desde la raíz
cargados de prejuicios

Emilio Galindo Aguilar
Arabista e lslamólogo.
Antiguo Misionero en África


Recuerdo una encuesta que hicimos hace 28 años entre universitarios sobre el Islam y los árabes, en la que se les daba una primera pregunta, con 24 adjetivos positivos y negativos mezclados, pidiéndoles que subrayaran los que según ellos correspondían más a la idea que tenían de los árabes. De los 10 más subrayados, 8 eran negativos. ¿Cómo tienen tanta certeza? La que más veces aparecía era "fanático", aplicado precisamente al Islam, la dulce realidad del Islam, la única religión que tiene la palabra "paz" en su propio nombre... Venimos cargados de prejuicios y así no es fácil conocer lo que es realmente.

Y esta cruda verdad pensamos que no necesita probarse; todos llevamos heridas y prejuicios en nuestra personalidad religiosa, pero hay que añadir que si esta actitud de rechazo y desprecio mutuo ha sido históricamente el pan de cada día de todas las religiones, lo ha sido mucho más respecto del Islam, del que casi podemos decir que sólo se puede hablar mal, porque si uno habla bien enseguida surge la pregunta de si te has convertido al Islam.

"Si al tratar de las demás religiones y de sus seguidores, tenemos que escoger entre el dictado de un corazón compasivo y las exigencias de una ideología, rechacemos la ideología sin dudarlo un instante. La compasión no tiene ideología y acierta siempre el instinto de su corazón en lugar de seguir la lógica de la religión, se nos habría ahorrado asistir a espectáculos como el de la quema de herejes o el de millones de personas inocentes asesinadas en guerras libradas en nombre de la religión, incluso de Dios mismo". Tony de Mello.

Lo importante en la vida, y lo digo como misionero, es que todos, musulmanes, budistas, judíos y cristianos nos convirtamos de verdad, de una vez por todas, a Dios, porque una cosa es "convertirnos a Dios" y otra "cambiar de religión". Los caminos importan menos, porque llevan todos al mismo sitio. El misionero que sólo se preocupa de convertir a la gente cambiándola de religión no es nada más que un funcionario de la religión, lo mismo que puedo serlo de un partido. Si estamos convertidos a Dios ya no nos entretendremos en hacernos guerras, en maldecirnos, en ir buscando lo negativo del otro.
Termino con un texto de ese gran español, murciano, universal, lbn Arabi del siglo XIII (1165-1241), que también sufrió la persecución de los sabios. Lo que dice creo que vale como programa, como bandera de lo que tenemos que hacer todos, y yo lo pondría en todas las facultades y aulas de Teología, en el Santo Oficio...
"Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo si su religión no era como la mía. Ahora, mi corazón se ha convertido en el receptáculo de todas las formas religiosas, es pradera de las gacelas y claustro de monjes cristianos, templo de ídolos y Kaabah de peregrinos, tablas de la ley y pliegos del Corán, porque profeso la religión del amor y voy a donde quiera que vaya su cabalgadura, pues el amor es mi credo y mi fe ".

Son las dos etapas que creo que tenemos que recorrer todos. ¡Ojalá lo hagamos!