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Documentos construído, desde la búsqueda por responder al Evangelio y a la Iglesia, por tres comunidades de la diócesis de Huelva: Nueva Tierra, Tierra Esperanza y Pueblo de Dios. PROEMIO 1.LA
CENTRALIDAD DE LA BUENA NOTICIA. 2.LA
MISIÓN. Lc 9,12. El "para qué" de la 3.LA
INTENCIÓN DE UNIDAD Y SERVICIO. ELEMENTOS ESENCIALES DE LA COMUNIDAD CRISTIANA
Hemos de partir del hecho fundante de la fe cristiana: el Dios en el que creemos es un Dios Trinidad, un Dios Comunidad. Este hecho de fe no hace más que ponernos en la pista certera de que la adhesión a su esencia pasa por interiorizar esta dimensión (Jn 10,30; Mt 28,19) Para entender esto hemos de saber que el impulso divino (el Espíritu) nos lleva, nos guía, nos alienta y ayuda a seguir el Camino de la Verdad y la Vida (Jesucristo), según un modo y manera dominante (la Palabra) para llegar a ser uno con el sentido y la realidad última de las cosas (el Padre). Coincidimos pues que la comunidad no es un aspecto al que podamos o no adherirnos, no es un carisma específico; es una parte de la misma esencia de Dios y, además, inseparable del seguimiento cristiano. Negar esta realidad, tratar de escorarla o sofocarla es perder la dimensión de ser Pueblo de Dios: "Vosotros, en cambio, sois linaje escogido, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo adquirido por Dios, para publicar las proezas del que os llamó de las tinieblas a su maravillosa luz. Los que antes no érais pueblo, ahora sois pueblo de Dios" (1Pe 2,9-10) Porque Dios es el impulso, el camino y la meta, y esta triple realidad en la que vivimos, nos movemos y somos (He 17, 28) no hace más que hablarnos de que identificarnos con Dios es repetir, como una imagen, ese ser de Dios, de un Dios que quiere ser, sobre todo,pueblo: "dioses sois, e Hijos del Altísimo"(Sal 82,6) "Pondrá
su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él, Dios-con-ellos,
será su Dios"
Los primeros cristianos lo entienden perfectamente al unirse formando comunidades de vida y de fe donde vivir unidos y compartir los bienes y la misión (Hch 2,42-47) De hecho, el Espíritu viene no sobre cada uno, sino sobre todos los que lo siguen. Pentecostés no es más que unificar bajo el mismo Espíritu a los que le siguen y le aman, a fin de que sean un sólo pueblo aquellos que desde Babel fueron muchos. Es la nueva realidad, la nueva humanidad, el llamamiento repetido a los hombres, una y otra vez, a estar con él y anunciar su mensaje (Mc 3,14). 1.LA
CENTRALIDAD DE LA BUENA NOTICIA. "Llamó a doce para que 1.1. La Llamada de Jesús para estar con él. 1.2. El Anuncio. 1.1. La Llamada de Jesús para estar con él. 1.1.1. Evidentemente, la comunidad de seguidores sólo y exclusivamente puede darse cuando cada uno siente en el interior la misma llamada que sintieron los primeros discípulos. La llamada de Jesús es a estar con él (Mc 3,14) 1.1.2. Sin embargo, esta llamada no ha de entenderse nunca como un requerimiento que, una vez respondido (dejando o abandonándolo todo), me conduce a una intimidad exclusiva y aislante con Dios. Al contrario, áquel que responde a la llamada deja de vivir para su propio interés y puede seguir el ejemplo del Maestro. (2Cor 5,14-15) 1.1.3. Esta llamada es para unirse al grupo de los seguidores que tienen como centro a Jesús, que se mueven en torno a él y por él. Pierde sentido si la experiencia del grupo no es un referente constante y continuo para todos. Responder a ella supone también incorporarse al cuerpo místico de Cristo, por ello debemos entender que este "estar con él" no es para mí: el seguimiento de Jesús se le exige al discípulo, pero también a la comunidad, porque se da, se pronuncia, se realiza siempre en un contexto comunitario (Jn 17,6-8.17-18.20-21) 1.1.4. Quizá por esto, el Espíritu aparece en Pentecostés como impulsor del grupo. La experiencia del Resucitado lleva al grupo de sus seguidores a reunirse; ésa es la razón primera, y no otra, de que estuvieran juntos. En el seno del grupo el Espíritu se convierte en el aliento de Dios necesario para que surja, de forma primordial y "fundacional", la comunidad cristiana (Hch 2,1-4.41-47) 1.1.5. Por esto, la comunidad debe reunirse constantemente en torno a la Palabra para orar, reflexionar y discernir, ayudada por el Espíritu, la voluntad eterna del Padre sobre el hombre, constatada y explícita en el pueblo de Dios (Israel) y en Jesús, y que debe hacerse concreta en esta historia, que también es historia de salvación. 1.1.6. De ahí la importancia de la comunicación de la fe y la vida en la comunidad, para poder experimentar, por medio de la ayuda de los hermanos, en oración, formación o diálogo, el crecimiento del hombre interior que debe asemejarse cada vez más a Cristo (Rom 15,5) 1.1.7. Por lo tanto, la comunidad debe estar alimentada por la Palabra de Dios en un doble sentido: sentirse privilegiada porque en su seno reposa Dios hecho Palabra y al la vez cuestionada por lo lejos que quedan, uno del otro, el ideal y la vida. Es dentro del grupo de seguidores de Jesús donde pueden confrontarse las actitudes personales y comunitarias con su mensaje, porque es misión del Espíritu que los congrega recordarlo e interpretarlo (Jn 14,26; 16,13-15) 1.1.8. Todo lo anterior nos habla de un proceso constante de conversión que hace volver la mirada del que ha sido llamado hacia sí mismo y le recuerda que no olvide el amor primero: esa llamada directa del Señor a estar con él y seguirlo en el camino. Un amor y una llamada que, si quieren ser auténticos, han de renovarse continuamente. 1.2. El Anuncio 1.2.1. El Mensaje, de por sí explosivo, es comunicativo. Por esto es pre-dicación. Es expresión. Es Palabra, lo que se dice. Conocemos la voluntad de Dios porque Dios se dice a sí mismo en su Hijo (Jn 1,1-2.14) El querer ser imagen de Jesús, repetirlo, es, sin más, ser Palabra que se dice y se anuncia (Jn 17,6-8) 1.2.2. El anuncio es la agilidad y la virtualidad del Mensaje que está para decirse, no para poseerse o ser encerrado. De ahí la necesidad de la formación constante; de ahí la exigencia del conocimiento exacto y no por lo que digan otros; de ahí la necesidad de dejar hablar al mismo evangelio, de dejar expresa, clara y libremente, la Palabra, sin forzarla o manipularla. 1.2.3. La predicación va unida a la misión, pero la comunidad no debe enviarse a sí misma o proclamarse a sí misma. Hay que cuidar, pues, de no dar más importancia al mensajero que al mensaje, recordar que somos vasijas de barro con un tesoro dentro (2Cor 4,7). Todos los medios y formas deben procurar que llegue a los otros del modo más puro. Fuera de la sencillez y la pobreza, todo puede ser confusión. 1.2.4. La comunidad existe porque en ella está Jesús en la Palabra y el Espíritu la impulsa. La comunidad debe decirse como eco de la Palabra que se anuncia. No como banderín de enganche, sino como voceros gratuitos de la Buena Noticia. No existe Mensaje si no se dice. No existe comunidad si no existe Mensaje que se dice. 1.2.5. A la hora de proclamar la Palabra, el lugar privilegiado desde donde surge, y desde el que la comunidad se nutre, es la oración. Es el centro desde donde la Palabra se hace efectiva y verdadera. Por tanto, la oración y la conversión son dos polos de un mismo lugar común. No somos dignos de proclamar la Palabra como comunidad si no vivimos en una continua dinámica de conversión.
2.1. Nunca es mucho repetir que si no se está en íntima conexión con Jesús, el Cristo, o no se vive de forma evidente en el espíritu de la comunidad de los Hechos, todo envío o misión es vano. O sería, en todo caso, crear alternativas personales o grupales, pero no estar en comunión con el ideal, deseo e intención de Jesús y su plasmación en la Iglesia de los primeros momentos (Lc 4,17-21) 2.2.
Por tanto, el Reino debe ser una realidad ya en la comunidad: la vida del
grupo ha de ser reflejo de lo que quiere anunciar. 2.3. Y esto último de dos maneras, unidas como el haz y el envés de una misma hoja: -La comunidad anuncia un nuevo tipo de relaciones: en ella todos tienen cabida; aquellos que el mundo desprecia encuentran en su seno un lugar privilegiado donde se les quiere como son, donde se manifiesta que cualquier criatura tiene algo de Dios que aportar. Es un "sacramento" (signo y realización) de la fraternidad universal que nos habla el Evangelio, vivida dentro de la comunidad (Mt 9,9-13; 18,1-5.10-14; Lc 7,36-48) -Esta vivencia de una realidad interna distinta a la del mundo implica un testimonio profético contra él: la comunidad supone una denuncia efectiva contra ese tipo de relaciones que han destruido y siguen destruyendo al hombre (Mc 3,1-6; 7,9-13; Mt 23; Sant 4,4) Dos maneras de llevar el mensaje que reproducen las de Jesús: frente a la injusticia, el bien; pero un bien que no deja impasible a nadie, ni al que lo recibe (porque se adhiere a Jesús) ni al que provoca el mal ( porque queda interpelado, intranquilo en su injusticia) (Jn 9,34-41) En definitiva, desde la vida y desde la acción, construir una conciencia nueva. Anuncio y denuncia que van juntos y encaminados a hacer pensar a un mundo obstinado en no enfrentarse a los males que generan sus valores y sus errores (Lc 9,2-6; Mc 6,12-13)
2.4.1.
La función de los milagros en los evangelios no es (o, al menos, no
sólo) la demostración de la divinidad de Jesús, sino
la mostración de la presencia activa del Reino, como vimos en la respuesta
de Jesús a los enviados del Bautista (Lc 7,22s). Son "prodigios
y señales" imprescindibles y necesarios para ver que la Buena
Noticia es buena y es de Dios, y que la instauración del Reino, por
parte de Dios, ya ha comenzado. Estas señales están tan intimamente
ligadas al anuncio del Reino y a su programa que el evangelio se lamenta cuando
la falta de fe en Jesús por parte de la gente le impide realizarlas
(Mt 13,58), lo que las pone más en relación con la acogida del
mensaje que con la sola voluntad de Jesús de llevarlas a cabo. 2.4.2.
En paralelo, la acción de la comunidad no será más que
un "signo sensible" de ese amor que, al entrar en contacto con realidades
sangrantes, no tiene más remedio que incendiarse y provocar una actividad
en favor de los hombres rotos, deshauciados, desgraciados y oprimidos (Hch
3,1-8).
2.8. Dos breves notas finales y no menos importantes: -la urgencia: el mundo está inacabado sin nosotros. El Reino vendrá más pronto cuanto más lo forcemos y tratemos de hacerlo presente. "He venido a prender fuego...": este sentimiento es el que lleva a Jesús a pedir que se deje todo lo que pueda hacer perder eficacia en la misión o retrasarla ("no os paréis a saludar en el camino...) -la alegría: una de las señales de comunión con el Espíritu y una de las tarjetas de presentación necesaria para todo portavoz de la Buena Noticia.
3. LA INTENCIÓN DE UNIDAD Y SERVICIO. El "cómo" de la comunidad. 3.1.En la raíces: Hch 2,42s 3.2.En la Iglesia y en el mundo 3.3.En sí misma: laicos, carismas y unidad 3.1. En las raíces: Hch 2,42s. 3.1.1. LO TENÍAN TODO EN COMÚN: La llamada de Jesús a su seguimiento es después del abandono de posesiones y riquezas. Desde aquí es desde donde puede entenderse la comunión de bienes: aprender a compartir eliminando los posesivos de primera persona. Las comunidades deben optar por poner sus bienes a disposición de los más desfavorecidos. Pero también debe ser evidente para los otros que los seguidores de Jesús son como el Maestro: no tiene donde reclinar la cabeza. La comunidad ha de ser un signo de "debilidad" evangélica, y vivir el seguimiento con los medios imprescindibles. Al no hacer estructuras que conservar o defender es más fácil vivir el evangelio con libertad y no hipotecarlo. Ha de ser un signo ante los que se presentan como "fuertes" para que se desprendan de lo inútil, relativicen lo útil y no deseen lo superfluo bajo el pretexto del "mayor bien" de los demás. Todo en común, pero escogiendo los medios más débiles para que destaque más la riqueza de Dios. 3.1.2. ERAN CONSTANTES EN LA ESCUCHA DE LA PALABRA: La comunidad tiene su fundamento en la Palabra y en la oración. Desde esta vinculación se producen las "señales que atemorizaban a todos". Una comunidad que no ora junta no puede comunicar lo que vive porque no lo comparte. La unión del grupo no es sólo afectiva. La comunidad es una desde Jesús Resucitado, y esa unidad se expresa y se comparte en la oración y los sacramentos, vínculos y sostén de la comunidad y de la misión. Los Hechos nos muestran practicamente en todos los capítulos alguna expresión de la comunidad en oración: no vive de su propia fuerza; su vitalidad y dinamismo se alimentan de la fuerza de Dios. 3.1.3. LA FRACCIÓN DEL PAN: Pertenecemos, desde nuestro bautismo, a un cuerpo cuya cabeza es Cristo. Esta identidad se hace efectiva con la Eucaristía que la comunidad celebra con la gente, en medio de la gente y abierta a la vida que la rodea. La unidad de los cristianos tiene sus raíces en el memorial de la Eucaristía. 3.1.4. LA ENSEÑANZA DE LOS APÓSTOLES: centrada en el anuncio de Cristo muerto y resucitado y vinculada historicamente con el mismo Jesús, lo que atestigua la unidad de toda la Iglesia y sus comunidades. La comunidad no nace simplemente por una iniciativa del Espíritu, sino que tiene que saberse eslabón de una cadena de tradición en la que la Palabra ha ido pasando de un testigo a otro y manteniendo su Mensaje. Es dentro de la fidelidad a esa enseñanza y a sus servidores donde el Espíritu hace surgir a la comunidad. 3.1.5. Y SIENDO BIEN VISTOS POR TODO EL PUEBLO... EL SEÑOR IBA AGREGANDO...: Los primeros cristianos vivían inmersos en medio del pueblo; no se diferenciaban de los demás salvo por una opción que los hacía vivir con una visión nueva y distinta... la misma vida que el resto de la gente. Por eso eran queridos por todo el pueblo, aún cuando el testimonio de su fe les pudiera llevar al sacrificio (Hch 6,8s). Esto nos habla de diferenciarnos de los demás sólo por los signos esenciales que nos identifican como seguidores del Evangelio (el servicio, la radicalidad en la opción por que el hombre viva, la purificación de la idea de un Dios cruel o lejano...) y no por posturas simplemente extravagantes, sin fundamento evangélico. 3.2. En la Iglesia y en el mundo. 3.2.1. Las comunidades no son grupos cerrados o exclusivos, no son clubes ni "santos" separados de los demás. Ésa es la lectura del libro de los Hechos que han hecho los cristianos a través de los siglos. Sin embargo, la intención de la Palabra que nos invita a esa santidad construida entre todos no es separarnos del mundo para ello, sino todo lo contrario. Las comunidades deben poder integrar a todos los componentes de la Iglesia. 3.2.2. La comunidad cristiana no puede presentarse como "alternativa" al mundo o a la Iglesia, entendiendo 'alternativa' como la intención de situarse enfrente, rompiendo toda clase de vínculos. - no es alternativa al mundo en tanto que no pretende suplantar ninguna institución o estructura civil. La comunidad ofrece -como propuesta de parte de Dios- nuevas formas de vida y de relaciones entre los hombres, evidentemente distintas a las que normalmente se viven. El deseo de apartarse de la sociedad, de crear un mundo propio y esperar a que el resto, si quiere, acuda a él, es siempre una tentación. Se trata de ofrecerse al mundo, de insertarse en él como elemento profético que lo vaya transformando. El proyecto del Reino está anunciado para nosotros y para esta realidad tan necesitada de humanizarse, de plenificarse, de acercarse a Dios. - y, por supuesto, no es alternativa a la Iglesia. No hay ninguna contraposición entre "institución eclesial" y "comunidad", aunque a veces hay problemas reales en la forma de vivir esas dos dimensiones necesarias en la vida eclesial. Ambas deben interpelarse mutuamente y abrirse a lo que la otra ofrece. El elemento institucional del Pueblo de Dios no debe predominar sobre lo comunitario (lo que se es por encima de cómo se vive eso que se es), sino apoyarlo, confiriéndole universalidad y fomentando su unidad, su identidad y la comunión con el resto de los cristianos. Las comunidades necesitan una adecuada expresión institucional. 3.2.3. La comunidad, por su parte, puede ser signo de autenticidad dentro de la Iglesia y debe comportarse como tal, sin pretender agotar en sí misma el concepto de comunidad aplicable a toda la Iglesia. Si la comunidad quiere seguir siendo fermento de vida evangélica y mantener un espíritu genuinamente comunitario, tampoco aquí debe intentar suplantar a otras estructuras. No es alternativa a la Iglesia, sino forma histórica de ser Iglesia. 3.2.4. La pequeña comunidad ha de seguir siendo "pequeña" para evitar la despersonalización de la masa y facilitar el encuentro, y debe abrirse a la comunión con otras instituciones de la Iglesia, manteniendo la tensión constructiva y la unión íntima con ellas. Así, ni degenerará en un grupo fanático y visionario, o retrógrado, ni perderá su identidad cristiana, que la Iglesia tanto necesita, sobre todo pastoralmente, en su misión con bastantes sectores de la sociedad. 3.3. En sí misma: laicos, carismas y unidad. 3.3.1. En el libro de los Hechos no se nos habla de comunidades cuya identidad fuera un único carisma particular. Todos podían darse en cualquier comunidad, porque la comunidad está, en su misma esencia, definida como vínculo y unión de fe de todos los cristianos. Cuando a los grupos que se definen primordialmente por su misión concreta, reunidos en torno a algún carisma específico, se les llama comunidades, se está limitando, al menos en la práctica, el semblante de universalidad y el sentido de pueblo de Dios total que tenían las primeras comunidades. Creemos una gran aportación a la Iglesia actual la fuerza que surge en las comunidades desde los laicos, entendidos éstos como pueblo (laico<gr.laos, 'pueblo'), que integra a unos y a otros sin más distinción que el servicio. 3.3.2. Sin embargo, si por carisma -y por extensión- llamamos a todo impulso del Espíritu para responder a un momento importante e inquietante en la Iglesia, podemos decir que las comunidades laicas tienen un carisma específico: la unidad. Pero no como distintivo frente a otros posibles carismas, sino como resultado de haber escuchado la voz del Espíritu, que quiere recordar hoy a los cristianos la importancia de la vida en y desde la comunidad, frente al individualismo competitivo que se nos anuncia y se nos impone desde otros lados. 3.3.3. Dentro de la comunidad, la unidad debe dar prioridad al Espíritu más que a la letra. Es necesario entender que la única letra escrita con carácter de ley es, para los cristianos, la Palabra. Por eso no debemos importunar al Espíritu con jaulas doradas que molesten la comprensión del Mensaje. No será comunidad de evangelio aquella que le dé más importancia a los aspectos estructurales u organizativos, olvidándose que la ley puede matar. La fidelidad al Dios que "todo lo hace nuevo" nos obliga a escuchar atentamente su voz cada día, y su Mensaje nos arrastra inevitablemente al cambio, a la constante ruptura de esquemas que se vuelven inservibles, a renovarnos sin descanso para poder seguir siendo instrumentos eficaces -nuevos- de su voluntad.
Que así sea. CITAS ( Biblia de Jerusalén) MATEO 5,11-12 9,9-13 11,12 12,30 13,58 18,1-5.10-14 "Guardáos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda ni uno solo de estos pequeños". 28,19 MARCOS 1,16-20 3,1-6 3,14 5,18-20 6,12-13 7,9-13
LUCAS 4,17-21 5,10-11 7,11-15 7,22 7,36-48 9,2-6 10,1 JUAN 1,1-2.14 1,11 1,35s 6,26-27.34-35 Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Les dijo Jesús: "Yo soy el pan de la vida. Y el que venga a mí no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed". 9,34-41 10,30 14,26
17,6-8.17-18.20-21 Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado". 19,15 HECHOS 2,1-4.41-47 Los que acogieron su Palabra fueron bautizados. Aquel día se les unieron unas tres mil almas. Acudían asiduamente a la a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones. El temor se apoderaba de todos, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y señales. Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. Acudían al templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y gozaban de al simpatía de todo el pueblo: El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar. 3,1-8 4,34-35 5,12.15-16 ROMANOS 15,5 1CORINTIOS 1,12-15 3,4-9 2CORINTIOS 4,7 5,14-15 SANTIAGO 4,4 |
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