experiencias y reflexiones

Elementos esenciales de la comunidad cristiana

Documentos construído, desde la búsqueda por responder al Evangelio y a la Iglesia, por tres comunidades de la diócesis de Huelva:

Nueva Tierra, Tierra Esperanza y Pueblo de Dios.

PROEMIO

1.LA CENTRALIDAD DE LA BUENA NOTICIA.
Mc 3,14.
1.1.La llamada de Jesús a estar con él...
1.2...y a predicar su mensaje: el Anuncio.

2.LA MISIÓN. Lc 9,12. El "para qué" de la
comunidad.

3.LA INTENCIÓN DE UNIDAD Y SERVICIO.
El "cómo" de la comunidad.
3.1.En la raíces.Hch 2,42s
3.2.En la Iglesia y en el mundo
3.3.En sí misma: laicos,carismas y unidad.

ELEMENTOS ESENCIALES DE LA COMUNIDAD CRISTIANA


PROEMIO

Hemos de partir del hecho fundante de la fe cristiana: el Dios en el que creemos es un Dios Trinidad, un Dios Comunidad. Este hecho de fe no hace más que ponernos en la pista certera de que la adhesión a su esencia pasa por interiorizar esta dimensión (Jn 10,30; Mt 28,19)

Para entender esto hemos de saber que el impulso divino (el Espíritu) nos lleva, nos guía, nos alienta y ayuda a seguir el Camino de la Verdad y la Vida (Jesucristo), según un modo y manera dominante (la Palabra) para llegar a ser uno con el sentido y la realidad última de las cosas (el Padre).

Coincidimos pues que la comunidad no es un aspecto al que podamos o no adherirnos, no es un carisma específico; es una parte de la misma esencia de Dios y, además, inseparable del seguimiento cristiano. Negar esta realidad, tratar de escorarla o sofocarla es perder la dimensión de ser Pueblo de Dios:

"Vosotros, en cambio, sois linaje escogido, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo adquirido por Dios, para publicar las proezas del que os llamó de las tinieblas a su maravillosa luz. Los que antes no érais pueblo, ahora sois pueblo de Dios" (1Pe 2,9-10)

Porque Dios es el impulso, el camino y la meta, y esta triple realidad en la que vivimos, nos movemos y somos (He 17, 28) no hace más que hablarnos de que identificarnos con Dios es repetir, como una imagen, ese ser de Dios, de un Dios que quiere ser, sobre todo,pueblo:

"dioses sois, e Hijos del Altísimo"(Sal 82,6)

"Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él, Dios-con-ellos, será su Dios"
(Ap 21,3)


Por tanto, no podemos hablar de un cristianismo en solitario. Los evangelios nos muestran cómo, antes de comenzar su anuncio del Reino, el propio Jesús se rodea de un grupo de amigos y seguidores (Mc 1, 16-20; Lc 5,10-11) no sólo testigos, sino también partícipes de su ministerio (Mc 6,7s; Lc 10,1). No encontramos en los evangelios ninguna propuesta de seguimiento exclusivamente personal, una invitación a recorrer el camino cada uno por su cuenta. Cuando Jesús llama a alguien es para incorporarlo a su comunidad (Jn 1,35s) y a esa misión compartida. Es siempre el grupo el que puede atestiguar la presencia de Jesús, no la persona sola:
"...pues donde están dos o tres reunidos apelando a mí, allí en medio de ellos, estoy yo"
(Mt 18,20)

Los primeros cristianos lo entienden perfectamente al unirse formando comunidades de vida y de fe donde vivir unidos y compartir los bienes y la misión (Hch 2,42-47)

De hecho, el Espíritu viene no sobre cada uno, sino sobre todos los que lo siguen. Pentecostés no es más que unificar bajo el mismo Espíritu a los que le siguen y le aman, a fin de que sean un sólo pueblo aquellos que desde Babel fueron muchos. Es la nueva realidad, la nueva humanidad, el llamamiento repetido a los hombres, una y otra vez, a estar con él y anunciar su mensaje (Mc 3,14).

1.LA CENTRALIDAD DE LA BUENA NOTICIA. "Llamó a doce para que
estuvieran con él y para enviarlos a predicar (Mc 3,14).

1.1. La Llamada de Jesús para estar con él.

1.2. El Anuncio.

1.1. La Llamada de Jesús para estar con él.

1.1.1. Evidentemente, la comunidad de seguidores sólo y exclusivamente puede darse cuando cada uno siente en el interior la misma llamada que sintieron los primeros discípulos. La llamada de Jesús es a estar con él (Mc 3,14)

1.1.2. Sin embargo, esta llamada no ha de entenderse nunca como un requerimiento que, una vez respondido (dejando o abandonándolo todo), me conduce a una intimidad exclusiva y aislante con Dios. Al contrario, áquel que responde a la llamada deja de vivir para su propio interés y puede seguir el ejemplo del Maestro. (2Cor 5,14-15)

1.1.3. Esta llamada es para unirse al grupo de los seguidores que tienen como centro a Jesús, que se mueven en torno a él y por él. Pierde sentido si la experiencia del grupo no es un referente constante y continuo para todos. Responder a ella supone también incorporarse al cuerpo místico de Cristo, por ello debemos entender que este "estar con él" no es para mí: el seguimiento de Jesús se le exige al discípulo, pero también a la comunidad, porque se da, se pronuncia, se realiza siempre en un contexto comunitario (Jn 17,6-8.17-18.20-21)

1.1.4. Quizá por esto, el Espíritu aparece en Pentecostés como impulsor del grupo. La experiencia del Resucitado lleva al grupo de sus seguidores a reunirse; ésa es la razón primera, y no otra, de que estuvieran juntos. En el seno del grupo el Espíritu se convierte en el aliento de Dios necesario para que surja, de forma primordial y "fundacional", la comunidad cristiana (Hch 2,1-4.41-47)

1.1.5. Por esto, la comunidad debe reunirse constantemente en torno a la Palabra para orar, reflexionar y discernir, ayudada por el Espíritu, la voluntad eterna del Padre sobre el hombre, constatada y explícita en el pueblo de Dios (Israel) y en Jesús, y que debe hacerse concreta en esta historia, que también es historia de salvación.

1.1.6. De ahí la importancia de la comunicación de la fe y la vida en la comunidad, para poder experimentar, por medio de la ayuda de los hermanos, en oración, formación o diálogo, el crecimiento del hombre interior que debe asemejarse cada vez más a Cristo (Rom 15,5)

1.1.7. Por lo tanto, la comunidad debe estar alimentada por la Palabra de Dios en un doble sentido: sentirse privilegiada porque en su seno reposa Dios hecho Palabra y al la vez cuestionada por lo lejos que quedan, uno del otro, el ideal y la vida. Es dentro del grupo de seguidores de Jesús donde pueden confrontarse las actitudes personales y comunitarias con su mensaje, porque es misión del Espíritu que los congrega recordarlo e interpretarlo (Jn 14,26; 16,13-15)

1.1.8. Todo lo anterior nos habla de un proceso constante de conversión que hace volver la mirada del que ha sido llamado hacia sí mismo y le recuerda que no olvide el amor primero: esa llamada directa del Señor a estar con él y seguirlo en el camino. Un amor y una llamada que, si quieren ser auténticos, han de renovarse continuamente.

1.2. El Anuncio

1.2.1. El Mensaje, de por sí explosivo, es comunicativo. Por esto es pre-dicación. Es expresión. Es Palabra, lo que se dice. Conocemos la voluntad de Dios porque Dios se dice a sí mismo en su Hijo (Jn 1,1-2.14)

El querer ser imagen de Jesús, repetirlo, es, sin más, ser Palabra que se dice y se anuncia (Jn 17,6-8)

1.2.2. El anuncio es la agilidad y la virtualidad del Mensaje que está para decirse, no para poseerse o ser encerrado. De ahí la necesidad de la formación constante; de ahí la exigencia del conocimiento exacto y no por lo que digan otros; de ahí la necesidad de dejar hablar al mismo evangelio, de dejar expresa, clara y libremente, la Palabra, sin forzarla o manipularla.

1.2.3. La predicación va unida a la misión, pero la comunidad no debe enviarse a sí misma o proclamarse a sí misma. Hay que cuidar, pues, de no dar más importancia al mensajero que al mensaje, recordar que somos vasijas de barro con un tesoro dentro (2Cor 4,7). Todos los medios y formas deben procurar que llegue a los otros del modo más puro. Fuera de la sencillez y la pobreza, todo puede ser confusión.

1.2.4. La comunidad existe porque en ella está Jesús en la Palabra y el Espíritu la impulsa. La comunidad debe decirse como eco de la Palabra que se anuncia. No como banderín de enganche, sino como voceros gratuitos de la Buena Noticia.

No existe Mensaje si no se dice. No existe comunidad si no existe Mensaje que se dice.

1.2.5. A la hora de proclamar la Palabra, el lugar privilegiado desde donde surge, y desde el que la comunidad se nutre, es la oración. Es el centro desde donde la Palabra se hace efectiva y verdadera. Por tanto, la oración y la conversión son dos polos de un mismo lugar común. No somos dignos de proclamar la Palabra como comunidad si no vivimos en una continua dinámica de conversión.


2. LA MISIÓN. "...los envió a anunciar el Reino y a curar a los enfermos"
(Lc 9,2). El "para qué" de la comunidad.

2.1. Nunca es mucho repetir que si no se está en íntima conexión con Jesús, el Cristo, o no se vive de forma evidente en el espíritu de la comunidad de los Hechos, todo envío o misión es vano. O sería, en todo caso, crear alternativas personales o grupales, pero no estar en comunión con el ideal, deseo e intención de Jesús y su plasmación en la Iglesia de los primeros momentos (Lc 4,17-21)

2.2. Por tanto, el Reino debe ser una realidad ya en la comunidad: la vida del grupo ha de ser reflejo de lo que quiere anunciar.
El medio es, también, mensaje. El medio comunitario debe ser un signo evidente (=visible para los demás) de que ya está entre nosotros, presente y posible, esa utopía a la que están llamados todos los hombres, no sólo como meta, sino sobre todo como tarea (Lc 7,22; Hch 4,34-35; 5,12.15-16)

2.3. Y esto último de dos maneras, unidas como el haz y el envés de una misma hoja:

-La comunidad anuncia un nuevo tipo de relaciones: en ella todos tienen cabida; aquellos que el mundo desprecia encuentran en su seno un lugar privilegiado donde se les quiere como son, donde se manifiesta que cualquier criatura tiene algo de Dios que aportar. Es un "sacramento" (signo y realización) de la fraternidad universal que nos habla el Evangelio, vivida dentro de la comunidad (Mt 9,9-13; 18,1-5.10-14; Lc 7,36-48)

-Esta vivencia de una realidad interna distinta a la del mundo implica un testimonio profético contra él: la comunidad supone una denuncia efectiva contra ese tipo de relaciones que han destruido y siguen destruyendo al hombre (Mc 3,1-6; 7,9-13; Mt 23; Sant 4,4)

Dos maneras de llevar el mensaje que reproducen las de Jesús: frente a la injusticia, el bien; pero un bien que no deja impasible a nadie, ni al que lo recibe (porque se adhiere a Jesús) ni al que provoca el mal ( porque queda interpelado, intranquilo en su injusticia) (Jn 9,34-41)

En definitiva, desde la vida y desde la acción, construir una conciencia nueva. Anuncio y denuncia que van juntos y encaminados a hacer pensar a un mundo obstinado en no enfrentarse a los males que generan sus valores y sus errores (Lc 9,2-6; Mc 6,12-13)


2.4. LOS MILAGROS DE JESÚS COMO MISIÓN DE LA COMUNIDAD. EL COMPROMISO CON CADA HOMBRE.

2.4.1. La función de los milagros en los evangelios no es (o, al menos, no sólo) la demostración de la divinidad de Jesús, sino la mostración de la presencia activa del Reino, como vimos en la respuesta de Jesús a los enviados del Bautista (Lc 7,22s). Son "prodigios y señales" imprescindibles y necesarios para ver que la Buena Noticia es buena y es de Dios, y que la instauración del Reino, por parte de Dios, ya ha comenzado. Estas señales están tan intimamente ligadas al anuncio del Reino y a su programa que el evangelio se lamenta cuando la falta de fe en Jesús por parte de la gente le impide realizarlas (Mt 13,58), lo que las pone más en relación con la acogida del mensaje que con la sola voluntad de Jesús de llevarlas a cabo.
Tampoco vemos en él la intención de convertirse exclusivamente en sanador de males físicos o carencias materiales. Está lejos de la caridad circustancial tan al uso (Jn 6,26-27.34-35).
El milagro de Jesús tiene el talante de com-pasión (padecer con) y miseri-cordia (mismo corazón) (Lc 7,11-15), es decir, quién se acerca a él recibe su gracia de forma plena por la que es no sólo sanado, sino transformado. De su amor nace la intención y el deseo de construir de nuevo a la persona, volverla a su integridad y humanidad. Jesús le ofrece a cada hombre mucho más de lo que su situación le lleva a pedirle.

2.4.2. En paralelo, la acción de la comunidad no será más que un "signo sensible" de ese amor que, al entrar en contacto con realidades sangrantes, no tiene más remedio que incendiarse y provocar una actividad en favor de los hombres rotos, deshauciados, desgraciados y oprimidos (Hch 3,1-8).
No es el bien por el bien, ni tan siquiera por ser dignos o coherentes ante el Padre (el "ser buenos", una forma más de egoísmo, o la soberbia espiritual de estar arreglando el mundo). Es Dios quien tiene la fuerza transformadora, y la usa con nosotros y a través de nosotros.
Porque el anuncio no puede estar desprovisto de signos, tampoco el signo puede estar desprovisto de mensaje y convertirse sólo en acción sanadora.


2.5. LA CRUZ DE JESÚS COMO MISIÓN DE LA COMUNIDAD. EL COMPROMISO CON TODOS LOS HOMBRES.
La injusticia del mundo no quiere que Dios reine (Mt 11,12). La cruz de Jesús es la condena radical y no violenta de ese mundo injusto, y no deja escapatoria. Supone tener que tomar postura constantemente: con el Crucificado o con los que crucifican; el mismo Jesús elimina los términos medios (Mt 12,30). La cruz significa que todo lo que vale para Dios, el mundo lo odia y lo mata (Jn 1,11).
Si su opción es auténtica y se mantiene fiel, la comunidad de discípulos sentirá, antes o después, la verdad de esas afirmaciones. Lo vivirá como persecuciones, traiciones de los más "cercanos", rechazos e incomprensiones. Todo eso lo había ya asegurado Jesús para los que continuaran su tarea de ofrecer, de parte de Dios, fraternidad, solidaridad y ayuda mutua, libertad e igualdad, amor de hermanos y servicio, una vida nueva y una nueva imagen de Dios: Rey pero también Padre entrañable.
Pero el afán de dominio, la riqueza, el poder y los poderosos, y la parte del pueblo que busca seguridad en las instituciones, siempre ofrecerán violencia y muerte a cambio. Prefieren por Rey al César (Jn 19,15)
Sin embargo, Jesús no sólo promete la cruz y la persecución como "premio" por seguir su misión; es la misma cruz, llevada en el seguimiento fiel, y causada por seguirlo, la puerta de la bienaventuranza y del Reino (Mt 5,11-12). La comunidad que se entrega por amor es ya cauce y esperanza de resurrección como el mismo Jesús lo fue.


2.6. La misión no es "banderín de enganche". El gesto liberador debe enviar y hablar de Reino, no de esta o aquella comunidad, ni tiene por qué vincular a ésta o aquella comunidad (Mc 5,18-20). Si por el contrario, la misión tiende a producir este resultado, algo va mal: no se está aplicando bien la medicina o los enfermos no acaban de entenderla. Recordemos el episodio de Pablo con los corintios (1Cor 1,12-15; 3,4-9) y el final de su carta a los gálatas, contra los que pretenden imponer como evangelio universal sus propias visiones o particularidades.


2.7. La misión de toda comunidad es participación de la misión de Jesús: hacer a los hombres hijos de Dios. Todas las acciones que particularizan la vida de una comunidad corren el riesgo de convertirse en un fin en sí mismas. Toda la vitalidad de la comunidad se gasta en la acción y puede perderse de vista que ella es transmisora no parcial, sino total, del Evangelio. El riesgo más grande en la misión es suplantarla por una concreción: cualquier ministerio, cualquier carisma, cualquier servicio es suceptible de convertirse en una gran orejera que limita la visión o la perspectiva siempre ilimitada del Evangelio y del seguimiento.
Vuelven a verse imprescindibles la oración y el discernimiento comunitario para relativizar los quehaceres y ver de qué manera se ajustan o se desvían de la esencia del proyecto de Jesús.

2.8. Dos breves notas finales y no menos importantes:

-la urgencia: el mundo está inacabado sin nosotros. El Reino vendrá más pronto cuanto más lo forcemos y tratemos de hacerlo presente. "He venido a prender fuego...": este sentimiento es el que lleva a Jesús a pedir que se deje todo lo que pueda hacer perder eficacia en la misión o retrasarla ("no os paréis a saludar en el camino...)

-la alegría: una de las señales de comunión con el Espíritu y una de las tarjetas de presentación necesaria para todo portavoz de la Buena Noticia.

3. LA INTENCIÓN DE UNIDAD Y SERVICIO. El "cómo" de la comunidad.

3.1.En la raíces: Hch 2,42s

3.2.En la Iglesia y en el mundo

3.3.En sí misma: laicos, carismas y unidad

3.1. En las raíces: Hch 2,42s.

3.1.1. LO TENÍAN TODO EN COMÚN: La llamada de Jesús a su seguimiento es después del abandono de posesiones y riquezas. Desde aquí es desde donde puede entenderse la comunión de bienes: aprender a compartir eliminando los posesivos de primera persona.

Las comunidades deben optar por poner sus bienes a disposición de los más desfavorecidos. Pero también debe ser evidente para los otros que los seguidores de Jesús son como el Maestro: no tiene donde reclinar la cabeza.

La comunidad ha de ser un signo de "debilidad" evangélica, y vivir el seguimiento con los medios imprescindibles. Al no hacer estructuras que conservar o defender es más fácil vivir el evangelio con libertad y no hipotecarlo. Ha de ser un signo ante los que se presentan como "fuertes" para que se desprendan de lo inútil, relativicen lo útil y no deseen lo superfluo bajo el pretexto del "mayor bien" de los demás.

Todo en común, pero escogiendo los medios más débiles para que destaque más la riqueza de Dios.

3.1.2. ERAN CONSTANTES EN LA ESCUCHA DE LA PALABRA: La comunidad tiene su fundamento en la Palabra y en la oración. Desde esta vinculación se producen las "señales que atemorizaban a todos". Una comunidad que no ora junta no puede comunicar lo que vive porque no lo comparte. La unión del grupo no es sólo afectiva. La comunidad es una desde Jesús Resucitado, y esa unidad se expresa y se comparte en la oración y los sacramentos, vínculos y sostén de la comunidad y de la misión.

Los Hechos nos muestran practicamente en todos los capítulos alguna expresión de la comunidad en oración: no vive de su propia fuerza; su vitalidad y dinamismo se alimentan de la fuerza de Dios.

3.1.3. LA FRACCIÓN DEL PAN: Pertenecemos, desde nuestro bautismo, a un cuerpo cuya cabeza es Cristo. Esta identidad se hace efectiva con la Eucaristía que la comunidad celebra con la gente, en medio de la gente y abierta a la vida que la rodea. La unidad de los cristianos tiene sus raíces en el memorial de la Eucaristía.

3.1.4. LA ENSEÑANZA DE LOS APÓSTOLES: centrada en el anuncio de Cristo muerto y resucitado y vinculada historicamente con el mismo Jesús, lo que atestigua la unidad de toda la Iglesia y sus comunidades. La comunidad no nace simplemente por una iniciativa del Espíritu, sino que tiene que saberse eslabón de una cadena de tradición en la que la Palabra ha ido pasando de un testigo a otro y manteniendo su Mensaje. Es dentro de la fidelidad a esa enseñanza y a sus servidores donde el Espíritu hace surgir a la comunidad.

3.1.5. Y SIENDO BIEN VISTOS POR TODO EL PUEBLO... EL SEÑOR IBA AGREGANDO...: Los primeros cristianos vivían inmersos en medio del pueblo; no se diferenciaban de los demás salvo por una opción que los hacía vivir con una visión nueva y distinta... la misma vida que el resto de la gente. Por eso eran queridos por todo el pueblo, aún cuando el testimonio de su fe les pudiera llevar al sacrificio (Hch 6,8s).

Esto nos habla de diferenciarnos de los demás sólo por los signos esenciales que nos identifican como seguidores del Evangelio (el servicio, la radicalidad en la opción por que el hombre viva, la purificación de la idea de un Dios cruel o lejano...) y no por posturas simplemente extravagantes, sin fundamento evangélico.

3.2. En la Iglesia y en el mundo.

3.2.1. Las comunidades no son grupos cerrados o exclusivos, no son clubes ni "santos" separados de los demás. Ésa es la lectura del libro de los Hechos que han hecho los cristianos a través de los siglos. Sin embargo, la intención de la Palabra que nos invita a esa santidad construida entre todos no es separarnos del mundo para ello, sino todo lo contrario. Las comunidades deben poder integrar a todos los componentes de la Iglesia.

3.2.2. La comunidad cristiana no puede presentarse como "alternativa" al mundo o a la Iglesia, entendiendo 'alternativa' como la intención de situarse enfrente, rompiendo toda clase de vínculos.

- no es alternativa al mundo en tanto que no pretende suplantar ninguna institución o estructura civil. La comunidad ofrece -como propuesta de parte de Dios- nuevas formas de vida y de relaciones entre los hombres, evidentemente distintas a las que normalmente se viven. El deseo de apartarse de la sociedad, de crear un mundo propio y esperar a que el resto, si quiere, acuda a él, es siempre una tentación.

Se trata de ofrecerse al mundo, de insertarse en él como elemento profético que lo vaya transformando. El proyecto del Reino está anunciado para nosotros y para esta realidad tan necesitada de humanizarse, de plenificarse, de acercarse a Dios.

- y, por supuesto, no es alternativa a la Iglesia. No hay ninguna contraposición entre "institución eclesial" y "comunidad", aunque a veces hay problemas reales en la forma de vivir esas dos dimensiones necesarias en la vida eclesial. Ambas deben interpelarse mutuamente y abrirse a lo que la otra ofrece.

El elemento institucional del Pueblo de Dios no debe predominar sobre lo comunitario (lo que se es por encima de cómo se vive eso que se es), sino apoyarlo, confiriéndole universalidad y fomentando su unidad, su identidad y la comunión con el resto de los cristianos. Las comunidades necesitan una adecuada expresión institucional.

3.2.3. La comunidad, por su parte, puede ser signo de autenticidad dentro de la Iglesia y debe comportarse como tal, sin pretender agotar en sí misma el concepto de comunidad aplicable a toda la Iglesia. Si la comunidad quiere seguir siendo fermento de vida evangélica y mantener un espíritu genuinamente comunitario, tampoco aquí debe intentar suplantar a otras estructuras. No es alternativa a la Iglesia, sino forma histórica de ser Iglesia.

3.2.4. La pequeña comunidad ha de seguir siendo "pequeña" para evitar la despersonalización de la masa y facilitar el encuentro, y debe abrirse a la comunión con otras instituciones de la Iglesia, manteniendo la tensión constructiva y la unión íntima con ellas.

Así, ni degenerará en un grupo fanático y visionario, o retrógrado, ni perderá su identidad cristiana, que la Iglesia tanto necesita, sobre todo pastoralmente, en su misión con bastantes sectores de la sociedad.

3.3. En sí misma: laicos, carismas y unidad.

3.3.1. En el libro de los Hechos no se nos habla de comunidades cuya identidad fuera un único carisma particular. Todos podían darse en cualquier comunidad, porque la comunidad está, en su misma esencia, definida como vínculo y unión de fe de todos los cristianos. Cuando a los grupos que se definen primordialmente por su misión concreta, reunidos en torno a algún carisma específico, se les llama comunidades, se está limitando, al menos en la práctica, el semblante de universalidad y el sentido de pueblo de Dios total que tenían las primeras comunidades.

Creemos una gran aportación a la Iglesia actual la fuerza que surge en las comunidades desde los laicos, entendidos éstos como pueblo (laico<gr.laos, 'pueblo'), que integra a unos y a otros sin más distinción que el servicio.

3.3.2. Sin embargo, si por carisma -y por extensión- llamamos a todo impulso del Espíritu para responder a un momento importante e inquietante en la Iglesia, podemos decir que las comunidades laicas tienen un carisma específico: la unidad. Pero no como distintivo frente a otros posibles carismas, sino como resultado de haber escuchado la voz del Espíritu, que quiere recordar hoy a los cristianos la importancia de la vida en y desde la comunidad, frente al individualismo competitivo que se nos anuncia y se nos impone desde otros lados.

3.3.3. Dentro de la comunidad, la unidad debe dar prioridad al Espíritu más que a la letra. Es necesario entender que la única letra escrita con carácter de ley es, para los cristianos, la Palabra. Por eso no debemos importunar al Espíritu con jaulas doradas que molesten la comprensión del Mensaje. No será comunidad de evangelio aquella que le dé más importancia a los aspectos estructurales u organizativos, olvidándose que la ley puede matar. La fidelidad al Dios que "todo lo hace nuevo" nos obliga a escuchar atentamente su voz cada día, y su Mensaje nos arrastra inevitablemente al cambio, a la constante ruptura de esquemas que se vuelven inservibles, a renovarnos sin descanso para poder seguir siendo instrumentos eficaces -nuevos- de su voluntad.

Que así sea.

CITAS ( Biblia de Jerusalén)

MATEO

5,11-12
Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegráos y regocijáos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos.

9,9-13
Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice:"Sígueme". Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo, los fariseos decían a los discípulos: "¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?". Mas él, al oírlo, dijo: "No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal. Id, pues, a aprender lo que significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores".

11,12
"Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan".

12,30
"El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama"

13,58
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe.

18,1-5.10-14
En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron: "¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?" Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: "Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como este en mi nombre, a mí me recibe".

"Guardáos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda ni uno solo de estos pequeños".

28,19
"Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".

MARCOS

1,16-20
Bordeando el mar de Galilea vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: "Venid conmigo y os haré llegar a ser pescadores de hombres". Al instante, dejando las redes, lo siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre, Zebedeo, en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.

3,1-6
Entró de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si lo curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: "Levántate ahí en medio". Y les dice: "¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?" Pero ellos callaban. Entonces, mirándolos con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: "Extiende la mano". Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle.

3,14
Instituyó doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar.

5,18-20
Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: "Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti". Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.

6,12-13
Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

7,9-13
Les decía también: "¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre sea castigado con la muerte. Pero vosotros decís: Si uno dice a su padre o a su madre: 'Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo entrego al templo como ofrenda', ya no le dejáis hacer nada por su padre o por su madre, anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y como éstas hacéis muchas cosas".

LUCAS

4,17-21
Le entregaron el volumen del profeta Isaias y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buene Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Enrollando el volumen, lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. Comenzó pues a decirles: "Esta escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy".

5,10-11
Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: "No temas. Desde ahora serás pescador de hombres." Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, lo siguieron.

7,11-15
Y sucedió que a continuación se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella y le dijo: "No llores". Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon y él dijo: "Joven, a ti te digo: Levántate." El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo entregó a su madre.

7,22
Y les respondió: "Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Noticia.

7,36-48
Un fariseo le rogó que comiera con él y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza los secaba, besaba sus pies y los ungía con el perfume (...) y volviéndose a la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra. Y le dijo a ella: "Tus pecados quedan perdonados".

9,2-6
...y los envió a procamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: "No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedáos en ella hasta que os marchéis de allí. En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos". Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Noticia y curando por todas partes.

10,1
Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir.

JUAN

1,1-2.14
En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios.
Y la Palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros.

1,11
Vino a su casa y los suyos no la recibieron.

1,35s
Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus dicípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: "He ahí el Cordero de Dios". Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: "¿Qúé buscáis?". Ellos le respondieron: "Rabbí -que quiere decir 'Maestro'- ¿Dónde vives?" Les respondió: "Venid y lo veréis" Fueron, pues, vieron donde vivía y se quedaron con él...

6,26-27.34-35
Jesús les respondió: "En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre".

Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Les dijo Jesús: "Yo soy el pan de la vida. Y el que venga a mí no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed".

9,34-41
Ellos le respondieron: "Has nacido todo entero en pecado ¿y nos das lecciones a nosotros?" Y le echaron fuera. Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: "¿Tú crees en el Hijo del Hombre?" Él respondió"¿Y quién es, Señor, para que crea en él?" Jesús le dijo: "Le has visto; el que está hablando contigo, ése es". Él entonces dijo: "Creo, Señor." Y se postró ante él. Y dijo Jesús: "Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos. Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: "¿Es que también nosotros somos ciegos?" Jesús les respondió: "Si fuérais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís: 'Vemos', vuestro pecado permanece"

10,30
"Yo y el Padre somos uno"

14,26
"Pero el Paráclito,el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará lo que yo os he dicho"


16,13-15
"Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío.

17,6-8.17-18.20-21
"He manifestado tu nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.

Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo.

No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado".

19,15
Ellos gritaron: "¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!" Les dice Pilato: "¿A vuestro Rey voy a crucificar?" Replicaron los sumos sacerdotes: "No tenemos más rey que el César"

HECHOS

2,1-4.41-47
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repàrtieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.

Los que acogieron su Palabra fueron bautizados. Aquel día se les unieron unas tres mil almas. Acudían asiduamente a la a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones. El temor se apoderaba de todos, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y señales. Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. Acudían al templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y gozaban de al simpatía de todo el pueblo: El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar.

3,1-8
Pedro y Juan subían al templo para la oración de la hora nona. Había un hombre, tullido desde su nacimiento, al que llevaban y ponían todos los días ante la puerta del Templo llamada Hermosa para que pidiera limosna a los que entraban en el Templo. Éste, al ver a Pedro y Juan que iban a entrar en el Templo, les pidió una limosna. Pedro fijó en él la mirada juntamente con Juan, y le dijo: "Míranos". Él les miraba con fijeza esperando recibir algo de ellos. Pedro le dijo: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo, el Nazoreo, ponte a andar". Y tomándole de la mano derecha lo levantó. Al instante cobraron fuerza sus pies y tobillos, y de un salto se puso en pie y andaba. Entró con ellos en el Templo andando, saltando y alabando a Dios.

4,34-35
No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas las vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad.

5,12.15-16
Por mano de los apóstoles se realizaban muchas señales y prodigios en el pueblo...
Los creyentes, cada vez en mayor número, se adherían al Señor, una multitud de hombres y mujeres... hasta tal punto que incluso sacaban a los enfermos a las plazas y les colocaban en lechos y camillas, para que, al pasar Pedro, siquiera su sombra cubriese a alguno se ellos.

ROMANOS

15,5
Y el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener los unos para con los otros los mismos sentimientos de Cristo Jesús.

1CORINTIOS

1,12-15
Me refiero a que cada uno de vosotros dice: "Yo soy de Pablo", "Yo de Apolo", "Yo de Cefas", "Yo de Cristo". ¿Está dividido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por vosotros? ¿O habéis sido bautizados en el nombre de Pablo? ¡Doy gracias a Dios por no haber bautizado a ninguno de vosotros fuera de Crispo y Gayo! Así nadie puede decir que habéis sido bautizados en mi nombre.

3,4-9
Cuando dice uno: "Yo soy de Pablo", y otro: "Yo soy de Apolo", ¿no procedéis al modo humano? ¿Qué es pues, Apolo? ¿Qué es Pablo?...¡Servidores, por medio de los cuales habéis creído!, y cada uno según lo que el Señor le dio. Yo planté, Apolo regó; mas fue Dios quien le dio el crecimiento. De modo que ni el que planta es algo ni el que riega, sino Dios que hace crecer. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada cual recibirá el salario según su propio trabajo.

2CORINTIOS

4,7
Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro para que parezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros..

5,14-15
Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron. Y murió por todos para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

SANTIAGO

4,4
¡Adúlteros!, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, pues, que desee ser amigo del mundo se convierte en enemigo de Dios.