La
gratuidad. Ese tema tan interesante. ¿Pobres de espíritu
o pobres de verdad, de los que no tienen qué comer? ¿Medios
para propagar el Reino o medios para aturdir y rellenar el tiempo que
transcurre entre la partida de nacimiento y la esquela? Siendo un tema
tan importante, me parece que no se le dan suficientes vueltas. Cuando
estás haciendo un trabajo, tienes derecho a que te paguen por
ello...
Pero, ¿ y si te están manteniendo por un trabajo que no
está teniendo los frutos que dice que tiene? ¿Porqué
se dice que no hay fe por la secularización de la sociedad y
no se esgrimen los mismos argumentos para no recibir paga, de esa misma
sociedad, por no hacer bien el trabajo? Porque, para una cosa somos
religiosos y para otros somos paganos, ¿no te parece?
Por eso una gratuidad verdadera es fundamental en la gente que trabaje
por el reino. Que lo que se reciba sea fruto del compartir en familia
y no para pagar por los servicios prestados: Quien paga se queda satisfecho
y ya ha cubierto su deuda. Pero, quien trabaja gratuitamente deja la
gratuidad como débito. Así crea un vacío entre
el dinero y el trabajo, poniendo a cada uno de ellos en su sitio y no
mezclándolos, que es una práctica muy habitual y comúnmente
aceptada.
Ocupémonos
de sus cosas que él se ocupará de las nuestras. Pongamos
el corazón en el reino y no la vista en la paga de fin de mes.
Que las facturas no entienden de Reino es evidente. Pero no podemos
pensar como una factura, porque ella no piensa. Hagamos gala de la fe
que pregonamos y seamos como niños que están en manos
de su padre.