tiempo somos semejanza, imagen, tomamos la forma de hijos y por tanto los mismos genes que el Padre, esencia del mismo Dios ya que fuimos creados en ÉL. Antes de nacer estábamos en el principio en Él, pues Dios es acto, presente. En Dios no puede haber pasado ni futuro; Él es.

“El despertar no sucede después de la muerte física, sino cuando la persona reconoce su naturaleza verdadera: el Reino de Dios en él. Entonces dice con Jesús: “Antes que Abraham naciese, yo soy”. (Willigis Jäger)
Sois como dioses, vivo en vosotros, sois templos de mi presencia, semillas de mi siembra, agua viva de mi fuente,


Y si Dios es en nosotros, solo crearemos unidad si lo hacemos en la intimidad de nosotros, no pensando que luego lo haremos con el resto de la humanidad, sino unificando desde el principio nuestra decisión.

“Desde el fondo de su experiencia de unidad Jesús dijo:”El Padre y yo somos uno” y “El que me ha visto a mí ha visto al Padre.” Y dice: “Como tú Padre estás en mí y yo estoy en ti, deben estar ellos en nosotros”, “Deben ser uno, como nosotros somos uno, yo en ellos y tú en mí. Así deben ser consumados en la unidad”. Bajo “ser uno” no entiendo unión sino unidad. En la Eucaristía celebramos la unidad de Dios y el ser humano. En esto radica su significado más profundo. Pan y vino son símbolos de toda la creación. No tienen solamente la dimensión material de pan y vino, sino también otra que llamamos Dios; tampoco nosotros somos solamente personas de carne y hueso, de psique y mente. También en nosotros se manifiesta esa otra dimensión, Dios. Somos formas divinas”.
(Willigis J. “En cada ahora hay eternidad”)

Conforme me adentro en el conocimiento y contemplación de lo que realmente soy, me conformaré al mismo tiempo y con la misma intensidad con toda la creación.

“QUE NECIA ES LA PERSONA
QUE BEBE DEL CHARCO,
DESPRECIANDO LA FUENTE
QUE NACE EN SU CASA”.
(Ángelus S.)

Una unidad que no entiende de 1º y 2º pasos, a la que todos estamos llamados desde el momento en que lo descubramos.

- ¿Y los otros?
- Y a ti qué.

Conforme más nos identifiquemos con el yo, lo profundo de nosotros, lo que realmente somos y dejemos de estar determinados por el ego (lo que sentimos, lo que tememos, lo que queremos asegurar, lo que deseamos…), más “yo soy” irá habitando en nosotros hasta alcanzar el hombre perfecto en Cristo.

“Y Dios con ellos será su Dios” El Dios de la tierra como en el cielo.


Los desafíos existenciales que nacen de todo esto.


1º. El reto de la encarnación de todo lo humano- divinizado.

2º. El trabajo de contemplación que hemos de emprender para experimentar en lo más profundo de nosotros al siempre desconocido y no por eso preexistente.

3º. El desafío de la koinonía – comunión.

4º. El trabajo necesario sobre nosotros al entrar por la puerta estrecha

5º ….