ponencias VIII reflexión eclesial plural

Decalogo para vivir lo nacido de todos y para todos

Espacio para la unidad de la Diócesis de Sevilla.
El Atazar, 25-27 noviembre 2.005


“ Al principio creó Dios el cielo y la tierra” Gn 1,1


“Pongo hoy por testigos contra vosotros al cielo y a la tierra: ante ti están la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz y uniéndote a él, pues él es tu vida y el que garantiza tu permanencia en la tierra que el Señor juró dar a tus antepasados, a Abrahán, Isaac y Jacob.” Dt 30,19-20


DECÁLOGO PARA VIVIR LO NACIDO DE TODOS Y PARA TODOS


1. Hacernos corresponsables de un Cuerpo, de una tarea, de un encargo que, también desde siempre, sigue esperando ser acogido, acunado y cuidado. Una nueva criatura espera nacer y ser de todos, que lleve los genes de todos. Que nazca el bello Cuerpo de la Humanidad total, un sólo Cuerpo a Su imagen y semejanza y ante el que nos preguntamos: ¿qué quiere expresar este cuerpo completo al mundo, cómo hacer para que todo el mundo conforme este bello Cuerpo?, ¿cómo, por ahora, poder ofrecer al mundo una ecografía de Unidad con la que ver y tocar a este Cuerpo, verdadero Dios de la tierra? Rom 8,22-23.

2. Dejar de sentirnos dueños de lo que pertenece desde siempre a toda la Humanidad, una Buena Noticia de felicidad para todos: la plenitud humana. Sin patentes, porque no cabe tener la exclusiva de nada que abarque a todo y al Todo; lo Universal es sólo abarcable por lo universal. Cuando dejemos de sentirnos dueños, y pasemos a ser simples administradores fieles, la expropiación ya no tendrá razón de existir, porque no habrá propiedades a las que nos aferramos, ni personal ni grupalmente, y se vivirá en la tierra como Casa y Vivienda de todos, la morada de todos. Ningún grupo humano se puede adueñar de lo que es de todos y para todos desde siempre. Mt. 24,45-47.

3. Ejercer nuestra maternidad como pueblo que sale al encuentro del otro, recogiendo todo lo que está disperso; para pasar de la negligencia que lleva a la dilución familiar de miembros desorientados que buscan por separado, a lo único que nos puede aglutinar, - la plenitud humana - desde el concentrarnos para buscar juntos y hacernos Uno, una sola Familia, con un sólo Señor y un único Espíritu. Lc 15,8

4. Soñar, soñar y soñar y visualizar horizontes, que me empujen siempre hacia esa dirección, esos horizontes, sin entretenerme en el camino ni perder de vista lo fundamental y central. La posibilidad de soñar queda paralizada cuando dejamos que nos venza el miedo, nos agarramos a lo más “realista” (dejamos de visualizar horizontes) y empezamos a dejarnos convencer por la mediocridad que hace retrasarse el hermoso Sueño para el que fuimos llamados a Vivir desde antes de nacer. Jr 1,4-10

5. Vivir la pobreza que me hace necesitar a mi hermano, la que me hace mirar más allá de la realidad eclesial donde me muevo y que será lo que nos predisponga y disponga a estrenar esa búsqueda conjunta, complementarnos y gozar de la imagen completa y enterita de Dios. Buscando cada uno por separado, seguiríamos viviendo espejismos de reino de Dios, desde mi trozo de desierto particular. Hemos de bailar esa danza conjunta-comunitaria con una misma música que impulsa diferentes pero compenetrados movimientos. Vivir la pobreza que me hace necesitar ir más allá de lo que personalmente uno entiende que Dios le pide, de forma que esta pobreza, esta necesidad, esta debilidad,... sea la que continuamente rompa las falsas imágenes de Dios, de mi Dios, y dé vida al verdadero Dios del cielo, que sólo es creíble porque es el único Dios que hace más visible y real en la tierra. Sólo es el Dios del cielo cuando lleguemos a hacer que sea el Dios de la tierra. Mt 19,21


6. Remirar y poner en duda mis propios convencimientos, dejándonos rescatar cada día y sabiendo que a la persona no la define ni sus ideas ni todo lo que la llevó a tenerlas. Esto serán sólo circunstancias a contemplar y mirarlas desde Dios. Ser la comunidad pobre, comunidad de servidores y últimos, donde conocernos todos y vivir en la conciencia de querer vivir lo mismo, para el mismo fin. Jn 13,13-17

7. Responder a esa eterna llamada a la Felicidad al vivirnos todos como pueblo en plenitud, hombres y mujeres en plenitud, humanidad en plenitud y creación en plenitud. Plenitud sostenida en la madurez humana, la que nos hace trascender nuestras subjetividades y circunstancias, y tomar conciencia de lo que aún falta por aclarar en medio de tanta confusión, la que se da en la vieja mentalidad, donde se continúa pintando muros de separación al seguir creyendo en las discontinuidades del espacio, como si la distancia física fuese más real que la del corazón, la del tener, cuando nacimos sin nada y sin nada nos iremos, y la de lo externo y la de dentro, cuando sólo desde y en lo íntimo gozaremos Ser Todos Uno y no desde los gestos externos de unidad; viviendo amores parciales e incompletos que hace acepción de personas tanto al amar como al dejarse amar. Y desde el ser conscientes de esto caminar hacia la plena y perfecta felicidad:
- siendo la felicidad una consecuencia de la plenitud humana y no al revés
- siendo la plena realización personal lo único que puede llegar a ser “nacido de todos y para todos”. Ef 3,19

8. Conocer a Dios en su Hijo Jesús, conocer su personalidad, su forma de ser, de sentir, de pensar, sus sueños, su modo de amar...(un modo de amar que sobrepasa el amor genérico al que se refiere Mt 25), un modo de amar pleno y completo, que derriba muros para dar paso a lo permanente, la continuidad, lo constante, el Todo; porque siempre quiso mostrárnoslo como Padre y que como tal lo conociéramos, y vivir atentos y en constante contemplación y lectura de la hermosa Historia que Dios va escribiendo. Jer 31,34. Ef 3,17

9. Dejar a Dios ser, en nosotros, Dios en la tierra, desde la cotidianidad más cotidiana en la que todos nos encontramos, al buscar vivir el Reino y su justicia, y todo lo demás, alimento, vestido,... se nos dará por añadidura. Mt 6,25-34.

10. Consagrados a la única Vocación, Universal, para todos, desde el principio, de Hijos de Dios, que se reencuentran, recuperan y gozan de su verdadera Identidad, que desde la posibilidad y la libertad, viven el regalo de la plenitud humana y que, consecuentemente, nos llevará juntos hacia ese encuentro Dios-con-nosotros, donde la Humanidad Una deja de ser Imagen y Semejanza y pasa a ser, Una, en y con Dios, el mismo Dios, Dios-con-nosotros, que ya no baja del cielo (Ap 21,1-4), sino que, como Dios de la tierra, ha llegado a hacer la tierra como desde el principio ya era en el cielo. 1Tes 4,3

Al principio creó Dios el cielo y la tierra (Gn 1,1), para que, al final, llegara a ser la tierra el cielo, pues en ella es donde llegará a tener su morada, Dios-con-nosotros. Ya no hay, pues, separación entre cielo y tierra, comprenden un único espacio, vivienda y vida.

“ Pues el precepto que yo te prescribo hoy no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo para que digas: “¿Quién subirá al cielo a buscar para que nos lo dé a conocer y lo pongamos en práctica?” Tampoco está más allá de los mares para que digas: “ ¿Quién pasará al otro lado de los mares a buscarlo para que nos lo dé a conocer y lo pongamos en práctica?” El mandamiento está a tu alcance: en tu corazón y en tu boca, para que la cumplas ”. Dt 30,11-14


Espacio para la unidad de la Diócesis de Sevilla.
El Atazar, 25-27 noviembre 2.005